2382 capítulo III. Autor: Alejandro Marengo Pérez Duarte

Foto: Pixabay

Por: Alejandro Marengo Pérez Duarte.

El déspota que se hacía llamar el nuevo Gog contemplaba con estupefacción los cuerpos inanimados que eran sus clones. Lo que haría con la tecnología sería intentar insertar en la mente de los clones cada palabra y vivencia registrada en los libros y biografías de cada personaje. Si es cierto que la vida de cualquiera puede narrarse en una biografía escrita, este experimento mostrará que el resto de vivencias irrecuperables solo serán insertadas en la mente de estos clones mediante los relatos de como fueron sus vidas. -El pasado es irrecuperable, no existe tecnología que consiga aún viajar en el tiempo, pensaba el déspota en voz alta.

– Lo mejor que podemos hacer es simular su pasado. Dijo con tono imperativo el oligarca a su empleado y mejor programador. – Estos clones deben intuir que vivieron otra vida, deben suponer una intuición que de menos contenga toda su filosofía y los principales acontecimientos de los ilustres pensadores; lo que buscamos es estudiar por medio de la tecnología las posibles reacciones que hubieran tenido estos pensadores que influyeron y son recordados en este dos mil trescientos ochenta y dos más que la mayoría de los millonarios de otros siglos, de otros tiempos.

La información se transmitía mediante un cable conectado al cerebro de los clones de una inteligencia artificial. Todos los acontecimientos del pasado, presente y futuro de estos personajes, todos sus pensamientos, todas sus impresiones, de alguna manera Dios que todo lo ve, era el programa que la corporación de Gog había desarrollado. El primer prototipo de lo que era la tecnología de la realidad virtual. La realidad podía vivirse conectado a un programa y tu cerebro no era capaz ya de distinguir ficción de realidad. El objetivo del déspota Gog: descubrir: ¿Qué dirán los clones que saben todo lo que inventaron los grandes pensadores de los que fueron clonados? ¿Qué dirán de las consecuencias de sus ideas, de la inmensa violencia en la que terminó cada ideología? Solo Dios puede resucitar muertos dicen las historias bíblicas. Antes de poder dominar al tiempo, categoría quizás imposible para la humanidad, Gog quería experimentar con una tecnología a su alcance: la realidad virtual.

– ¿Está lista la información sobre el pasado de los clones en sus mentes o pensamientos?
– Si señor. Respondió el programador.
– Bien maestro, inicia la secuencia de las consecuencias de sus ideas en el siglo XX.
– ¿Con quién iniciamos señor?
– Con Adam Smith en Ruanda maestro. Que sienta lo que significaba vivir en el continente africano durante el siglo XX.
– Todo listo señor.
-Iniciemos.

Los cuerpos de los clones conectados a la primer inteligencia artificial, iniciaban su primer simulación experimental. La cabeza del cuerpo de Adam Smith parecía sufrir convulsiones, luego todo volvió a la quietud.

El refinado escocés despertó mareado sintiendo un calor infernal y respirando una hediondez atroz. No sabía en dónde estaba, revisó sus ropas y parecía nunca haberlas utilizado antes, sintió su abundante sudor. Había despertado en un hotel, salió de su cuarto y observó africanos heridos, no entendió su idioma.

Smith encontró un diario en una mesa abandonado. Afirmaba un genocidio estaba aconteciendo en aquel país. Adam miraba más y más africanos heridos y gente corriendo en su hotel. Estaba en un hotel de Ruanda, país africano en los años noventa del siglo XX. Respiró sofocándose, preguntó en la recepción al único que parecía hablar inglés, – ¿dónde estoy y que acontece?

Sonó el teléfono. Contestó el empleado del hotel y le dio el teléfono a Adam que lo tomó sin saber del todo que objeto le estaban alcanzando, ni cuál era su función, imitó a su interlocutor. Lo tomó con su mano temblorosa.– Si, diga, ¿Señor Smith?. Adam contesta en un inglés pasmado, lento, incrédulo. – Si, hola, dígame.

– ¿Señor Smith? Nuestra compañía de diamantes aún no puede sacarlo del hotel, la situación en el país en el que usted está salió de control.
– No soporto este calor de mierda, yo estaba soñando con mis cátedras en la universidad. ¿Me puedes recordar que hago aquí?
– Señor, usted es nuestro mejor vendedor de diamantes pero no podemos sacarlo de su hotel. La situación en el país que está salió de control señor.
– ¿Y eso que diablos significa?
– Que cuide los diamantes del maletín de su habitación y permanezca armado hasta que los cascos azules o algún militar que contratemos lo saquen del lugar señor.

Colgó el teléfono con agitación. – ¡Joder no soporto este calor! Dijo en su refinado inglés para sus adentros. Regresó a su habitación, se tendió en su cama y vinieron a Adam en forma de recuerdos y ensoñaciones, palabras que se piensan, reflexiones de otros tiempos. Recordaba nítidamente un diálogo que tuvo con un tal David Hume sobre la ética y la moral.

– El hombre se complace en la utilidad decía mi amigo. Simpatizamos con las afecciones y emociones de otros. Debí leer esto en algún sitio del Tratado de la naturaleza humana.

Pensaba esto en medio del bochorno pero no entendía los heridos que vio afuera, ni la llamada que recibió, ni las noticias del diario. Abrió el diario impreso en su inglés natal y leyó: genocidio en Ruanda. – ¿Qué utilidad tengo para la sociedad si acabo de saber que soy un maldito vendedor de diamantes encerrado en un hotel? ¿Por qué pienso y sueño con que soy una especie de filósofo y profesor? Se quedó abismado en sus pensamientos unas horas más y comenzó a soñar con que daba cátedra de filosofía en otro siglo.

Hablaba durante sus sueños en su cátedra del siglo XVIII que simpatizamos no solo con la miseria de los demás, sino también con la alegría. Pontificaba que observar un estado emocional a través de las “miradas y gestos” en otra persona es suficiente para iniciar ese estado emocional en uno mismo. Decía a sus refinados oyentes que no somos insensibles a la situación “real” de la otra persona; en cambio, somos sensibles a cómo nos sentiríamos nosotros mismos si estuviéramos en la situación de la otra persona. Por ejemplo, una madre con un bebé que sufre siente “la imagen más completa de miseria y angustia” mientras que el niño simplemente siente “la inquietud del instante presente”

Lo despertó alguien tocando desesperadamente su puerta. Smith abrió y encontró un soldado inmenso que le dijo en un inglés incipiente: – ¿Señor Smith? No salga de su habitación, en las calles están sucediendo masacres, alrededor del hotel también. Si sale de aquí no me responsabilizó de su seguridad.

Todo parecía para Adam un mal sueño, así que este respondió con sumisión: – de acuerdo, no saldré de aquí. Cerró su puerta, abrió un closet y miró dos maletines de piel repletos de diamantes. Entonces pensó: – ¿Quién se beneficiará de la utilidad de estos diamantes ¿ ¿Quién soy y que hago aquí? Y lo más importante: nadie puede ponerse en el lugar de los que están matando. Es mejor esconderme aquí y no sentir empatía o simpatía por ninguno de los que están en el exterior.

Adam comenzaba a no soportar sus pensamientos contradictorios. – ¿A qué realidad fui arrojado? Pensaba.

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