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El Espejo | #MilitarizaciónDeTerciopelo/López Obrador quiere rendir homenaje a torturadores y lavar la negra historia de los militares en México. Autor: Iván Uranga

¿Con que jabón le va lavar AMLO el 2 de Octubre, el Halconazo, Aguas Blancas, Acteal, San Fernando, Tlatlaya y Ayotzinapa a los militares de México?
Iván Uranga

Está semana López Obrador encabezó un acto oficial en el Campo Militar Número Uno de la Secretaría de la Defensa Nacional, ceremonia que parecía un acto protocolario para dar por iniciados los trabajos de la recién formada “Comisión de la Verdad”, que investigaría los crímenes cometidos por el gobierno durante la llamada Guerra Sucia en México entre los años 1965 a 1990; y digo parecía, porque sin previo aviso, el anfitrión del evento en ese Campo de la Muerte y secretario de la Defensa Nacional Luis Cresencio Sandoval declaro: “Se encuentran presentes militares y familiares que fueron afectados por los hechos ocurridos en aquel entonces”; y rematando en su cínica exposición: “Con orgullo les expreso que López Obrador autorizó a inscribir los nombres de militares fallecidos con motivos de los hechos del pasado en el monumento a los caídos de las Fuerzas Armadas, como un tributo y un sentido homenaje a los soldados que cumplieron con su deber aun a costa de su vida”, lo que de inmediato convirtió a ese acto presidido por el Presidente de la Republica, en un acto oficial de reivindicación de los victimarios.

Desde ese momento hasta hoy, me he preguntado ¿qué sentido tendría escribir sobre el tema? Mi experiencia personal la tengo escrita en un libro que algún día publicaré, pero decidí redactar este artículo que no quería escribir, porque conservo mi esperanza intacta y una parte de mi cree, que tal vez si miles conocen la verdad podríamos parar esta nueva ignominia que comenzó hace mucho y que para mí, ahora a 50 años de distancia duele… duele recordar cómo en el Campo Militar Número Uno los militares de la Secretaría de la Defensa Nacional y los agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) torturaron de todas las formas posibles a mis padres por meses, y me duele recordar cómo a mis 7 años de edad me llevaron a ese campo de tortura y muerte para obligar a que mis padres dieran los nombres de los guerrilleros que luchaban justamente contra ese criminal gobierno; ahí el mismo Miguel Nazar Haro me torturó y los soldados “cumpliendo con su deber” me violaron, también me hicieron ver cómo torturaban a mis padres colgados de ganchos en el techo, con sus cuerpos desnudos y sangrantes. Esa fue la primera de las tres veces que me torturó el gobierno durante la Guerra Sucia. Durante años como niño, fui buscado y perseguido por agentes de DFS en mi barrio y escuela, nos robaban siempre lo poco que teníamos, y en cada visita semanal a mis padres en la prisión de Santa Marta Acatitla o en Lecumberri, debía de aguantar las transgresiones de las y los agentes de seguridad, que me violaban bajo el pretexto de revisar mis cavidades, ya que esa era la única forma que tenía para poder abrazar a mis padres por unos momentos.

Me formé solo… hacía pasteles, pegaba carteles, fui carpintero, tapicero, electricista, plomero, supervisor de obras, hasta que a los 15 años entré a la UNAM a limpiar baños; desde entonces le he invertido mucho tiempo al estudio, pasando por muchas escuelas y universidades en diversos países hasta el día de hoy. Sigo vivo y con la ternura bien puesta, y aún a mi edad, con la salud destruida a causa del gobierno de México sigo luchando cada día de mi vida contra las injusticias, a pesar de que hace muchos años decidí vivir en autonomía y producir lo que consumo; desde mi comida, hasta cosechar mi agua y generar mi electricidad.

No sé cuántas niñas y niños más habrán pasado por toda esta violencia estructural de las fuerzas armadas, pero les puedo asegurar que no fuimos pocos, muchos no pudieron cargar con tanto, muchos otros lo siguen cargando y yo lo solté; pero duele… nunca he aceptado ser una víctima de nada, no quiero ningún tipo de compensación, porque hace mucho que aprendí a darme todas las compensaciones y entendimientos que necesito.

Nazar Haro sigue apareciendo en Wikipedia como “político”, no como torturador o asesino y murió en su casa rodeado de su hijos y nietos hace 10 años. Y ahora Andrés Manuel López Obrador pasará a la historia (no a la historia oficial que está llena de mentiras ignominiosas), como el presidente de México que le lavó la cara, las manos y alma a los sádicos torturadores… a los asesinos, a los que después de: violar, torturar, desparecer y asesinar a amas de casas, niñas estudiantes y obreros campesinos, regresaban “honorablemente” a su casa para cenar con sus seres queridos. Como AMLO cuando regresaba y regresa con: Jesús Ernesto, José Ramón, Gonzalo Alfonso y Andrés Manuel, después de sus jornadas de trabajo; trabajo que al igual que el de Miguel Nazar Haro según la historia oficial son “políticos”, aunque sabemos que Nazar, Sedena y sus secuaces, son realmente torturadores y asesinos, y López Obrador es sólo su encubridor.

López Obrador ya se va, pero con el pretexto de una seguridad que nunca llegó, nos está dejando de herencia a la mayor cantidad de militares que ha tenido México en toda su historia y quienes “legalmente” están metidos en todos y cada uno de los espacios de la sociedad con cuarteles en cada pueblo, con poder y dinero a su disposición como nunca antes lo habían tenido; y ahora, en el colmo de la militarización de terciopelo de AMLO, cuyo presupuesto militar pasó de 75 mil millones durante el peñato a 150 mil millones de pesos anuales y con asignaciones a 250 tareas civiles para los militares, que son los mismos a quienes actualmente el presidente les quiere lavar su historia sangrienta usando la cristiana reconciliación como camino de purificación.

El principal problema que enfrenta el perverso plan de López Obrador es que, a pesar de todos los esfuerzos del gobierno, aún seguimos vivos y no olvidamos; sus militares no pueden dejar de matar, violar, torturar y desparecer a las personas, ellos lo siguen haciendo porque está en su naturaleza, porque por más humanos que los quieran hacer parecer, ya fueron convertidos en bestias fanáticas entrenadas para el uso de la fuerza bruta. La única misión de todo ejército militar en el mundo es doblegar, aplastar y matar al enemigo; en el momento que AMLO soltó a cientos de miles de militares a las calles, pueblos, barrios y comunidades de México, entendimos que el enemigo somos nosotros. Imaginen por un momento que un Calderón, o un Peña regresaran a la presidencia de México con tanto poder militar, o si por alguna desventura, quedase un personaje siniestro como Monreal en la presidencia… por lo menos para este tecleador, no habría autonomía que me salve y tendría que regresar a escribir en la clandestinidad como cuando lo hice por más de 30 años.

Aunque en un comunicado, el Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento Histórico de las violaciones a los Derechos Humanos en México entre 1965 y 1990, llamado (con un toque orwelliano) “Comisión de la Verdad”, precisó que la colaboración entre la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la “Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia” de los hechos, se limita al plan de trabajo que consiste en acciones de reconocimiento, búsqueda en instalaciones militares, archivos, entrevistas y consulta de información sobre las violaciones a derechos humanos… y aunque advirtió que:

“El plan delineado de trabajo entre la Comisión de la Verdad y Sedena no incluye ninguna reivindicación a militares caídos durante el periodo ni, por supuesto, ni homenajes a éstos”

Sabemos que ni López  Obrador ni los militares necesitan de la autorización de esa obsoleta comisión, porque como mencionó el general Cresencio Sandoval, López Obrador ya le autorizó el homenaje a los victimarios; lo que marca la pauta de la nueva verdad histórica sobre una guerra en la que oficialmente se reconoce la actuación del ejército nacional y en donde se reivindica a sus “soldados caídos en el cumplimiento de su deber”, por lo que no se le podrá seguir nombrando “Guerra Sucia” y pasará a la nueva historia oficial ya bien lavada con le lejía y ácidos obradoristas como una guerra de contrainsurgencia en contra de los enemigos del gobierno. Y digo obsoleta, porque no tiene ninguna facultad jurídica y porque se enfrenta desde ya, con la versión militar de la historia; así que, en el mejor de los casos, sus resultados servirán para publicar un nuevo libro de “historia alternativa”, a la que se escribe desde siempre en el seno del poder del Estado Mexicano.

Andrés Manuel se llena la boca con la palabra reconciliación, pero ¿cómo reconciliar la muerte de doña Rosario Ibarra de Piedra y de María del Pilar Francisco Luis? que murieron luchando para que los militares victimarios les confiesen el paradero de sus hijos; ¿cómo reconciliar a los niños de Víctor Yodo? que hace 44 años, miembros de la Sedena arrancaron a su padre de su lado sin que hasta la fecha sepan dónde está. Y cientos de personas más que sabemos a ciencia cierta fueron secuestradas y torturadas por el mismo Ejército Mexicano al que el presidente quiere honrar, aunque tal vez es lo “normal” para él, porque López Obrador decidió iniciar su militancia política en el seno del partido en el poder, justo en medio de las torturas y las desapariciones de la Guerra Sucia.

Sólo le pedimos AMLO que recuerde las palabras de doña Rosario Ibarra de Piedra, cuando se negó a recibir la “Medalla Belisario Domínguez” y se la regreso diciéndole “No quiero que mi lucha quede inconclusa, es por eso que dejo en tus manos la custodia de tan preciado reconocimiento y te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos y añorados hijos y familiares, y con la certeza de que la justicia anhelada por fin los ha cubierto con su velo protector”. Por lo que le exigimos que funda la medalla de doña Rosario, en tanto que no fue capaz de dar justicia y paz, ni a Ibarra de Piedra ni a ninguna madre o hijos de las víctimas de la Guerra Sucia; igual y con eso de la “austeridad”… con la venta del oro de la medalla de aquella fallida promesa, les alcance para un bonito monumento a sus soldados victimarios y torturadores.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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