
A pesar de las nuevas medidas, en varios lugares les fue difícil respetar a “susana distancia”.
Claudia Mendoza | OEM-Informex.
Las tiendas departamentales y las plazas comerciales abrieron este miércoles en medio de estrictas medidas sanitarias, sin embargo, en algunos lugares la “susana distancia” no estuvo del todo presente.
El gobierno de la Ciudad de México, ante la gran afluencia que tuvo el Centro Histórico la semana pasada, pasó del lunes 6 al miércoles 8 de julio la reapertura de plazas comerciales para evitar aglomeraciones pero en algunos lugares la gente estuvo más cerca de lo estipulado.
Largas filas y sin distancia
Plaza Delta fue de los centros comerciales donde más afluencia de gente hubo hasta el punto de “olvidarse” de la sana distancia en medio de las largas filas que se hicieron para poder entrar a las tiendas.
Asimismo, las filas de los empleados que tuvieron que esperar para iniciar su jornada, fueron largas y con poca distancia.
Antara Polanco también contó con largas filas de espera, sin embargo, el uso de cubrebocas, caretas, gel antibacterial, tapetes sanitizantes y medidores de temperatura, estuvieron presentes.
En el caso de ambos lugares, los descuentos que estuvieron promocionando las tiendas, resultó efecto, pues se logró observar a varias personas que en negocios como Zara y Pull and Bear, las personas aprovecharon los descuentos que ofrecían desde el 30 hasta el 50% de descuentos en sus productos.
El otro lado de la moneda
Por otro lado, hubo centros comerciales como Plaza Tepeyecy Reforma 222, donde la afluencia de gente fue poca y casi no hubo clientela.
De acuerdo con el recorrido que realizó El Sol de México por estos lugares, no hubo las grandes filas para ingresar, pero sí muchas medidas sanitarias para evitar contagios de Covid-19.
En Plaza Tepeyec, ubicada en calzada de Guadalupe 431, colonia Guadalupe Tepeyac, en la alcaldía Gustavo A. Madero, para ingresar a este complejo todos los clientes -que portaban obligatoriamente cubrebocas- pasaron por la lectura de temperatura, el tapete sanitizante y el gel antibacterial. Directo en la tienda Suburbia sólo había una entrada y al otro extremo la salida.
En esa tienda eran más los empleados que los compradores, indicaciones por todas partes para que los clientes caminaran hacia su lado derecho, con el fin de que nadie se encontrara de frente. No había música, no había locutor que invitara a conocer las ofertas del momento, tampoco estaba en servicio el probador de ropa, lo que hace la estancia más corta; en media hora se recorren los escaparates y se adquiere el producto escogido.
Una vez ya en la plaza, a las 13:00 horas había establecimientos en los que aún limpiaban los vidrios y el piso, mientras que en otros se veían vendedores ansiosos de atraer algún cliente hacia sus tiendas. Y no todos los negocios pudieron abrir en esta etapa del semáforo epidemiológico en color naranja, ya que en la zona de juegos infantiles hay un carrusel de caballitos que se encuentra acordonado con una cinta roja con la leyenda: “peligro”.
Reforma 222
En Reforma 222, los jóvenes predominaron y fueron los más entusiastas de la reapertura.
Roxana y Sara acababan de ir a solicitar trabajo en algún corporativo ubicado en esa zona y se dieron cuenta de que reabrieron el complejo, por lo que decidieron entrar.
Al preguntarles qué es lo que más extrañaban de esas tiendas, Roxana, de 24 años, respondió: “Salir a la calle, caminar por las plazas, pasear con el novio o los amigos en estas plazas, ya estaba cansada de la televisión y de ver películas y series”.
Qué te parecen todas estas medidas de sanidad, se le preguntó y dijo: “Es depende de cómo lo vea cada persona, porque si es por el bien de cada uno de nosotros está bien, a mí no me importa que me pidan que use cubrebocas y que me ponga gel en las manos, yo sé que es por mi bien”.
En el segundo nivel de la plaza estaba Karen, que esperaba a su mamá afuera de una tienda, donde no podía pasar más que una persona por familia. Comentó a este diario que acudió a comprar porque tiene dos hijos, un niño de seis años y una niña de tres; ambos habían crecido en estos meses de confinamiento y poca ropa ya les quedaba, por lo que decidió adquirir algunas prendas y de paso una blusa para ella.
El objeto del deseo
En la planta baja se ubica la tienda de la marca Nike, y era más visitada a diferencia de otros negocios. La gente de mercadotecnia de estos tenis hicieron bien su trabajo publicitario, ya que durante los meses de confinamiento promovieron nuevos modelos que saldrían a la venta con la reapertura de las tiendas. Jorge, que iba acompañado de su novia, nos platica que tuvo que hacer cita por internet para adquirir uno de estos tenis, “ya que como son modelos únicos en los que se saca poca producción son muy cotizados”.
“Yo hablé y me dieron hasta las 16:00 horas de hoy para comprar mis tenis -los saca de su caja y muestra el gran tesoro adquirido-, había ido a otra tienda, pero tenían mucha gente, son los revendedores”.
¿Están en oferta?, ingenuamente se le preguntó, a lo que contestó: “No, es que en la reventa estos tenis que a mí me costaron tres mil 400 pesos llegan a costar hasta 11 mil pesos, son los revendedores los que los encarecen porque los sacan del mercado y después los ofrecen al precio que quieren”.






