El fútbol profesional integra a menores en lógicas económicas complejas.
david pérez | @davidperezglobal
¿A qué abusos están expuestos los menores de edad que trabajan en un negocio millonario como el fútbol?
La ley mexicana protege a menores con reglas especiales (prohibiciones de jornadas y restricciones reforzadas). No es un detalle «administrativo», es un reconocimiento jurídico de la vulnerabilidad estructural. Sin embargo, el trabajo de menores y el deporte espectáculo-negocio no se cruzan sin fricción.
Caso 1. Gilberto Mora
En la «previa», como dirían los cancheros, del Tigres contra Xolos (Liguilla 2025), parte de la prensa regiomontana montó un litigio mediático. Argumentaban que «no puede jugar por ser menor»; que «después de las 22:00 horas sería ilegal»; que «debe intervenir el gobernador»; incluso hubo denuncia pública en tiempo real contra el club por alinear a un menor. El foco dejó de ser el juego, se puso en el adolescente y se convirtió en vehículo de presión.
Lo jurídico explicado sin gritos. La Ley Federal del Trabajo (LFT) prohíbe ciertas modalidades (horas extra; nocturno industrial; jornadas extensas para menores de 16 años), pero no existe una prohibición general que impida a un futbolista de 17 años disputar un partido oficial iniciado antes de las 22:00 locales; además, hay criterios y excepciones reconocidos para las actividades artísticas y las deportivas bajo supervisión. Por eso la Liga no sancionó ni impidió su participación y el menor de edad sí jugó.
El abuso real no fue jurídico, fue simbólico. Lo hicieron al convertir una protección laboral en arma retórica para condicionar la alineación del menor. Cuando los adultos usan la ley como mazo, el menor deja de ser sujeto de derechos para volverse en pretexto de estrategia.
Como Gilberto Mora apunta a estrella, si lo dejan crecer primero como persona, los clásicos del fútbol dirán «tiene que curtirse», acostumbrarse a esta presión si quiere llegar al máximo nivel. Este argumento es una forma de normalizar la violencia simbólica contra un menor.
Caso 2: Messi
Entre los 10–13 años, Messi fue diagnosticado con deficiencia de hormona de crecimiento (GHD) y recibió somatropina, que es el tratamiento estándar y avalado por guías clínicas pediátricas (Pediatric Endocrine Society), con autorizaciones terapéuticas que las normas antidopaje contemplan para patologías diagnosticadas. Este tratamiento normaliza, no potencia. No es dopaje.
Quién pagó y por qué importa. El club Barcelona asumió el costo al incorporarlo a La Masia, porque la familia no podía asumir el costo; esa decisión es una responsabilidad mínima por parte del club e inversión estratégica a la vez. El club actúa como tutor y como agente de mercado. Y justo aquí está la tensión, el cuerpo infantil deviene en capital biológico.
El abuso potencial no está en el tratamiento (porque el médicamente es el correcto con la información que se dispone al momento en que se administra), sino en la asimetría de consentimiento. Un menor tiene un margen de decisión muy condicionado; deciden mayormente los médicos, la familia y el club, cada uno con incentivos distintos. Legalmente suficiente; éticamente muy frágil.
Tipología de riesgos
Asimetría institucional: club/ligas vs. familia/menor. La parte fuerte de la ecuación define los tiempos, los traslados, la exposición mediática y la narrativa. El menor queda hipervisible sin control del relato (Mora) o medicalizado para encajar en estándares del alto rendimiento (Messi).
Legalismo a conveniencia. Usar la LFT como herramienta de presión deportiva o política —y no como protección efectiva— expone al menor a linchamientos simbólicos y a la incertidumbre laboral. Además hay que considerar otras afectaciones del menor debido a esta presión mediática.
Medicalización instrumental. En este caso y en muchos otros, lo alarmante son los tratamientos potencialmente expuestos a usos con fines de productividad. La medicina corrige una desventaja, pero el sistema aprende a normalizar los cuerpos para el mercado, en lugar de interrogar sus reglas de exclusión.
Consentimiento delegado. Esta práctica es legal, sí; plenamente autónomo, no. La ética médica exige salvaguardas adicionales cuando hay intereses cruzados (familia, club, agentes).
Algunas objeciones
— «Lo de Mora fue por su bien».
Si de bien hablamos, se actúa con protocolos, no con shows. La protección no se hace al aire en televisión ni a gritos; se hace garantizando el registro, la supervisión, los horarios claros y no instrumentalizando al menor para erosionar al rival.
— «A Messi lo ‘mejoraron’ con hormonas».
Falso. La evidencia clínica y las guías PED/ESPE y WADA-TUE son claras. El tratamiento que recibió normaliza el crecimiento en GHD; no produce mejoras atléticas. Llamarlo «dopaje» desinforma.
Este caso muestra cómo el fútbol profesional integra a menores en lógicas económicas complejas. El tratamiento permitió un desarrollo físico «normal», pero su carrera es resultado de decisiones, disciplina y talento.
No confundir cuidado con explotación
Clubes/Ligas. Deben publicar protocolos de menores (registro, tutoría académica, salud mental, tiempos de recuperación, topes de exposición laboral, mediática, traslados y pernoctas); es necesaria la intervención de comités bioéticos independientes para casos clínicos; y que se designen responsables de cumplimiento que respondan ante autoridades laborales y de niñez.
Prensa. Primero el dato, luego la opinión. Si se va a invocar la LFT, citar artículos y competencias, se deben evitar las «interpretaciones» ad hoc. Evitar el punitivismo performativo (denuncias en vivo) que usa a un menor como insumo de audiencia y de morbo.
Ética del humor y del relato. El menor no es un «personaje profesional» ; es una persona con protección reforzada. Las bromas y la ironía tiene que ser muy rigurosa en estos temas.
Preguntas
¿Qué tipo de sistema deportivo necesita que la viabilidad profesional de un menor dependa de una intervención médica financiada por quien luego se beneficiará económicamente de su cuerpo?
¿Qué tipo de espectáculo mediático acosa en vivo a un menor bajo el pretexto de la pasión por los colores y de querer influir en el resultado de un partido de fútbol?

david pérez
Analista con formación en filosofía, historia, resolución de conflictos y derechos humanos. Ha sido columnista en El Siglo de Torreón, Grupo Reforma y Grupo Milenio. Dirigió el grupo de investigación en materia de derechos humanos del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico que investigó las violaciones graves a los derechos humanos cometidas en el periodo de 1965 a 1990 en México. Actualmente conduce el podcast Pensar la Vida y dirige la editorial independiente Pacífico Global Media.
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