Inicio Opinión Y entonces septiembre. Chiles y banderas*. Autora: Pilar Torres Anguiano

Y entonces septiembre. Chiles y banderas*. Autora: Pilar Torres Anguiano

“El olvido, y hasta el error histórico,
son factores esenciales para la creación de una nación”.
Ernest Renan

¿Se acuerdan de ese juego de decir lo primero que te viene a la mente cuando te mencionan una palabra? La palabra es septiembre. Empiezo yo: noveno mes, regreso a clases, Navidad (si vas a un Liverpool o a un Costco), Grito, Independencia, desfile, comida, chiles en nogada, carrito de banderas.

Así es el juego, y así también funcionan los conceptos: viajan en palabras y en las imágenes que de pronto nos asaltan. Para mí, septiembre es ver esos carritos atiborrados de banderas y los letreros en los restaurantes que anuncian que ya hay chiles en nogada.

Me gustan más los carritos que los adornos en sí. En este caso, el contenido cautiva más que la extensión y el término dice mucho más de lo que abarca. No llevan únicamente banderitas, sombreros, bigotes de utilería o cornetas; transportan el utilaje de una ficción compartida. Y es que los símbolos, como las palabras, no solo representan las cosas, sino que las traen a la existencia y les dan un espacio para habitar.

Tengo la sospecha de que en realidad no sabemos bien en qué momento exacto dejamos de conmemorar el inicio de una guerra de independencia para comenzar a celebrar algo mucho más ambiguo: la mexicanidad. Y si nos adentramos en esos terrenos, vale la pena recordar que Ernest Renan sugería que la construcción de una nación requiere tanto de la memoria como de un saludable olvido colectivo.

La historia real, desde luego, es sustancialmente más caótica que un desfile militar. La Independencia no trazó una línea recta entre el grito de 1810 y el abrazo de Acatempan. Entre un hito y otro se amontonan traiciones, guerras, constituciones efímeras, criollos vacilantes, realistas pragmáticos, republicanos, monarquistas y hasta un efímero emperador. Sin embargo, septiembre posee la potencia filosófica de traducir ese caos en una narrativa capaz de contarse y compartirse en torno a una mesa. La comunidad imaginada servida en el plato (obviamente, más que los carritos de banderas, a mí me conquistan los chiles en nogada).

Es un terreno complejo porque la mexicanidad —o las mexicanidades— se cocina, se comparte y se transforma. Se eligen colores, se mezclan ingredientes de procedencias disímbolas, se recuerdan historias, se construyen relatos y, con el tiempo, la versión más conveniente se sirve como tradición inmemorial.

Ese nosotros necesita soportes sensibles. Necesita héroes, estandartes, símbolos, tradiciones y recetas con sello propio.

Aunque para algunos la nogada se prepara casi casi con nueces de castilla peladas a mano por vírgenes de Calpan y bendecidas por el obispo de Puebla, la verdad es que no es para tanto. Poco importa si el mito de las monjas clarisas que cocinaron para Agustín de Iturbide resiste el rigor histórico; esos chiles son profundamente republicanos no por su origen, sino por lo que hemos decidido depositar en ellos. Como una pequeña encarnación comestible de la patria, el plato no solo exhibe tres colores; contiene una idea de México hecha de un poco de historia y un mucho de invención, de sabor y hasta de olvido.

Ahí está el detalle: una cosa es la historia que nos contamos para unirnos y otra muy distinta lo que de verdad sucedió. Y no pasa nada. Se pueden celebrar las tradiciones sin volverlas religión, admirar a los personajes históricos con todo y sus contradicciones, y saborear sus costumbres sin pedirles cuentas. Al final, ser de aquí no es creerse todo a ciegas, sino seguir haciéndonos preguntas mientras compartimos la mesa.

Y entonces, septiembre. Al final del juego, la palabra ya no nos trae solo el regreso a clases o la decoración adelantada de la tienda departamental; nos trae una excusa perfecta para sentarnos a comer. No hace falta ponernos demasiado serios: no le exijamos fe de bautismo al chile en nogada ni pureza a la historia (eso sí: siempre y cuando el chile vaya sin capear, porque así se aprecian mejor las texturas). Que rueden los carritos, que vuelen las banderas y que las palabras circulen en mesas llenas de comida; que cada quien decida qué pedazo de ficción le toca poner en su plato este año.

¡Buen provecho!

X: @vasconceliana


* Para Óscar G. Chávez

Deja un comentario

Discover more from Julio Astillero

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading