Arte y ciencia Vs. capitalismo. Autor: Iván Uranga

“Este sistema americano, llámalo capitalismo, llámalo como quieras, da a todos y a cada uno de nosotros una gran oportunidad; sólo apodérate como puedas, de lo que quieras, con ambas manos.”
Al Capone

“Es necesario poner fin al dogma neoliberal y al individualismo radical.”
Papa Francisco

El capitalismo de origen, es contrario a la cultura y la ciencia, porque no aseguran la ganancia, para ellos la tecnología neoliberal y el espectáculo como industria de entretenimiento los substituyen.

El momento justo en el que se dio la transición del feudalismo al capitalismo, fue cuando la peste negra en 1348 se sumó a la crisis demográfica del primer mileno y a que el modo de producción feudal no se adaptó al aumento de la fuerza productiva. Comenzó a disolverse el feudalismo, no sólo en sus aspectos económicos, sino también sociales y políticos y pusieron fin a la servidumbre y el vasallaje en Europa Occidental; se divide a la nobleza en clases (alta y baja) y se incrementa el poder de las monarquías autoritarias frente a las monarquías feudales anteriores.

Crisis que llega hasta el siglo XVII, en donde España e Italia se refundan, produciéndose incluso la denominada “traición de la burguesía” con nuevos feudos, mientras en el noroeste de Europa, avanzan al capitalismo, el predominio social de la burguesía y sus valores (el trabajo, la propiedad), y estados que los defienden mediante sistemas políticos innovadores que se manifiestan en las tres revoluciones simultáneas de mediados del siglo XVIII a mediados del siglo XIX; la Revolución Industrial, la Revolución Burguesa y Revolución Liberal.

El paso del feudalismo al capitalismo cambió totalmente la posición social de la intelectualidad y de los productos que elabora en sus diversos campos: ciencia, música, literatura, pintura, porque hasta ese momento el intelectual era un criado más de la aristocracia, los reyes, los príncipes y los nobles, a los que las hagiografías describen como “mecenas” y protectores de las artes y las ciencias.

A partir de ese momento histórico, las artes y las ciencias pasaron a ser parte de individualismo radical. El capitalismo es un “sálvese quien pueda”, una sociedad diseñada para conseguir lo que quieres pasando por encima de quien sea necesario, a esa actitud de vida le llaman “éxito”. Es una sociedad en donde el producto científico y/o cultural se convierte en mercancía, que necesita de intermediarios con un perfil depredador y con ellos llega la especulación, el sobreprecio, la oferta-demanda, y la criminal ganancia.

Intento explicar: atrás de cada una de las cosas que consumimos, está el esfuerzo de quien la produce, por lo que el costo real de cada cosa, es la suma del esfuerzo, más los costos de los insumos para producirlo, sea cual fuese el producto. Con esto afirmo, que el esfuerzo de un campesino es igual al de un científico y el de un obrero al de un artista, cada especialidad humana requiere de tiempo, capacitación y experiencia, por lo que el producto de un carpintero a otro está determinado por su experiencia y esto impacta el costo final, igual sucede con los artistas y los científicos, esto sin demeritar que existen seres humanos más talentosos que podrán alcanzar el nivel de experto con menos esfuerzo. Por lo que nadie debería pagar más por un producto, sólo por la especulación del mercado y menos para que otro tenga una “ganancia”, es decir, un sobreprecio que no corresponde al costo del esfuerzo de quien lo elabora, más los insumos. Es esa ganancia injusta, que se obtiene sin producir, la causante de que nuestra especie esté al borde de su extinción.

Al comenzar el capitalismo, los científicos y los artistas dejaron su estatus de bufones de la realeza, para tener que vivir de su trabajo. Los científicos se ponen al servicio de la técnica de producción de la burguesía y los artistas que no son buenos prostituyendo su obra viven en la miseria, en los barrios más pobres de las grandes urbes. Y para que los intelectuales pudieran vender su cultura (y su incultura), el capitalismo les fabrica una de sus grandes entelequias jurídicas: “la propiedad intelectual”; que es hoy el fundamento de eso que califican como “industria cultural”, cinematográfica, musical, gráfica, etc.

La propiedad intelectual  permite que el capitalismo obtenga ganancias en nombre de la defensa de la cultura, la industria cultural y la propiedad intelectual y aplique todo el peso de la ley a los piratas y el plagio, a los que les imponen castigos carcelarios. El problema es que no pocas veces quien registra la obra no es el creador.

Los otros, los que no podían vender su obra comenzaron a vivir en la “bohemia”, así llamaron a su estilo de vida; ‘bohemia’ hace alusión a la cultura de los gitanos, tradicionalmente llamados «bohemios» porque cuando en Europa se comenzaron a pedir pasaportes para poder cruzar las fronteras, a la nación nómada Gitana ningún país le quería dar su nacionalidad, sólo Bohemia les otorgó un pasaporte, por lo que bohemio se convirtió en sinónimo de gitano y de un determinado estilo de vida, que a los ojos inexpertos, se parecía mucho a la precariedad, el inmediatismo, la fiesta y alcoholismo en la que vivían los artistas. Así nació la bohemia en Francia (en francés: «bohémien») con una escala de valores diferente a la de la sociedad burguesa.

Nadie como los propios intelectuales ha descrito mejor su vida y la de sus colegas como consecuencia de la penetración del capitalismo en la cultura.

En el siglo XIX la vida del intelectual era igual a la de cualquier artesano arruinado por la industria. Igual de miserable. Un ejemplo es Van Gogh, quien a lo largo de su vida pintó 900 cuadros pero sólo vendió uno de ellos, hoy considerado un “genio” cuyas obras son trofeos multimillonarios que adornan las paredes del capitalismo.

Las primeras obras de Van Gogh retrataban campesinos, tejedores y mineros. Una de sus primeras acuarelas se titula precisamente “El pobre y el dinero” en donde denuncia la manipulación del capitalismo que le vende la ilusión de volverse ricos a los miserables a través de billetes de lotería, hoy irónicamente, esa obra vale millones de euros.

Esta forma de producción y consumo, llegó junto con los europeos hace 500 años a lo que hoy llamamos América. Aquí perfeccionaron sus formas de explotación del ser humano y de la Tierra.

Los pueblos de Mesoamérica tenemos miles de años luchando por sobrevivir. Antes de la llegada de los europeos, ya se luchaba en América contra otros imperios, que también, al igual que los europeos, sometieron a las otras naciones y cambiaron sus nombres y le impusieron nombres con la lengua del imperio.

Pero sus formas de producción no atentaban contra la tierra. Respetaban los ciclos de la naturaleza, vivían en comunidad y en armonía con su entorno natural.

El enemigo de la vida es el capitalismo, no las otras naciones.

La crisis ambiental, social y política actual en el mundo, inevitablemente inspirará a toda una nueva generación de científicos, artistas plásticos, poetas, escritores y dramaturgos en cuyos trabajos nos reflejaremos como la sociedad que somos y seremos. Ahora más que nunca es imposible aislarse de la realidad social. La nueva generación encontrará formas y medios para expresar los sentimientos, los pensamientos y las aspiraciones de la humanidad. Al hacerlo, construiremos nuevas formas artísticas, literarias y científicas que nos den un aliento a la nueva vida.

Hoy nuestra especie vive uno de esos momentos –quizá el último– que estremecerá nuestra historia y marcará un parteaguas entre lo que fuimos y lo que seremos. Nuevamente se nos presenta una crisis histórica de salud, económica, política y por primera vez una crisis ambiental, que nos lleva hasta hoy, sin remedio, a nuestra extinción.

El individualismo radical que construyó el capitalismo, ha encontrado en el neoliberalismo el último aliento de nuestra especie.

Todos los cambios históricos están determinados por los cambios de los modos de producción e históricamente son empujados por la fuerza productiva. Cuando se cambian las relaciones de producción se intensifica la lucha de clases, que cambia la superestructura política e ideológica para adaptarse a las nuevas condiciones. Este planteamiento ha sido verificado a lo largo de nuestra historia, por lo que si queremos sacar a nuestras sociedades del neoliberalismo y el individualismo radical llamado capitalismo, no será a través de procesos electorales como lo lograremos, es necesario cambiar radicalmente nuestras formas de producción y consumo.

La dialéctica nos dice que, tarde o temprano, todo se convierte en su opuesto. Algunas veces, la historia en general puede parecer un ciclo sin fin en el que se repiten los hechos que han sucedido en el pasado. Hay un elemento de verdad en esta observación, pero es incompleta y, por lo tanto, falsa. La historia no es una rueda, es una espiral que gira constantemente. Pero a pesar de todos sus giros, nunca regresa al punto de partida. La historia se repite, pero siempre termina en un nivel cualitativamente diferente, enriquecida o empobrecida por todo el contenido acumulado del pasado.

Estamos viviendo el colapso del capitalismo y de todo nuestro sistema civilizatorio. Lo primero que debemos admitir es que lo hicimos mal, que desde el momento que concebimos como bueno el concepto civilizatorio eurocentrista, comenzamos un proceso de involución que nos lleva –al parecer–sin remedio a la implosión de nuestra especie.

Tengo que decir que desde donde yo veo, el obligar a que el conocimiento se reproduzca de forma lineal, a través de la lógica europea, con fórmulas y sistemas concebidos por individuos, limitó la expansión del pensamiento humano, y lo redujo a la continuidad de la secuencia neuronal del pensamiento de otro. ¿Cuántas veces siendo usted menor de edad, ante un problema matemático su mente le dio el resultado correcto sin ningún procedimiento? Pero se nos obligó a copiar y entender la solución de otro, el procedimiento de otro, que no era sino las redes neuronales que otro cerebro había construido para la solución y al obligarnos a seguir ese procedimiento, nuestras redes neuronales fueron encadenadas a paradigmas científicos ajenos a nosotros.

Para sobrevivir necesitamos salirnos del cuadro, del cubo, del sistema; durante los últimos 30 años algunas alternativas, hemos construido un paradigma de repuesto, dejamos de combatir el sistema y comenzamos a construir uno propio abajo y a la izquierda de él; con su dinero, con su poder, con sus armas era imposible derrotarlo y comenzamos a vivir como si hubiéramos ganado. Salvaguardamos territorios, que defendemos de las minas, las presas, el petróleo, los megaproyectos y cambiamos radicalmente nuestro sistema de producción y de consumo, retomando los saberes milenarios e incorporando la ciencia y las tecnologías alternativas para construir comunidades autónomas y autogestivas.

¡Lo logramos!

Pero somos muy pocos, sólo el 10 por ciento de la población está en resistencia y de ellos sólo el 1% vive en autonomía. Hoy más que nunca, el intelectual científico y artista tratará de unir sus esfuerzos creativos personales con los esfuerzos de la masa del pueblo explotado y oprimido para cambiar la sociedad y crear un mundo mejor para todos los que así lo quieran. Sin lugar a dudas, no puede haber una forma de creación superior a esa.

El problema es global y necesitamos organizarnos globalmente, ya no entre izquierdas o derechas, la crisis planetaria va mucho más allá de nuestra interpretación política del mundo, el tiempo de los grandes análisis ya pasó, son nuestras acciones y únicamente nuestras acciones lo que salvará o no a nuestra especie.

Necesitamos hacer frentes internacionales contra los alimentos procesados, porque cambiando radicalmente nuestro consumo, cambiaremos radicalmente la producción. Necesitamos ya dejar de usar energías fósiles, ya no hay pretexto real para seguir usando petróleo, el arcaico pretexto de hacerlo por el desarrollo se esfumó y seguirlo haciendo por priorizar la economía por encima de la existencia de nuestra especie es un crimen de lesa humanidad, ya existen aviones comerciales interoceánicos que funcionan con hidrogeno, existe toda la tecnología solar suficiente para mover al mundo.

Pero lo único y más importante que logrará un cambio radical que podría salvarnos, es cambiar radicalmente nuestros modos de producción, necesitamos quitar del centro al dinero, la economía y el poder y poner a la vida como eje del quehacer humano. Y no sólo la vida humana, sino la vida toda, no se pueden seguir pensando en modelos políticos y económicos de gobierno basados en las formas de producción y distribución de las riquezas, no más capitalismo, pero tampoco más socialismo, ya ni siquiera el comunismo es una utopía,  necesitamos una sociedad solidaria con la vida, que la consciencia total sobre todo sea el principio y el fin de todos los quehaceres y de la producción humana.

Toda la historia muestra que el arte y la ciencia son revolucionarios por su propia naturaleza. El gran arte y la gran ciencia siempre buscan romper con las viejas convenciones y encontrar nuevas formas de entender el mundo. El arte está involucrado en una búsqueda utópica de la verdad y la ciencia del conocimiento. Por eso se rebelan a todas las formas de hipocresía, mentiras y engaños. El arte y la ciencia hoy están destinados a chocar con el sistema si realmente desean transformar y sobrevivir.

Hoy los necesitamos a todos creando la nueva ciencia consciente y solidaria y las manifestaciones artísticas re-evolucionarias que den cohesión a la nueva sociedad que debemos ser, para no extinguirnos.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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