Política feminista | Noche fiel y virtuosa de Louise Glück: Entre la neblina y los recuerdos. Autora: Aleida Hernández Cervantes

Estábamos en el mes de octubre de 2020 cuando la Academia Sueca anunciaba que la poeta norteamericana Louise Glück era la ganadora del Premio Nobel de Literatura de ese año. Era el sexto mes de la pandemia declarada, necesitábamos buenas noticias y la poesía es buena noticia siempre; y que lo gane una mujer, también. Desde ese momento, le seguí el rastro a Glück, pues leer poesía durante la pandemia había sido una forma de salvación para mí -y seguramente para muchas personas-; tal vez por esa sutil y profunda manera de nombrar lo que a la mayoría de las personas nos parece innombrable por doloroso e inasible.

Louise Glück está entre las 16 mujeres que han ganado el Nobel de Literatura y es la segunda norteamericana en obtenerlo; en 1938 lo obtuvo Pearl Sydenstricker Buck. En su dictamen, el jurado del Premio determinó que la poeta merecía el renocimiento “por una obra que explora la familia y la infancia con una inconfundible voz poética que, con austera belleza, vuelve universal la existencia individual”. Con ese registro poético se lee su último libro, traducido recientemente al español, Noche fiel y virtuosa gracias a la traducción de Andrés Catalán, la edición de Visor Libros y la impresión en México por Círculo de Poesía[i].

Desde que tuve en mis manos el poemario, empecé a leerlo sin parar, solo con las interrupciones que las necesidades ordinarias me obligaban. Había leído sobre su poesía y varios de sus poemas, pero trataba de no pensar en ello. Me dejé llevar por la lectura de cada uno de sus 22 poemas, y empecé a tener una experiencia onírica: sobre mí y en mí se instaló una atmósfera sueños, voces y recuerdos. Sí, a medida que leía Parábola, Una aventura, El pasado, Noche fiel y virtuosa hasta llegar a Un silencio incisivo, ya estaba segura que varias voces hablaban en los versos de Glück: una mujer madura que mira hacia atrás y habla de los silencios incisivos de su madre, de su padre, de su hermana pequeña; la de un pintor o de un Asistente melancólico que pide como oficio llorar. Así las voces que hablan en los poemas de Glück sonaban a eso que me dijo el poeta Mario Bojórquez (Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2007), a los muertos. Sí. Dos veces sí, pues esa atmósfera de ensoñación y recuerdos en los que me había sentido inmersa a la mitad del libro de la poeta, eran en algún sentido, recuerdos de un ser que ha estado aquí entre los vivos en algún momento, que viene a decirnos algo del Pasado con una notificación en el Presente. De inmediato conecté mis sensaciones con aquello que había experimentado al leer Pedro Páramo de Juan Rulfo, con algunas diferencias. Esos murmullos que en los muertos de Rulfo me sabían a tierra y vientos de polvo, en Glück me hablaban entre la neblina y los recuerdos.  

Dicen los que saben que Louise Glück es una poeta de los silencios, que su maestría radica en hablarnos del dolor y la muerte de una forma íntima y casi imperceptible. Debe ser, pues con una suavidad que toca el alma, me quedé escuchando silencios en donde caben las personas que ya no están pero cuyas vidas ya son voces que se quedan.

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Una aventura

V

Si antes fuimos carne intacta,
ahora éramos niebla.
Si antes fuimos un objeto con sombra,
Ahora éramos sustancia sin forma, como evaporadas
   sustancias químicas.
Relincha, relincha, decía mi corazón,
o tal vez, renuncia, renuncia: no era fácil saberlo.


[i] Revista electrónica de literatura: https://circulodepoesia.com/

Aleida Hernández
Aleida Hernández

Profesora e investigadora de la UNAM, ha escrito diversos libros y artículos sobre derecho, seguridad social, trabajo, despojo, luchas sociales y derechos de las mujeres. Actualmente es integrante del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario para atender la Declaratoria de Alerta por Violencia de Género contra las mujeres de la Ciudad de México.

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