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El discurso de AMLO es invencible, la realidad también. ¿Quién ganara en 2024? Autor: José Reyes Doria

FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

José Reyes Doria

@jos_redo

A veces flaquea, como en la mañanera del 20 de octubre, y acepta que la corrupción sigue presente en su gobierno. Pero el presidente López Obrador no afloja en las líneas básicas de su discurso y reitera que no son iguales a los neoliberales del PRIAN. “Sí, hay corrupción en la Cuarta Transformación, pero no es igual”, dice el Presidente, convencido de que en amplias franjas de la sociedad le van a creer esa afirmación, que darán por bueno prácticamente todo lo que afirme, sea real o irreal, esté sustentado en hechos o no.

El discurso de AMLO se basa en un puñado de premisas fundamentales. El pueblo manda, el pueblo gobierno ahora, mientras que antes, en la terrible noche del neoliberalismo corrupto, el pueblo era burlado, despreciado y explotado. Esta es la idea más poderosa de su discurso. Es una idea básica, elemental, lejos de la complejidad y la profundidad teórico-discursiva. Más que una idea política, tiene el cariz de una máxima bíblica, revestida de épica redentora donde el pueblo derrota a sus explotadores y los lanza al basurero de la historia.

Esta idea central no requiere datos, información, testimonios ni análisis para adquirir validez. Basta con que la gente lo crea o, en todo caso, que el pueblo no la cuestione. Dada la popularidad de AMLO, es evidente que su mensaje de que el pueblo gobierna en México, a través de él, es mayoritariamente aceptado. Alrededor del 65% de la gente apoya incondicionalmente al Presidente, le otorgan su respaldo aunque al mismo tiempo, de acuerdo con las encuestas, esa misma gente acepta que los resultados de su gobierno son malos en economía, educación, salud, seguridad o corrupción.

De la idea fundacional de que ahora el pueblo está en el poder, se desprenden las afirmaciones generales del discurso de López Obrador. Los programas sociales que entregan dinero en las manos de las familias, la construcción de mega obras como el Tren Maya o la Refinería de dos Bocas o el AIFA, las acciones contra la pandemia, los cambios en el sistema de salud, la marginación de las organizaciones sociales, la reforma educativa, la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la política migratoria obsequiosa con Estados Unidos, la política del campo, la militarización de la seguridad pública: todas estas acciones que constituyen la columna vertebral del gobierno de AMLO son la expresión de las aspiraciones del pueblo.

El pueblo en el poder es el que apuntala y vigoriza estas acciones, de acuerdo con el mensaje que AMLO repite incesantemente todas las mañanas, y dos terceras partes del pueblo lo creen sin reserva alguna. Por lo tanto, las críticas de las fallas, irregularidades o incoherencias de las acciones del gobierno, ofrecen al presidente López Obrador el combustible de otra de sus ideas poderosas: automáticamente, quienes se atreven a expresar la más mínima crítica, son estigmatizados como conservadores-neoliberales-corruptos. El arrollador verbo presidencial logra que el 65% de la gente acepte que quienes cuestionan a la 4T son traidores al pueblo y a la patria, que su único móvil es volver al régimen de privilegios, corrupción e impunidad que imperó hasta 2018.

El esquema es sumamente básico: AMLO encabeza un reino de bondad y honestidad, quienes lo critican representan el mal en todas sus formas. Pero es asombrosamente efectivo, pues dos de tres mexicanos lo creen o quieren creerlo. Y la traducción de este discurso se materializa en un poder político incontrastable concentrado en la persona del Presidente de la República como no se veía desde Carlos Salinas de Gortari en 1988-1994; tal vez AMLO tenga más poder político, porque en la época de Salinas la oposición era más fuerte y tenía prestigio, todo lo contrario a lo que hoy es la oposición.

El discurso de López Obrador le genera poder político expresado en el Congreso, las gubernaturas y una clase política que, atraída por el poder, cada vez se autoadscribe más como morenista-obradorista dejando en los huesos a los partidos opositores. De cara al 2024, el poder político-discursivo de AMLO le permitirá, si no ocurre una mega sorpresa de las que suelen ocurrir de vez en vez (como le pasó a Salinas), imponer y hacer ganar sin despeinarse a su candidata presidencial, e incluso mantener enormes márgenes de poder transexenal.

En contraste, podemos decir que, si el discurso de AMLO es imbatible, la realidad también es persistente y en algunos aspectos es imposible ocultarla con palabras. En materia económica, el sexenio de AMLO tendrá índices de crecimiento muy pobres. La inflación ya encareció irreversiblemente la vida de las grandes mayorías que lo respaldan. El trabajo escasea y se precariza. El acceso a la salud y a los medicamentos se han deteriorado notablemente en este sexenio. La pobreza ha crecido en términos relativos y absolutos. La violencia criminal es imparable y aportará alrededor de 200 mil asesinatos en el gobierno de AMLO. Sus mega obras emblemáticas corren el riesgo de convertirse aceleradamente en elefantes blancos. Su oferta de incrementar la educación superior suscita cada vez más frustración y desilusión en los alumnos de sus Universidades por la precariedad y nula seriedad académica.

La militarización de la seguridad pública y de crecientes franjas del gobierno civil está ocasionando una desinstitucionalización del aparato gubernamental. Desde luego, todos estos problemas son endémicos en la historia reciente de México, habrían estado presentes en un gobierno del PRIAN, y tal vez más agudos. Desde luego, el gobierno de AMLO tiene un buen número de logros y triunfos, sobre todo en políticas, acciones y leyes que brindan apoyos a los más desprotegidos, que fortalecen el salario mínimo, entre otros. Pero a final de cuentas, los errores, los malos resultados, los abusos, la corrupción, pesan más en el imaginario popular.

El respaldo incondicional del 65% del pueblo, la disposición a creer que AMLO es moralmente infalible, que los malos resultados son culpa de los traidores conservadores corruptos, todo esto parece sólido hasta hoy. Da la impresión de que así será hasta 2024 y más allá. Pero siempre es posible que se conjuguen factores y cambien las cosas. Los problemas económicos, de seguridad, las posibles rupturas en la familia obradorista, potencialmente pueden hacer que el respaldo incondicional se acabe o se debilite.

El escenario hoy nos presenta un Presidente con un formidable poder político, dueño de un discurso poderoso y una legitimidad inagotable porque brota de su origen y su verbo fundacional, no de sus resultados; y porque, en efecto, los gobiernos del PRIAN llegaron a extremos deleznables de corrupción, impunidad y cinismo.  Sin embargo, por las razones que se quieran argumentar, ese poder y esa popularidad no se han traducido en buenos resultados de gobierno, ni siquiera en los temas más preciados por López Obrador, como son el combate a la pobreza y la erradicación de la corrupción.

¿Mantendrá AMLO la legitimidad y la eficiencia de su discurso en los próximos años, o la realidad empezará a brotar inexorablemente entre las grietas de su narrativa epopéyica insertando el germen de la duda en sus apoyadores?

¿Cuánto margen de maniobra tiene AMLO para evitar que la realidad contamine o haga estallar su discurso triunfal? De estas cuestiones, y de cuándo y en qué medida se presente un desgaste del discurso de López Obrador, y de qué tanto los problemas reales del país se descontrolen, depende la suerte de la sucesión del 2024. Al día de hoy, el Presidente se considera indestructible, está convencido de que nada romperá su idilio con el pueblo, ni aunque se conozcan errores, corrupciones, impunidades o nepotismos. Y así parece ser. Hasta ahora. Pero, finalmente, hay que estar abiertos a todos los escenarios, porque la Política es también el reino de lo impredecible.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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