Francisco Félix | julioastillero.com
Entrevistado respecto a la próxima visita de Rosario Piedra Ibarra al Campo Militar 1-A, el historiador Camilo Vicente Ovalle afirmó que sin duda será un acontecimiento significativo al tratarse, por un lado, de la hija de Rosario Ibarra de Piedra, quien fuera pionera en la exigencia de presentación con vida de los desaparecidos en México y, por otro, de un sitio que durante décadas fungió como el centro clandestino más grande del país.
Vicente explicó que el objetivo de la visita al Campo Militar 1-A es revisar la situación que guardan los miembros del ejército que se encuentran en la prisión ubicada dentro de sus instalaciones pues varios de ellos han denunciado maltrato y tortura. El historiador señaló que la actual circunstancia que vive el país podría ser favorable para la revisión histórica del papel de la Sedena en la comisión de crímenes de Estado y de graves violaciones a derechos humanos, sobre todo en las décadas de los setenta y ochenta. Desafortunadamente, dijo hay señales contradictorias al respecto, como lo es la situación del general Cienfuegos, que podría ser un indicador de cerrazón por parte de los militares.
Camilo Vicente recordó datos históricos relativos a la prisión del Campo Militar 1-A. Señaló que, en 1961, el entonces presidente Adolfo López Mateos instruyó a su secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz, a que se creara dentro de las instalaciones de dicho campo, una prisión destinada a contener a un gran número de personas, particularmente presos políticos. Muy pronto se creó otra área, hacia 1968. Al respecto, Vicente comentó que el general Félix Galván López, titular de la Defensa Nacional con José López-Portillo, reconoció años después que dentro del Campo Militar 1-A se adaptó un área para que la Dirección Federal de Seguridad y la Policía Judicial Federal tuvieran detenidos ilegales, por lo que el sitio fue adaptado como un centro clandestino de detención donde fueron torturados y desaparecidos cientos de personas.
Para concluir, el historiador aclaró que no se trató del único campo militar utilizado como centro clandestino de detención, pues hubo otras instalaciones del ejército que sirvieron al mismo propósito. Como ejemplo mencionó al cuartel de la 28ª Zona Militar en Oaxaca y al de la 9ª Zona Militar en Sinaloa.







