El día de la mujer, más allá que solo paridad. Autor: Víctor Manuel Rodríguez Molina

Imagen ilustrativa. Foto: Cuartoscuro.

¿Qué puede provocar enojo o indignación? Muchas, muchas cosas, tantas como individuos existen. Nuestra percepción se delimita por una cosmovisión fraguada en las experiencias. Percibimos nuestro entorno afianzado en valores, ideas y creencias. Cuando algo de esta realidad se trastoca, puede surgir el enojo o la indignación. Nuestras emociones se desbocan ante lo que percibimos como desagradable, que nos infringe daño o malestar. Cuando alguien vive en un medio de opresión, un medio adverso que atenta contra su bienestar se siente indignado y enojado.

En un mundo utópico todos deberíamos contar con espacios libres de cargas morales, prejuicio y subjetividades. Sin embargo, las mujeres luchan día a día por desarrollarse en igualdad de condiciones enfrentando estereotipos e inequidades. En México, de acuerdo con el censo de 2010, del total de 114 millones de habitantes, 58 millones eran mujeres. Y en 2014 se estimaba que, de los 119 millones de habitantes, 61 millones eran mujeres. Estos datos muestran una clara tendencia demográfica hacia la feminización en México. En este sentido, en un país donde la población femenina corresponde a la mitad, de ninguna forma puede quedar fuera de todo contexto de vida, incluyendo sus derechos y oportunidades.

Nuestras decisiones se basan en lo que consideramos mejor, sin embargo, lo que nunca será aceptable, es que alguien decida por nosotros. Somos seres independientes dotados de inteligencia y con la capacidad de decidir que es bueno o malo para mí. Cuando alguien impone una forma de vida, una limitación o excluye, nos provoca la persepción de daño, nos sentimos agraviados y respondemos con indignación. Una población indignada o agraviada es empática con el grupo y luchan ante la imposición. La indignación colectiva puede promover una participación conjunta que genere grandes cambios para el bienestar.

Cualquier tipo de discriminación conlleva un retroceso en términos de convivencia y justicia. Las injusticias fomentan el enojo, la falta de identidad y la apatía. Cada vez que se descuida a una mujer, cada vez que se comete un acto de injusticia o desigualdad, todas las mujeres se sienten desprotegidas y enojadas. A lo largo de la historia, las mujeres han contado con una deuda social que se ha ido subsanando muy lentamente. Si bien existen ámbitos en los que la igualdad de género es una realidad, no en todos los sectores se ha caminado por igual. La paridad es mucho más que igualdad de números, es un asunto de justicia social, libertad y desarrollo. La emancipación conlleva un cambio de actitud, un actuar distinto y una lucha constante. Pero también es necesario que existan leyes y códigos de conducta que protejan explícitamente a las mujeres en contra del hostigamiento, el acoso sexual y la violencia.

Es una obligación del Estado brindar un marco legal y de protección a todos los miembros de su sociedad para mantenerlos en un marco de igualdad de oportunidades, derechos y no favorecer a unos sectores sobre otros. En este sentido, existe una responsabilidad de atender todas las inquietudes de sectores desfavorecidos ya sean por prácticas socioculturales o por una falta de normatividad en el tema. Los huecos legales dan oportunidad al abuso, la discriminación o el retraso de la justicia social.

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Identificar qué tipo de vida deseamos, qué entorno nos es propicio, y cuáles son nuestros requerimientos, es el primer paso para tomar la responsabilidad sobre nuestra independencia. Defender nuestra calidad de vida es una responsabilidad no solo individual, sino colectiva. Identificar a los que tienen necesidades similares a las nuestras, es una estrategia que nos puede llevar hacia una lucha conjunta, donde la recompensa será la libertad y la felicidad. ¿Qué vida es la que merecemos? La vida por la que luchamos. Pero, si no deseamos asumir ninguna responsabilidad, no tenemos que hacer nada.

Vivir en una sociedad equitativa, justa e igualitaria, requiere de mucho trabajo donde debemos sumarnos a acciones conjuntas para ganar desde los pequeños espacios en nuestra familia, hasta el trabajo y la sociedad. La lucha por la igualdad y equidad de las mujeres es algo que no debería de existir, pero no hace más que mostrarnos nuestro gran atraso. Todos, hombres y mujeres debemos de tomar acciones conjuntas en favor de nuestras niñas, mujeres, madres y esposas. Un mundo igualitario es un mundo que aspira a la felicidad.

Asignatura pendiente: la desigualdad de género en la ciencia. Autor: Víctor Manuel Rodríguez Molina

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