El Espejo | Ser o no ser de izquierda, ese es el dilema. Autor: Iván Uranga

“El poder, es como un violín. Se toma con la izquierda y se toca con la derecha.”
-Eduardo Galeano

Los documentos fundacionales de cualquier organización social, sea un partido político o una nación, son aspiracionales, es decir, no nos dicen qué tipo de organización son, sino qué tipo de organización quieren ser, por lo que el hecho de que el partido político en el poder cambie en sus principios, la frase: “Morena es una organización política amplia, plural, incluyente y de izquierda” por la de:  “Morena es un partido-movimiento político de mujeres y hombres libres que impulsa la cuarta transformación de México y que busca dar continuidad a las luchas históricas del pueblo mexicano en favor de la independencia y la soberanía, la democracia y la justicia, las libertades y los derechos individuales y sociales” a sólo 10 años de su fundación nos dice en qué tipo de partido político se ha convertido y qué tipo de partido aspiran a ser.

Por qué izquierda y derecha

Fue en Francia en la sesión del 28 de agosto de 1789, cuando los partidarios de que el rey tuviera derecho de veto se sentaron a la derecha del presidente de la asamblea, es decir, ya constituido el tercer estado como Asamblea Nacional cuando, (acaso por analogía con la Cámara de los Comunes, en la que el partido en el poder se sienta siempre a la derecha, dejando la izquierda para la oposición) los partidarios del veto real absoluto se pusieron a la derecha y los que se atenían a un veto suavizado, o nulo, a la izquierda.

Al parecer sucedió en Versalles. Los políticos estaban debatiendo sobre el derecho a veto del rey en las decisiones que tomase la Asamblea y surgieron tres grupos. Uno que estaba a favor de que el monarca pudiera tumbar las decisiones de la Asamblea. Otro que estaba en contra y que contemplaba la opción del veto suspendido, que impedía al rey derogar las decisiones de la Asamblea durante una o más legislaturas. Y, por último, un grupo de indecisos.

En vez de llamarlos izquierda, derecha y centro, los bautizaron como «montaña», «llanura» y «marisma»

Cuentan que para facilitar el recuento (pues votaban a mano alzada) las distintas tendencias se repartieron el espacio de la Asamblea. Hay quien dice que fue para facilitar el diálogo entre los partidarios de una y otra opción. El caso es que a la derecha del presidente se colocaron los que estaban a favor del veto real, a la izquierda los que estaban en contra y en el centro los indecisos.

¿Qué defendía cada ideología?

– A la izquierda del presidente se sentaron los partidarios de una nueva constitución. Entre ellos estaba, desde el primer día, el incorruptible Robespierre. Estos eran partidarios del veto nulo o suspendido, es decir, de impedir que el rey pudiera tumbar las decisiones de la Asamblea.

– En el centro de la Asamblea se situaron los indecisos (o moderados, según otras publicaciones). Estos no tenían una postura definida en torno al papel del rey.

– A la derecha del presidente se situaron los defensores del poder real. Estaban a favor de que el monarca pudiera vetar las decisiones de la Asamblea Nacional. Este grupo lo formaron absolutistas convencidos, gente de la nobleza y el clero, principalmente.

Aunque en el argot político y popular a la izquierda se le llamaba “Le Montagne” (La Montaña) el nombre proviene del hecho de que los diputados miembros de este grupo se sentaban en los bancos más altos de la Asamblea, mientras que los grupos que se sentaban en la parte baja fueron conocidos como “la Llanura” (la Plaine) o “el Pantano” (le Marais). Se conocían como montagnards (en español: montañeros o montañeses) a los parlamentarios y partidarios de la Montaña, cada vez que se les asignaba la palabra para intervenir en la asamblea o para llamarles la atención se dirigían a los asambleístas como los de la izquierda o los de derecha, así que poco a poco por uso parlamentario se fue quedando la definición entre los de la izquierda (antiimperialistas, demócratas y liberales) contra los de la derecha (imperialistas, fundamentalistas y conservadores).

En la actualidad podríamos definir a la derecha en tres grandes grupos:

  1. La derecha católica conservadora, interesada en la preservación de ciertos valores morales de la tradición católica, que suelen ser reivindicados por los partidos demócratas-cristianos;
  2. La derecha liberal, defensora del liberalismo económico, y generalmente opuesta a la acción del Estado como regulador de la actividad de los particulares.
  3. La derecha nacionalista, que utilizando los recursos del Estado fortalece a los grandes grupos de poder económico y militar de su país.

En México podríamos reducir históricamente hasta antes de la Reforma entre los que apoyaban al imperio, los conservadores de la era poscolonial tenían como lema: “religión y fueros” y ello significaba la protección a los tribunales especiales, eclesiásticos y militares y la imposición de la religión católica como única en el territorio. Hoy, algunos consideran que la llamada izquierda busca también proteger fueros burocráticos y sindicales. De igual modo, los conservadores del siglo XIX buscaban la imposición de un príncipe en la medida en que desconfiaban de la democracia. Los críticos de la izquierda contemporánea suelen subrayar las tendencias conservadoras de muchos de sus pocos intelectuales.

La derecha en el siglo XXI

Aunque muchos autores ubican el antecedente de derecha contemporánea mexicana en el sinarquismo que en los años veinte y treinta del siglo XX, tuvo un auge por el movimiento cristero que fue apoyado por la Asociación Nacional Católica de Padres de Familia (ANCPF). Realmente se trata de ultraderecha por el carácter militar de su doctrina, en particular, su apoyo a la revuelta armada cristera y el hecho de proponer para México el modelo franquista de dictadura católica. Se suele llamar también de ultraderecha a los grupos que cuentan con células paramilitares o que defienden posiciones doctrinales extremistas en materia religiosa. Aunque no se debe confundir el hecho, se les llama de ultraderecha a los extremistas religiosos solo si su versión de religiosidad está ya establecida, de tal manera que se incurra en actitudes reaccionarias (entiéndase reaccionario como antónimo de revolucionario) para fomentar o asegurar la perpetuidad y/o continuidad de esta como sistema establecido y/o dominante.

La Unión Nacional Sinarquista en México, el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Demócrata Mexicano (PDM) y ahora el Partido Encuentro Social (PES) son los partidos políticos que visiblemente han sido de derecha en México, pero en la práctica el Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde su origen ha sido un partido de derecha moderada, sólo basta ver las prácticas políticas de su fundador Plutarco Elías Calles y de cada uno de sus dirigentes y presidentes, no es casual que el primer año de gobierno de Manuel Ávila Camacho se promoviera como el año de la Virgen de Guadalupe. Cuando se dio la simulación de alternancia del gobierno con los 12 años de presidencia panista a cargo de Vicente Fox y Felipe Calderón, sólo se volvieron explícitos los proyectos de la derecha en los estados y municipios como Guanajuato, Aguascalientes, Veracruz y Baja California, donde se intensificó la discriminación sexual y políticas prosida, sumado a la canonización por conducto del papa Juan Pablo II de una serie de mártires mexicanos durante la guerra cristera, hecho que renovó también el fervor en México. Han sido acusados de usar fondos del erario para elevar un monumento a los mártires cristeros en Jalisco, pero la política social, cultural, ecológica y económica siguió su rumbo depredador y colonizador. El paso por la presidencia de Enrique Peña Nieto confirma nuevamente la vocación de derecha del PRI.

Todas las organizaciones empresariales surgen de la derecha; la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) y la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) se dice que se relacionan con organizaciones político-religiosas tales como los Caballeros de Colón y los Legionarios de Cristo. Empresarios como Lorenzo Servitje, director de la industria panificadora Bimbo, y José Barroso Chávez, ex director de la Cruz Roja Mexicana, han sido señalados como miembros del Yunque. En contraste, la concepción de la izquierda es que el Estado es responsable del bienestar social, como son la salud y educación gratuitas, seguridad pública y otros servicios públicos, de tal manera que el Estado cumpla cabalmente con sus obligaciones constitucionales. El abandono de esta política ha hecho aparecer Instituciones de Asistencia Privada (IAP) que han terminado siendo juzgadas por delitos contra los niños que tienen en custodia (abuso sexual, trata, etc.), por lo que la polémica regresa a si es bueno relevar al Estado de sus obligaciones sociales. Hugo Salinas Price, fundador del grupo Elektra, padre de Ricardo Salinas Pliego, actual propietario de TV Azteca, se dice que fue promotor del MURO, una de las organizaciones pantalla del Yunque y que apoyó el llamado Partido Nacionalista Mexicano en los años cincuenta y de los fundadores de VOX.

Ahora Andrés Manuel López Obrador regresa el poder a la oligarquía militar posrevolucionaria entregándoles no sólo la seguridad pública, sino todas las ganancias económicas que generan los proyectos del Tren Maya, el Corredor Interoceánico, puertos, aduanas y aeropuertos, (recién me enteré de que los pedimentos de importación ya no los controla el SAT, ahora se hacen ante este nuevo organismo aduanal controlado por los militares), que empoderados como nunca, podemos escuchar al titular de Secretaría de la Defensa Nacional hacer “política” amenazando a quienes “con comentarios tendenciosos” pretenden separar al Ejército del pueblo.

Si sumamos esto a las políticas entreguistas migratorias al gobierno de Estados Unidos y con empresas como Nestlé, la impunidad otorgada a los ex mandatarios y sus colaboradores, el solapar más de 500 megaproyectos extractivistas neoliberales de derecha dentro del territorio nacional y sus principales proyectos como el Tren Maya y el Corredor Interoceánico de corte colonialista neoliberal, podemos afirmar que la derecha sigue gobernando en México.

La izquierda política siempre se ha significado por las múltiples divisiones de ramas ideológicas en donde su único punto de acuerdo es la justicia social y la podríamos dividir en dos grandes grupos; la izquierda democrática que busca los cambios sociales a través de las elecciones y la izquierda revolucionaria que durante mucho tiempo buscó el derrocamiento del Estado a través de una revolución social y que en la actualidad se reduce a pequeños núcleos autónomos de autogestión.

Hoy el presidente de México efectivamente es atacado por la ultraderecha coordinada desde la sede del imperialismo, esa ultraderecha que asesinó a Allende, que impuso a Pinochet por la fuerza militar y a Piñero por la fuerza económica en Chile, a Ríos Mont en Guatemala, a Somoza en Nicaragua, a Stroessner en Paraguay, a Banzer y a Áñez en Bolivia, que son los mismos que financian a los Lozano, los Belaunzarán, los Alemán, los X González y tantas otras basuras humanas, que por ningún motivo podemos permitir que accedan al gobierno por lo peligrosos que son para la vida. Es esa derecha contra la que tenemos el deber de luchar en donde quiera que se encuentre, por eso parece a veces que defendemos a López Obrador, pero nunca es así, lo que defendemos es evitar a toda costa que la ultraderecha regrese al poder político.

En México la disputa político electoral actualmente ya no es entre la derecha y la izquierda, sino entre la derecha moderada y la ultraderecha, por lo que el hecho de que el partido Morena elimine de sus estatutos que es un partido de izquierda es un acto de congruencia, porque al afirmar que lo que buscan es “impulsar la cuarta transformación de México y que busca dar continuidad a las luchas históricas del pueblo mexicano en favor de la independencia” lo ubica en su justo contexto histórico, porque no hay tal “cuarta transformación”.

A lo que ellos llaman transformaciones (la Independencia, la Reforma y la Revolución) sólo han sido movimientos inconclusos que beneficiaron a las elites políticas; en la Independencia se logró que en lugar de que te impusiera un gobernante la monarquía te lo impusiera la oligarquía y fue recibido con beneplácito porque se bajaron los impuestos; en la Reforma se logró quitar el poder a la oligarquía extranjera para pasarlo a manos de la oligarquía mexicana y fue bien recibido porque se eliminaron los diezmos obligatorios a la iglesia; en la Revolución se le quita el poder y las tierras a los grandes caciques y a los militares oligarcas, y fue bien recibida porque los más pobres dejaron de pagar las interminables deudas en las tiendas de raya y podían cultivar su comida. Hoy con López Obrador se le quitó el poder a un pequeño grupo de parásitos que vivían del presupuesto público como intermediarios entre las grandes corporaciones económicas y el gobierno, y también quitó a un pequeño grupo de zánganos que vivían de intermediarios entre el gobierno y el pueblo, con lo que estableció él y sólo él la relación directa con los grupos de poder económico y con el pueblo, acto que fue bien recibido, porque todo el dinero que se quedaban los intermediarios, ahora lo reparte en becas y pensiones, consiguiendo la inmovilidad social. 

Pero esta actitud egocentrista está muy lejana a un político de izquierda y mucho más cercana a un “padrino” benevolente que logra la admiración dando dinero a sus ahijados, aquí el detalle es que el sombrero de López Obrador es ajeno.

Bien harían en quitar el ala izquierda del Congreso, por innecesaria, hoy todos los partidos políticos son un degradado que va de la derecha moderada a la ultraderecha. Porque Morena está sentada a la diestra el señor, esperando como dicen ahora sus principios “impulsar la cuarta transformación” que no es otra cosa que lo que diga el “dedito” de AMLO, por eso es que es tan natural que el PRI coincida en el congreso con los planteamientos del presidente.

La izquierda democrática es sólo una pequeña resistencia dentro del partido en el poder y la izquierda antiimperialista, antiesclavista, anticapitalista, anticolonialista, antineoliberal, la que antepone al pueblo a la ganancia, la que lucha por justicia y libertad con dignidad, la que liberaría al pueblo, la de “patria o muerte”, la de los de abajo, se quedó agazapada en la montaña hasta que una siguiente generación de seres inteligentes después de nuestra extinción venga a reivindicar la libertad, la igualdad y la fraternidad entre todos los seres vivos como única forma de coexistencia.

Hace muchos años escuché a Carlos Salinas de Gortari decir que ellos no tenían la necesidad de formar cuadros políticos, porque era muy fácil cooptar a los cuadros ya formados por la izquierda. Y así ha sido.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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