A mitad del camino, AMLO invencible. Logros, ficciones y mentiras. Autor: José Reyes Doria

Foto: Captura de video.

@jos_redo

La encuesta del Reforma, le da 60% de aprobación. El sondeo diario de El Economista, realizado por Mitofsky, registra 61% de popularidad. Y así diversos sondeos: el presidente Andrés Manuel López Obrador goza de un respaldo social que asombra a propios y extraños.

Asombra ese nivel de popularidad, porque el Presidente ha enfrentado múltiples adversidades: numerosos errores propios, una pandemia con 500 mil muertos, una crisis de salud con falta de medicamentos para poblaciones sensibles, una ola interminable de muertes por la violencia criminal superior a la de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, un aumento de la pobreza y la pobreza extrema, una caída de la economía y el empleo, entre muchas otras.

Cualquiera de estos factores marcaría la debacle popular de cualquier gobierno, no así con AMLO a la mitad de su sexenio. ¿Por qué a López Obrador se le resbala todo esto? No hay consensos en cuanto a los factores que explican esto. Para redondear el fenómeno, las encuestas que le dan una gran aprobación a AMLO, a la vez reprueban la gestión de su gobierno en rubros específicos como la educación, la seguridad, la salud, el combate a la corrupción, etcétera.

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Este posicionamiento de la sociedad frente al presidente López Obrador devanará los sesos de teóricos y analistas en el futuro inmediato. Ya se aventuran hipótesis que van desde la esquizofrenia colectiva y el masoquismo, hasta el orgullo persistente y la lealtad de clase. En todo caso, habría que partir de los logros de la llamada 4T, las ficciones que ha generado y los errores registrados.

Logros:

La mera llegada de López Obrador a la Presidencia de la República es un gran logro, tal vez su mayor logro. La carga simbólica del triunfo de AMLO desató una profunda expectativa de cambio y justicia social. Su ascenso al poder despertó una gran esperanza y una energía social pocas veces vistas en las últimas décadas.

La política social impulsada por el Presidente también es un gran logro que explica su elevada popularidad. El gobierno de AMLO ha reorientado las prioridades del presupuesto, canalizando importantes recursos a grupos sociales vulnerables como los adultos mayores, las personas con discapacidad, los jóvenes, los desempleados, las amas de casa, los estudiantes. La mayoría de la gente ve esto como un acto de justicia social. Es verdad que esta política social tiene serias deficiencias, porque no ha impedido que más gente caiga en la pobreza, porque no beneficia solo a los más pobres, porque no hay indicadores para vigilar y evaluar los programas. Pero su peso simbólico es inconmensurable.

La política laboral también es un gran logro social del gobierno de AMLO. El fortalecimiento del salario mínimo es una gran reivindicación de la clase trabajadora, que tiene impacto en la recuperación del poder adquisitivo, aunque modestamente. La regulación de la subcontratación u outsourcing, ha permitido que millones de trabajadores transiten de la precariedad laboral a un régimen de protección y reconocimiento de derechos, aunque de forma modesta. La instauración legal y política de la democracia sindical, permitirá avanzar en la auténtica defensa gremial de los trabajadores, aunque su aplicación inicial está ensombrecida porque a la vez que se debilitan corporaciones corruptas como la CTM o la CROC, se favorece a las centrales no menos cuestionables asesoradas por el padre de la titular de la Secretaría del Trabaja y Previsión Social.

La política de comunicación social, basada en las mañaneras de AMLO, es un exitazo. Las mañaneras son prácticamente invencibles e incontrastables, su poder de implantación de ideas-fuerza básicas, elementales, es más que evidente. La narrativa de la llamada 4T, básica, elemental, binaria, se ha impuesto desde las mañaneras y es factor determinante para que los errores y las adversidades no le afecten al Presidente.

Un logro concreto, efectivo, también ha sido el aplastamiento de la oposición, tanto la oposición partidista y política, como la oposición empresarial, social y de los medios. Sea a través de la amenaza de meterlos a la cárcel (a los que tienen cola que les pisen), o por medio de presiones políticas y presupuestales, pero el achicamiento de la oposición ha reducido la efectividad de las críticas y los cuestionamientos. De ahí, también, la gran popularidad de AMLO.

Ficciones:

La mayor ficción es proclamar que antes era la oscuridad del neoliberalismo y ahora es la luminosidad de la llamada 4T. Antes nadie protestaba contra las injusticias, solo AMLO y su movimiento lo hacían, antes había masacres, ahora ya no, antes el sistema de salud era neoliberal y malo, ahora ya no, antes no se informaba al pueblo, ahora sí, antes reinaba el individualismo, ahora la solidaridad. Estas premisas elementales son la base de la construcción de una realidad paralela que sirve a los propósitos de la implantación de la llamada 4T. Evidentemente, son proclamas bastante débiles, que no resisten el menor análisis o contraste con la realidad, pero que son útiles para mantener movilizados y en pie de lucha permanente a las bases del obradorismo.

Otra ficción: la idea de que la familia es la mejor institución de seguridad social. Es grave pensar así, pues con ello le quita al Estado la obligación de generar pisos de protección y seguridad social, servicios de salud, pensiones de retiro, pensiones de incapacidad, seguro de desempleo, adquisición de vivienda, etcétera. Pensar así, es reducir la seguridad social a que la mamá o la abuela curen al enfermo y le presten “unos centavos” al pariente jodido.

Además, esta ficción de la seguridad social conlleva la idea de que las mujeres, la abuela, la esposa, la madre, la hermana, la hija, son más “desprendidas”, más abnegadas para cuidar la casa y la familia. Por lo tanto, no tienen por qué andar en la calle trabajando, marchando, exigiendo seguridad y respeto a su dignidad, porque su misión es cuidar a los abuelitos, a los enfermos y a los necesitados de la familia.

La decisión de, ante la crisis de la pandemia, no recurrir a instrumentos de política económica universalmente reconocidos, tales como la deuda y el déficit público, se han reflejado en la lenta recuperación económica y en el empobrecimiento de amplias franjas sociales. No utilizar la deuda ni el déficit, es una postura absolutamente neoliberal, es la expresión del neoliberalismo puro, de manual, ni Salinas fue así de ortodoxo. La ficción consiste en que el gobierno de AMLO se sigue promocionando como antineoliberal absoluto (y lo es en muchos aspectos, pero en política económica es muy neoliberal).

Errores:

Establecer la dicotomía amigo-enemigo para arremeter contra todos, todos, los que critican a su gobierno. Estigmatizar o acosar a opositores y críticos, significa abrir una caja de pandora que, inevitablemente, escala y escala y no se detiene ante nada. Lo hemos visto ya: acusar de débiles mentales que se dejan manipular a los que votaron por la oposición en la Ciudad de México.

Desoír y descalificar reclamos sociales altamente sensibles, como el caso de los niños con cáncer que se debaten en la falta de atención y medicamentes; o las demandas de los movimientos feministas que exigen seguridad, integridad y respeto a su dignidad; o los pueblos indígenas que reclaman respeto a su autonomía y a su derecho a la consulta previa, libre e informada ante obras como el Tren Maya. Es un error encerrarse en sus fobias, AMLO debe abrirse a hacer política con todos los sectores que expresan la diversidad social mexicana.

Deshacer sin brújula, como el sistema de salud. AMLO tenía derecho a cambiar de raíz el sistema de salud neoliberal, pero no había un modelo sustituto y aquí estamos: sin orden, sin atención universal, sin medicamentos, sin cirugías, sin personal suficiente. La crisis de la pandemia oculta un poco la situación, pero ahí está el sistema de salud desarticulado. Y el error es doble al empeñarse en no reconocer y corregir lo que proceda. Algo similar ocurre con el sistema educativo y el de compras consolidadas.

También es erróneo no proponer una estrategia alternativa de seguridad ante la incontenible ola de violencia. Lejos de eso, se apapacha y se asignan más y más actividades a las fuerzas armadas, como si el objetivo fuera mantenerlas ocupadas en otras cosas.

Pero el mayor error es haber confiado la estrategia contra la pandemia a Hugo López-Gatell. Se impuso un enfoque insensible, errático, soberbio, reactivo y tremendamente ineficiente que ha dejado alrededor de 500 mil mexicanos muertos, muchos de los cuales se pudieron evitar. Hoy, esta situación no hace mella en la popularidad del Presidente, pero mañana, cuando se hagan los balances, puede representar una mancha que no se podrá borrar ni con toda el agua del océano.

Conclusión:

En popularidad, López Obrador es invencible. Seguro arrasará en la consulta de revocación de mandato. Pero, de cara a la segunda mitad de su sexenio, el Presidente debe preguntarse, y nosotros debemos preguntarle:
¿Para qué quiere esa popularidad?

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