El enemigo común del presidente. Autor: Iñaki Fernández

Foto: Gobierno de México.

Atrás quedaron los días en los que, desde la tribuna de la mañanera, López Obrador disfrutaba provocar a la oposición. Un día si y otro también, encendía a sus contrincantes con sus dichos y palabras. Para el presidente, la mañanera no solo era un espacio para informar al pueblo acerca de los avances de su administración; la mañanera fungía como ese atril desde el cual manejaba a su antojo los temas que marcaban la agenda política nacional.

A las élites conservadoras y a sus esbirros les tomó poco más de tres años comprender que ni las campañas de desprestigio, ni las noticias falsas repletas de calumnias y difamaciones afectaban el estado de ánimo presidencial; al contrario, lo fortalecían. Como buen político, López Obrador comprende la necesidad de tener un enemigo común entorno al cual cohesionar a sus seguidores. Motes como los de la mafia del poder, fifís y los conservadores fungen el mismo objetivo, esto es, ser el enemigo frente al cual el presidente lucha constantemente.

Los persistentes embates de la oposición terminaron por endurecer la retórica presidencial. No existe ya en Palacio Nacional una distinción entre la crítica constructiva y los ataques enemigos. Por igual, todo aquello que vaya en contra del pensar del presidente es tomado como un ataque directo hacia su figura. Para muestra los recientes episodios del conflicto con Carmen Aristegui, los dimes y diretes con el gobierno de Panamá, así como la controvertida pausa referente a las relaciones entre México y España.

En el primer caso, Carmen Aristegui terminó siendo la depositaria del enojo presidencial ante el reportaje de Latinus que hace referencia a la casa de Houston e involucra a uno de sus hijos. La tribuna de la mañanera se utilizó para denostar en contra de Carlos Loret de Mola y de pasó criticar a la periodista y antigua aliada. Surgen un par de hipótesis, por un lado, López Obrador busca acelerar los tiempos de definiciones como el mismo antes lo había mencionado; o se está con él y su proyecto o se está en contra. Por otra parte, Obrador necesita subir al ring político a diversos personajes que representen a los conservadores para mantener una confrontación que desvíe la atención de problemas mayores.

El caso del intercambio de declaraciones entre el presidente de México y el gobierno de Panamá también resulta ilustrativo pues refleja la total cerrazón que priva por parte del presidente. Ante diversas voces de la sociedad que mostraron su inconformidad por la eventual designación de Pedro Salmerón como embajador en Panamá, en quien recaen acusación por acoso sexual, el presidente optó por enturbiar y tensar la relación diplomática con aquella nación en lugar de escuchar los argumentos de un sector de la sociedad. Acusar que dichos inconformes se oponen por el simple hecho de golpearlo políticamente, no abona al diálogo democrático ni al fortalecimiento de las instituciones de la nación.

Por último, los dichos recientes entorno a pausar las relaciones con la nación ibérica reflejan la urgente necesidad del presidente por distraer el tema de conversación pública ante el golpe político que representó la casa en Houston de su hijo José Ramón. Coincido en lo insultante que ha sido para el pueblo de México el contubernio entre una clase política corrupta de nuestro país y un grupo de empresarios voraces y abusivos que han saqueado a diestra y siniestra a nuestro país. Iberdrola, Repsol, OHL al igual que BBVA y Santander son solo un puñado de empresas que han hecho cuantiosos negocios a expensas del erario y de la ciudadanía. Sin embargo, enturbiar la relación entre estas dos naciones no es la ruta para subsanar estos abusos. Siempre existirá la vía judicial como lo mandatan nuestras leyes.

López Obrador debería tomar sus propios consejos y serenarse. La figura del presidente de la república está por encima de todo tipo de calumnias y de futuros ataques lesivos que promoverán sus detractores. Con la habilidad que le caracterizó para alcanzar el poder, bien hiciera en enfocar sus energías en materializar los logros de su administración y, en especial, avanzar en los grandes pendientes que arrastra su gobierno y que le exige la población.

Ante las próximas batallas de gran importancia para el acontecer nacional como son la reforma eléctrica, la correspondiente a la Guardia Nacional y la reforma electoral, cabría esperar que el presidente López Obrador buscara la cohesión entre sus partidarios y enfocara sus baterías en la defensa de nuestra soberanía. Al continuar enfrentando un enemigo común, cae en el juego de sus adversarios que buscan continuar con la polarización de nuestra sociedad.

Iñaki Fernández
Iñaki Fernández

Politólogo y consultor político especializado en análisis político, estrategia electoral y comunicación gubernamental. Es también impulsor del fortalecimiento de la sociedad civil. 

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