El Espejo | Bioconstrucción/El arte de crecer la tierra. Autor: Iván Uranga

Nacimos con la capacidad de transformar nuestro medio en armonía con las demás especies, sólo con nuestras manos, pero la comodidad y el consumismo nos arrojaron al abismo.
Iván Uranga

La vida en el planeta muere a causa de la acción humana y una de sus actividades más contaminantes es la construcción, por lo que se ha convertido en una de las principales áreas de desarrollo de las alternativas humanas al capitalismo. Para lo que ha sido necesario establecer un constructo filosófico propio de diseño y construcción de viviendas que utiliza los saberes antiguos hermanados con alta tecnología y lo que se podría denominar alta naturaleza que se basa en el ahorro energético, el uso de materiales inocuos para el medio ambiente y la aplicación de los principios del diseño biofílico a fin de fomentar la salud, la eficiencia energética y la belleza que da origen a otra nueva disciplina: la bioarquitectura.

La bioconstrucción es un tema de “moda” en la actualidad, que como mencioné en mi artículo “Autonomía y permacultura” al igual que la permacultura, la bioconstrucción también tiene dos grandes corrientes: La elitista aplicada por grandes firmas para construir espacios estéticamente hermosos con materiales naturales, que en su mayoría son comprados en lugares lejanos y exóticos para construir casas y negocios para los dueños del capital responsables del calentamiento global; y la bioconstrucción como parte de un programa integral de autonomía autogestiva que puede ser familiar o comunitaria, que usa preferentemente los materiales que existen en su entorno a no más de mil metros de distancia del proyecto, con la finalidad de que cuando inevitablemente este pedazo de tierra se quede sin humanos los materiales regresen de forma natural a la misma tierra, evitando cambiar la energía y el ecosistema al máximo, sin dejar huella química que afecte a la tierra, todo esto sin perder la parte estética en el diseño. Esta forma de bioconstrucción es la que nos importa y la que abordaremos. 

La arquitectura es el cuerpo donde habita nuestro cuerpo. Cada una de las propiedades de todos los cuerpos biológicos en la Tierra ha tenido que ver con su evolución, con su capacidad de adaptación y con su entorno, la aplicación de la inteligencia humana ha transformado este entorno de forma desfavorable para todas las especies, incluso la especie humana, porque a pesar de que estas transformaciones han buscado la comodidad humana, al sustentarse en modelos de consumo, ubican a la gran mayoría de los humanos no dueños del capital ( más del 90%) como pseudo-esclavos al servicio de los dueños del capital y las grandes soluciones arquitectónicas, para el pueblo son viviendas multifamiliares cuyos diseños corresponden a la necesidad de incrementar las ganancias de quien diseña y construye, “optimizando” los espacios al máximo, encerrando a las familias en pequeñas jaulas cuadradas en donde comparten paredes y su intimidad con los vecinos, creando relaciones humanas enfermas, que cuando abres la puerta de tu hogar lo primero que encuentras es la cara del vecino con quien no elegiste vivir y ya conoce toda tu vida.

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Trabajé durante muchos años con Naciones Unidas proyectos alternativos en comunidades de todo el mundo y me tocó conocer un “programa de vivienda” que presumían, en donde metieron a 20 mil familias en “casas” de 11 metros cuadrados.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, los seres humanos nos hemos adaptado al medio, usando cuevas y materiales orgánicos para hacer nuestras viviendas, siempre en correspondencia con las características orgánicas y climáticas de nuestro alrededor, por eso es que las palapas son tan eficientes en las costas, porque su alta flexibilidad no compite con la fuerza de los vientos y sus techos tienen la forma ideal aerodinámica que permite el paso del aire sin presentarle resistencia, como las palmeras. A diferencia de las “nuevas” corrientes de diseño y formas constructivas, que pretenden competir con la naturaleza mostrándose desafiantes con sus formas cuadradas y rígidas que terminan cediendo ante un medio basado en la armonía y no en la competencia.

El uso de los materiales constructivos actuales no garantiza que siga en pie ninguna construcción, el concreto tiene un vida útil no mayor a los 50 años; en cambio, en la región de Palestina existen viviendas útiles construidas hace 5 mil años sólo con las manos; la tierra fue amasada y cada uno de los pequeños tabiques de barro tiene una forma cónica, porque usaron las dos manos juntas como molde, para levantar las paredes colocaron cuatros tabiques cónicos juntos y uno de cabeza en medio de ellos formando un cubo, así progresivamente juntando cubos unos a otros solo con tierra y agua, terminando en un techo semi esférico, con forma de iglú, casas que no presentan resistencia al aire, ni a los movimientos telúricos, por lo que se han mantenido tantos años.

La bioconstrucción se trata en esencia de hacer crecer la tierra, irla moldeando hasta construir tu hábitat en equilibrio con la naturaleza. Por lo que lo primero es hacer un pequeño estudio de campo, para determinar las características del medio, para lo cual necesitamos responder algunas preguntas básicas:

  1. ¿Superficie y forma del terreno?
  2. ¿Características del suelo?
  3. ¿Especies animales y vegetales que habitan el terreno?
  4. ¿Características de la colindancia?
  5. ¿Niveles de suelo?
  6. ¿Comportamiento del agua?
  7. ¿Qué tipo de piedras y de qué tamaño hay en el terreno?
  8. ¿Algún otro material preexistente en el terreno?
  9. ¿Características del clima?
  10. ¿Cuántas personas estarán involucradas en el proyecto?

Una vez resueltas estas dudas debemos comenzar a hacer el diseño permacultural y agroecológico, que fundamentalmente consiste en resolver de forma integral la vida humana basado en los patrones y las características de la naturaleza respetando su esencia, que incorpora técnicas de cultivo, de construcción, de percepción espiritual, de salud, de organización social y económica, que tiende a la construcción de la autonomía de los individuos y los colectivos, por lo que lo primero que debemos establecer, es en función de las personas, los animales y la siembra cuánta agua necesita el proyecto anualmente y dependiendo de las características climáticas se establece el volumen de captación en cada temporada de lluvias y se ubica el mejor lugar dentro del proyecto para la hoya de agua.

Resuelta la ubicación y el tamaño de la hoya de agua, lo inmediato es establecer las características del suelo, por lo que es necesario saber la composición de mi tierra y qué necesita para ser ideal para la bioconstrucción, por lo que es necesario entender el principio de la granulometría que en términos simples es saber el tamaño de las partículas que componen tu tierra y la proporción exacta de ellas ideales para la bioconstrucción, este principio sirve para la siembra y es fundamental para los filtros de agua, y para hacer pisos y caminos, por ejemplo utilizando una técnica a la que llamamos “piedras cuatas” se pueden hacer pisos y calles con las mismas piedras del lugar, es una técnica milenaria, que se ve en las calles de piedra, de México y el mundo. Por lo que recomendamos ampliamente estudiar la granulometría.

Para explicar la granulometría en la construcción con concreto, imaginen una cubeta de 20 litros, para lograr una construcción rígida esta cubeta debiera tener un cuarto de arena, un cuarto de grava, un cuarto de cemento y un cuarto de agua, si pensamos este ejemplo en función de la granulometría; la grava es la partícula más grande, después la arena ocupará el espacio que deja la grava y el cemento ocupará el espacio que deja la arena como elemento más fino, y al final el agua con partículas más finas que el cemento, el hidrógeno saturará la mezcla, casi al 100% dejando sólo pequeñas partículas de oxígeno para su movimiento, que durante el periodo de secado el hidrógeno y el oxígeno del agua, se dispersan dejando una estructura rígida que regularmente abraza un proporción de acero, para darle la compactación pero también la tensión necesaria que requiere toda estructura.

En la bioconstrucción con tierra, nuestro cemento es la arcilla, usamos también las pequeñas arenas y gravas del terreno así como el limo, en pequeñas cantidades, que complementamos con fibras naturales como la paja o estiércol de animales herbívoros que contiene un alto contenido de fibra fina que nos hace las función de la tensión en la bioconstrucción, por lo que es fundamental hacer una prueba de nuestra tierra, para conocer su composición. 

Prueba de tierra

Tomas una muestra de tierra y la pones en un frasco de vidrio con agua, mitad de tierra y mitad de agua, se agita y se deja en reposo un día. Al día siguiente podrás observar las capas que la componen; hasta arriba después del agua se verá la capa de arcilla, el limo en medio y al fondo la arena y gravas. La separación de los materiales te debe servir para usarlos de forma óptima. 

Cada terreno tiene diferentes cantidades y no existe una proporción que se pueda considerar ideal entre estos componentes pues la variedad de los tipos de arcillas hace que cada caso sea distinto. Por esta razón es más importante saber cómo se relacionan entre ellos para ver si se pueden usar en su estado natural para la bioconstrucción. Existe una forma muy sencilla de saber cómo usar tu tierra con una prueba que se hace en la mano, pero es algo que sólo viéndolo de forma presencial se puede explicar.

Por lo que recomendamos hacer la “Prueba de la barra”, es más precisa para saber las propiedades del suelo. Nos permite conocer qué tan arcilloso o arenoso es un suelo. Para ver si la tierra se compactará bien con la cal, para esto es necesario hacer una prueba muy sencilla.

Materiales

– Tierra del suelo hecha polvo y sin piedritas u otros restos.

– Una superficie plana con borde regular parejo, como una mesa.

– Una hoja de papel

– Una regla de 30 centímetros

Procedimiento:

– Se mezcla poco a poco la tierra con agua y se va amasando hasta que tenga una consistencia como de plastilina.

– Se coloca sobre una superficie lisa y se modela con las manos para darle la forma de una barra cilíndrica de 20 cm de largo y entre 1 y 2 cm de grueso.

– Se coloca la barra de tierra sobre la hoja de papel, perpendicularmente al borde de la mesa. La hoja de papel deberá sobresalir del borde de la mesa unos 5 cm.

– Se coloca la regla junto a la barra y paralela a ésta, con el inicio en el extremo lejano al borde, sobre el papel.

– Se jala despacio y poco a poco la hoja de papel (un centímetro a la vez) para dejar libre el extremo de la barra y se espera un poco (3 segundos) y con cuidado se continúa jalando hasta que se doble y/o se rompa.

Resultado de la prueba

• Se mide el pedazo roto de la barra.

• Si su tamaño es menor a los 7.5 centímetros quiere decir que la tierra es demasiado arenosa por lo que va a necesitar un poco más de cal que la recomendada.

Si el tamaño del pedazo roto está entre los 7.5 y los 15 cm la tierra es buena.

• Si el pedazo roto mide más de quince centímetros quiere decir que la tierra es demasiado arcillosa por lo que habrá que ponerle arena fina hasta que “pase la prueba”.

• Lo óptimo es que la barra se quiebre entre los 7.5 y los 15 cm.

Ante las múltiples solicitudes de apoyo de diversas comunidades y personas y mi poca salud, producto de muchos años de confrontar al capitalismo, intentaré poco apoco en este espacio compartirles algunas de las técnicas aprendidas o inventadas a lo largo de mi experiencia en las construcción de un Paradigma de Repuesto alternativo al capitalismo, para que formen su autonomía autogestiva.

Por ahora termino comentándoles que las grandes ventajas para la salud física, emocional y espiritual que tiene el poder habitar dentro de material orgánico son incomparables, si sumamos esto a una nutrición orgánica y una vida en comunión con el medio y con nuestro interior seguro podrán tener la paz y la felicidad necesaria para comenzar a trascender como ustedes quieran, porque no hay nada más dignificante que comer autonomía.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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