El Espejo | ¡Brujas de toda la Madre Tierra, uníos! Autor: Iván Uranga

Luchemos para que comience el gobierno de las brujas,
necesitamos que sus hechizos protejan a la Tierra.
I.Uranga

Al mismo tiempo que en el Congreso de México la ultraderecha del PAN llamaba “putas, brujas, aborteras” a las diputadas de la 4T, en el Congreso de España la ultraderecha de VOX llamaba “gilipollas, brujas, aborteras” a las diputadas de izquierda.

No es extraña la coincidencia en foro, tiempo y forma, si consideramos que la organización de la ultraderecha, durante los últimos años se ha internacionalizado; el financiamiento desde México en el periodo de Vicente Fox a la secta internacional El Yunque, les permitió fortalecerse, a tal grado que ya cuenta con una “escuela de cuadros” en España financiada hasta por lo árabes, y a la que mexicanos y mexicanas de ultraderecha han asistido a formarse.

Este ataque con calificativos medievales es coordinado por la ultraderecha contra las mujeres legisladoras que defienden el derecho a decidir sobre su cuerpo, la equidad de género y el derecho a autodefinirse de las mujeres es parte de una clara línea política que pretende difamar la defensa de los derechos de las mujeres, basta ver un poco lo que sucede en toda América, para constatar que todas y cada una de las mujeres que lucha por sus derechos está siendo atacada por la ultraderecha de la misma forma, y con exactamente los mismo calificativos.

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Lo primero que me llama la atención es la absoluta falta de sororidad, porque las mujeres de ultraderecha que pretenden ofender con esos calificativos a las mujeres que luchan por sus derechos, no observan que esos calificativos a las únicas que definen son a ellas; Sigmund Freud le llamaba proyección. Ese rencor irracional contra las mujeres que se liberan, sólo puede emanar de una profunda frustración, soledad y vacío, como producto de una vida dictada por el patriarcado, porque solo son vociferadoras de sus amos, que ahora tienen voz, voto y curul gracias a las putas, brujas, aborteras que arrancaron con su vida estos derechos al patriarcado que ahora incongruentemente defienden.

Dentro de la lógica extractivista, blanca y patriarcal llamada neoliberalismo, a lo que ellos llaman “la ideología supremacista de género” es al feminismo y lo consideran un peligro para la vida, cuando en realidad el feminismo es el que le hace frente a la verdadera ideología supremacista de género que es el sistema patriarcal, que sin duda, es el que domina al mundo hasta el momento y es el responsable de llevar a nuestra especie a su inminente extinción. Los derechos ganados por las mujeres en los últimos 100 años, están sacudiendo la miseria antropológica de nuestra especie que por más de 10 mil años, ha sometido a las mujeres a la obediencia de los hombres por la fuerza de la brutalidad, estos pocos derechos no son poca cosa, porque están enfrentando a una estructura de dominación incrustada en cada una de nuestras células.

Una de las razones por las cuales la ultraderecha se fortalece, es por esa resistencia antropocéntrica masculina codificada en cada una de nuestras partículas humanas, situación que genera que los hombres y las mujeres con menos consciencia, sienten que el feminismo atenta contra lo establecido por miles de generaciones y que de todas las tendencias políticas, es la ultraderecha, la única que confronta abiertamente al feminismo, por lo que las mentes pequeñas involucionadas ven en la ultraderecha la opción que representa su resistencia al cambio.  

La época dorada de la ultraderecha en el mundo fue la Edad Media, porque fue la época en la que pudieron contener por la fuerza el avance del pensamiento femenino; difundieron la creencia de que la mujer por ser más “débil” se convertía en “servidora natural del demonio”; que las que salían por las noches era para ir a reunirse con el diablo, se transformaban en animales, practicaban el vampirismo, causaban mal de ojo sobre personas, cosechas y ganados, atraían el rayo sobre las casas de sus vecinos. En muchos casos se les atribuía la muerte de niños y adultos varones. Por cierto, la palabra “varón” etimológicamente viene de virtud, mientras la palabra “mujer” viene del latín mulier que significa blandengue, de ahí también se originan palabras como molusco, mullir o mojar.

Durante la Edad Media la Santa Inquisición no sólo asesinó a decenas de miles de mujeres con alzhéimer, demencia senil, por tener la piel más oscura o por estar deprimidas por la soledad. La Santa Inquisición, totalmente integrada por hombres, tomó la “justiciera labor de limpiar la tierra de la inmundicia infernal”. La mujer “entra” al Derecho a través del 1er complejo jurídico de la Edad Media, el “Maleus Maleficarum” (El martillo de las Brujas). Y entra como bruja, infiel, prostituta y abortista. Principios de este martillo de las brujas siguen vigentes en muchas legislaciones de México y el mundo.  Fue así que toda mujer que había decidido comenzar a liberarse del estigma femenino, producto del yugo machista, era el principal objetivo “legal” de la “caza de brujas” y entre las acusaciones más comunes era la de ser brujas, abortar o ayudar a abortar o ser prostitutas. Y sentenciaron a las muertes más terribles a tantas mujeres, que esta masacre, sólo podría ser comparada con la del Holocausto nazi.

Hoy a estos descendientes directos de esta Santa Inquisición se les dice ultraderecha, y están diseminados por todo el mundo buscando adeptos para dogmatizarlos, basado en preceptos religiosos y capitalistas, en donde el individualismo radical se ve acompañado por millones, que no pueden ver que esa lógica es totalmente autodestructiva, porque el único límite posible de quien fundamenta su vida en tener, es tenerlo todo, y ahí sólo cabe un solo ser humano. Así que si esta “ideología” consiguiera su objetivo de ser hegemónica, pasarían de odiar a negros, mujeres, migrantes, no heterosexual, y todo lo que para ellos está fuera de su heteronomía, a odiar a los que dentro de su heteronormatividad fueran diferentes a ellos. Me tocó ver vecinos que se odian, por la forma en la que tiran la basura, la forma de cocinar o el tamaño de su barda. La estupidez no tiene límites. Por eso no es casual que rescaten estos calificativos medievales para injuriar a aquellas mujeres que luchan para tener la capacidad de decidir y autodefinirse. Tanto han insistido en llamar brujas a las compañeras, que ahora el ser bruja es un sinónimo de feminista revolucionaria.   

Si los y las fascistas del mundo se están organizando y se están uniendo, es necesario que la lucha por los derechos de las mujeres no sólo sea global, sino organizada en una enorme estructura horizontal, fundamentada principalmente en acciones y la unificación del discurso, que en la práctica lo han logrado como sucedió en 2014 con la denuncia mundial del movimiento Me Too”, que logró tener un impacto positivo que empoderó a miles de mujeres que se sintieron apoyadas para hacer sus denuncias individuales, y contuvo el acoso sexual entre la población de más recursos, principalmente por el terror masculino a ser exhibidos. Posteriormente vino la propuesta de Lastesis en Chile con “Un violador en tu camino que le dio una fuerza mundial organizada e inusitada a la Marea Verde que venía creciendo incontrolable, hasta que la muralla de la pandemia del Covid-19 la contuvo. Ahora se hace necesaria una enorme ola de Hermenegildas, Morganas y Apolonias, o como ahora se llamen estas brujas feministas revolucionarias.

Cada vez que escribo sobre feminismo, desafortunadamente debo explicar por qué siendo hombre abordo estos temas; primero es porque soy feminista a pesar de que muchas compañeras afirman que no se puede ser feminista siendo hombre. El feminismo no tiene vagina. El feminismo es un movimiento político y social, una teoría política y una perspectiva filosófica que postula el «principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre». El feminismo lucha por el reconocimiento de las mujeres como sujetos humanos y de derecho y sostiene que ningún ser humano debe ser privado de ningún bien o derecho a causa de su sexo y eso implica equidad dentro de la diversidad y yo soy parte de esa diversidad y es mi derecho y mi deber luchar por la libertad y la justicia en cualquier frente, y como parte de las especies vivas en este planeta, tengo el interés primario de que se feminice toda la vida pública, social, política y ecológica, porque mi análisis me lleva a la conclusión de que es la única esperanza que tiene la vida sobre el planeta para evitar su extinción. Y para eso no basta que las mujeres gobiernen, porque la estructura del gobierno y de todo el sistema es patriarcal extractivista, y cuando llega a gobernar una mujer, gobierna dentro de un patriarcado, así que lo que necesitamos es que nos gobierne un matriarcado, porque por su naturaleza que explico en mi artículo “¡Cuánto vale un óvulo!” podrían garantizar el cuidado del planeta dando prioridad a la vida antes que a la economía. Y no se trata de que nos gobierne para siempre, sólo mientras adquirimos la consciencia necesaria para no necesitar gobierno.

Para lograr la libertad, la justicia y la equidad en todas las relaciones humanas y de los humanos con todas las demás especies, hace falta mucho más que llevar al poder político a las mujeres, debemos feminizar cada uno de los aspectos de la sociedad, por ejemplo; como pudimos ver en el origen etimológico de la palabra mujer (blandengue). Para construir un lenguaje inclusivo, no basta con feminizar las palabras, es necesario construir conceptos nuevos y reformar los existentes, porque aunque la misma palabra “Feminismo” pudiera parecer una obviedad, la realidad es todo lo contrario; la palabra feminismo viene del francés féminisme que es el nombre que el estudiante de medicina Faneau de la Cour utiliza en 1871 para su tesis doctoral, y lo define como la feminización que sufren los hombres que padecen de tuberculosis, según su investigación, quienes a veces pierden sus caracteres sexuales secundarios y adquieren los que se consideran femeninos, como la falta de bello y el crecimiento de pequeños senos. 

Posteriormente el homónimo hijo de Alejandro Dumas, lo usaría de forma despectiva en su panfleto “L’Homme-femme” (el hombre-mujer) en 1872, para referirse a los hombres que apoyaban la lucha sufragista y por la igualdad de derechos de las mujeres francesas, así que según el hijo tarado de Dumas, los hombres tuberculosos se feminizan a tal grado que podrían apoyar el movimiento de las mujeres. Fue hasta 1880 que Hubertine Auclert, reivindica el término para nombrar a la totalidad de movimientos y personas que luchan por la justicia social y política para las mujeres; es ahí donde nace el concepto “feminismo” que conocemos actualmente. En la actualidad y por manifiesta ignorancia, a los hombres que como yo estamos comprometidos con la lucha y defensa de los derechos de las mujeres, en las redes sociodigitales nos ha etiquetado como “manginas” haciendo la unión de la palabra hombre en inglés con el término de la palabra vagina, en lo personal no son pocos los ignorantes que pretenden ofenderme llamándome “Compa Mangina” término que mucho más allá de ofenderme me reivindica como un ser humano consciente.

Si a quien defiende la dignidad, la vida, la diversidad, la libertad, la justicia, la biodiversidad y la equidad, le dicen bruja o mangina sea bienvenido, porque históricamente estos términos despectivos a las luchas justas terminan siendo conceptos dignos que nos significan, nos identifican y nos hacen superiores moralmente sobre la derecha, como pasó con el termino feminista que nace como una forma despectiva de referirse a los hombres clínicamente feminizados y termina siendo un concepto revolucionario, aunque hay mujeres y hombres que quieren entender la lucha feminista como una revancha contra el patriarcado, la realidad es que es un movimiento político-social, una teoría, una perspectiva filosófica y concepto que busca la equidad y no la superioridad de un género sobre el otro, pero también busca el reconocimiento total de la mujeres como sujetos políticos con todos los derechos, por lo que la lucha del feminismo también pasa la lucha del reconocimiento como sujetos de derecho de las comunidades originales y por la justicia social, y aunque las mujeres capitalistas, neoliberales y de derecha, también viven discriminación, no pueden ser feministas y seguir defendiendo las estructuras del poder patriarcal, porque como podemos ver en los hechos que dieron origen a este texto, mujeres legisladoras de derecha, que pudieron tener un coto de poder político, gracias a la luchas feministas, terminan defendiendo al criminal capitalismo.

El usar insultos del patriarcado machista, como puta, bruja o culera, denigra más a la mujer que los usa contra otra mujer, independientemente de su filiación política, y no por una falsa moral, la denigra porque al usarlos reafirma un sistema que la subyuga y muestra sus incapacidades intelectuales.    

La vida es una construcción consciente.

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Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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