Escribo contra esa categoría porque describe una geografía racial heredada del colonialismo.
david perez | IG @davidperezglobal
Me gusta el estilo de David Medrano. Lo escucho por su información y por su tono coloquial bien armado. Y precisamente por eso vale la pena detenernos cuando una frase nos delata más de lo que creemos.
En su edición del martes 14 de octubre, al comentar la clasificación de Cabo Verde rumbo a 2026, dijo: «Hay un equipo nuevo calificado a la Copa del Mundo, se llama Cabo Verde de África. Estaban calificados todos los del África blanca por nombrarle de alguna forma, no, Marruecos, Túnez, Egipto, esos ya habían calificado, Argelia, a la copa del mundo. Hoy por primera vez en su historia Cabo Verde…».
No pretendo ningun linchamiento personal ni ninguna otra practica punitiva, busco hacer un analisis de la frase. Porque el problema no es Medrano como persona, sino el molde mental heredado del que surge la expresión sin estupor: «África blanca».
Escribo contra esa categoría porque describe una geografía racial heredada del colonialismo. Divide el continente en un «arriba» más civilizado y un «abajo» negro, y arrastra la idea de que el Sahara es frontera racial, no solo geográfica.
Es una dicotomía asentada en bibliografía colonial —Afrique blanche / Afrique noire— con ecos en la hipótesis hamítica —hipótesis racista y obsoleta, dicho sea de paso— y en décadas de «estudios de área» que naturalizaron la separación. ¿De verdad queremos esa herencia en la crónica deportiva del Mundial 2026?
Cabo Verde se clasificó por primera vez a un Mundial. Es un hito histórico para un país de un poco más de 500 mil habitantes, construido futbolísticamente con una diáspora enorme (jugadores nacidos en Portugal, Países Bajos, Francia, Irlanda…) y una política deliberada de integración de talento. Es fútbol y es sociología, la selección como puente transnacional.
«África blanca» no es «sinónimo de norte» inocente. Para nombrar esa región existe «Magreb» o «África del Norte». El Magreb es un espacio histórico y cultural complejo, no una estampa cromática. Decir «blanca» invoca una jerarquía; decir Magreb ubica sin racializar.
¿Por qué «África blanca» es una etiqueta que el fútbol ya no puede sostener?
Borra minorías. El norte africano no es «blanco», es amazigh, árabe, negro, judío, europeo, migrante. Racializarlo como «blanco» expulsa poblaciones y borra historias. Y olvida, por cierto, las violencias antinegras que hoy siguen discutiéndose en el Magreb.
Repite la brújula colonial. «arriba» legible/aspirable, «abajo» exótico/atrasado. No describe selecciones nacionales de fútbol, jerarquiza países. Por eso no es casualidad que precisamente ese lente se nos cuela sin querer… hasta que alguien queda fuera del cuadro.
El lenguaje importa. Las guías de estilo en redacciones (se puede consultar a la National Assosiation Black Journalist) insisten en evitar marcos que normalizan la anti-negritud —desde el sesgo inconsciente hasta la discriminación abierta—. Y en deportes, donde la audiencia es mayor, el impacto a la hora de moldear el vocabulario es proporcional, en ese contexto cada adjetivo educa.
Distorsiona el propio hito caboverdiano. La narrativa correcta no es «por fin uno del África no-blanca», es otra, una federación que capitalizó su diáspora y construyó identidad designando el Creole como lengua de vestidor, contratando un caza talentos internacional, con un proyecto de más de una década y por el interés económico de la FIFA de incluir más equipos en el Mundial. Eso cuenta mejor el fútbol de hoy.
Contra las objeciones
— «Es solo una forma de hablar». Exactamente, y las formas crean realidades. Si el Sahara se convierte en línea de color en la narración, reproducimos asignaciones de valor a un color de piel y, al mismo tiempo, inferiorizamos otros tipos de color en la piel.
— «Todo el mundo lo dice así». También «todo mundo» decía «Tercer Mundo». El periodismo sirve para afinar lenguaje, para cuestionar las convenciones lingüísticas, para pensar lo que se dice, no para perpetuar expresiones.
— «Quiso decir norte, fue un simple error». Entonces hay que decir norte, decir Magreb, decir África del Norte, «decir selecciones del norte». También es gratis hablar así. Se vale cometer errores en otra dirección.
Tres reglas útiles sin moralina
Más topónimos y menos cromatismos. Magreb o África del Norte en vez de «África blanca»; «África occidental/central/oriental» en vez de «negra». Nombrar lugares evita esencializar gente. ¡Qué «maña» de referirnos a los demás por su color de piel!
Historia corta a la mano. Si el término viene de un manual colonial, evítalo salvo que lo estés discutiendo. Y si lo usas, pon comillas y contexto, sin dejar de cuestionarlo.
Cuenta procesos, no esencias. A propósito de la selección de Cabo Verde hay muchas historias que contar, como la diáspora, la política federativa, las identidades lingüísticas, la curva de rendimiento. Hay mucha noticia.
El equipo de fútbol de Cabo Verde es una mezcla de Estado–diáspora–selección y eso explica más que cualquier color. Y sí, el boleto al Mundial abre una inyección económica que transformará estructuras, y ese es uno de los argumentos oficiales de la FIFA para ampliar el número de selecciones. Se amplía el negocio con todos los grises que hay en él.
Espero que haya quedado claro que este CONTRAATAQUE no es contra David Medrano, es contra la frase que se nos cuela, hoy le pasó a él. Porque en 2025, con Cabo Verde, clasificando al mundial, vale la pena que el periodismo deportivo mexicano afine el diccionario con el que narrará el Mundial.
El continente africano no es una paleta de colores folklóricos, es un mapa humano que el fútbol, a veces, ayuda a coser y, otras veces, sirve de pretexto para justificar modelos políticos desde el lenguaje.

david pérez
Analista con formación en filosofía, historia, resolución de conflictos y derechos humanos. Ha sido columnista en El Siglo de Torreón, Grupo Reforma y Grupo Milenio. Dirigió el grupo de investigación en materia de derechos humanos del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico que investigó las violaciones graves a los derechos humanos cometidas en el periodo de 1965 a 1990 en México. Actualmente conduce el podcast Hacer las Paces y dirige la editorial independiente Pacífico Global Media.
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