El búho de Atenea y de Enrique. Autora: Pilar Torres Anguiano

Búho, Jorge Valero.

“Para hacer una obra de verdadera cultura es menester comenzar con los libros,
ya sea escribiéndolos, ya sea editándolos, ya traduciéndolos.”
José Vasconcelos.

El que realmente quiere leer, lee. No hace falta lanzar campañas absurdas, malgastar recursos en regalar libros, ni abaratarlos. Si les parecen caros los libros, que trabajen y ahorren para comprarlos. Que vayan a bibliotecas, los bajen de internet o los consigan en librerías de viejo, hay libros de hasta 5 pesos. Que no mamen, si no pueden leer bien un tuit, mucho menos un libro, aunque se los regalen. No. No lo pienso yo. Es el tipo de argumentos que me encontré esta semana.

La Estrategia Nacional de Lectura consiste en fomentarla desde edades tempranas, en todas las clases sociales e impulsar una campaña para posicionar la importancia de los libros entre la sociedad. Parte importante es la reducción del precio de los libros y la producción de ejemplares gratuitos, anunciado por el titular del Fondo de Cultura Económica. Las críticas estuvieron a la orden del día, como si se tratara de un gasto superfluo.

No es esta la primera vez que en la historia de México se inicia una empresa así. El proyecto educativo de José Vasconcelos –tanto en la Universidad Nacional como en la SEP– tenía dos pilares: los libros y el arte.

Una de sus iniciativas para llevar a cabo aquel objetivo de que “la Universidad trabaje para el pueblo”, fue traducir, editar y distribuir gratuitamente las grandes obras de los clásicos de la literatura universal. Se trataba de ediciones empastadas en verde –los periquitos, les llamaban– que se obsequiaban en plazas públicas de todo el país. Por ejemplo, en el Ulises Criollo, Vasconcelos se refiere a su visita a Toluca, en compañía de Enríquez Ureña y Cosío Villegas, con la cajuela del coche llena de libros para obsequiarlos a la gente: “un hielo como el clima de la ciudad se nos metió también en el alma desde el primer día”, dijo.

En su escritorio de la Secretaría de Educación Pública había una estatuilla de Minerva/Atenea, diosa de la sabiduría, las artes, las técnicas de la guerra, protectora de la ciudad de Atenas. Adoptada, también, como patrona por los miembros del Ateneo de la Juventud. La diosa también se encuentra en lo alto del edificio de la SEP, inaugurado por Vasconcelos.  

Atenea es además patrona de los artesanos, porque la búsqueda de la sabiduría se asemeja a la labor del artesano que teje, que forja, que moldea. Y en la lectura, somos al mismo tiempo mármol y escultor. Dice un relato que Atenea se hacía acompañar de un ave parecida a un cuervo, pero la apartó por parlanchina y escandalosa; entonces decidió adoptar como acompañante eterno a un búho, porque son los que velan cuando todos duermen, porque son símbolo de la sabiduría que traspasa la oscuridad, como la lectura: ese diálogo en solitario. Tal vez por eso, Hegel afirmó que “El ave de Minerva emprende el vuelo cuando oscurece”.

Al igual que hoy, aquel plan vasconcelista de las ediciones gratuitas no estuvo exento de críticos, el primero de ellos, era el propio presidente Obregón que irónicamente preguntaba: ¿Qué sentido tenía para los campesinos analfabetos y miserables editar los Diálogos de Platón? Sin embargo, “aquella era la primera inundación de libros que registra la historia de México”, decía Vasconcelos. En esa empresa le acompañaron grandes personajes: Daniel Cosío Villegas, Carlos Pellicer, Gabriela Mistral, además de sus compañeros del Ateneo de la Juventud: Enríquez Ureña, Antonio Caso, Alfonso Reyes y Enrique González Martínez.

Al presentar la Estrategia Nacional de Lectura, la doctora Beatriz Gutiérrez Müeller, presidenta honoraria de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, se refirió a la revista literaria Arte, surgida en 1907 y a su creador, el ateneísta Enrique González Martínez: una muy adecuada elección.

González Martínez convirtió a la ciudad de Mocorito, en “la Atenas sinaloense” por su difusión de la cultura y las artes. Como Atenea, él también optó por la compañía Búho, en contraste del Cisne modernista y ornamental. Nunca una metáfora fue más adecuada para explicar la necesidad de un florecimiento cultural en México: Más búhos y menos cisnes.

Tuércele el cuello al cisne

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda. . .y adora intensamente
la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno. . .

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno.

El autor, perteneciente a la segunda etapa del modernismo, renovó la literatura. Rechazó el estilo elitista y aristócrata que convertía al arte en ornato y volvió la mirada hacia la vida y la esperanza, buscando despertar un espíritu crítico e innovador en los lectores.

Si atendemos al espíritu que anima las líneas del poema anterior, podemos sugerir que las críticas y objeciones –tanto a la campaña de los años veinte como a la actual– tienen varios trasfondos. Uno de ellos es este: regalar libros se considera un gasto superfluo e innecesario. La creencia de que bajar sus precios es abaratarlos, de alguna manera hace referencia a la idea de que la cultura es un ornato al que solo pueden tener acceso unos cuantos. Por el bien de todos, esperemos que la estrategia resulte.

@vasconceliana

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