¿Vamos bien o vamos mal? La objetividad perdida. Autor: Venus Rey Jr.

0
641

Cuando se habla del gobierno de López Obrador muchas personas pierden objetividad. Los que lo odian, ven en esta administración la peor de la historia. Los que lo aman piensan que su gestión es la mejor, no sólo de México, sino del mundo. Si usted pregunta a, digamos, Javier Lozano o al ex presidente Felipe Calderón, le dirán que AMLO es el demonio, lo peor que ha sucedido al país y que está destruyendo irreversiblemente la economía y las instituciones políticas. Pero si usted conversa con, digamos, John Ackerman o Yeidckol Polevnsky, le dirán que ni Dios habría sido mejor que AMLO en la conducción del gobierno federal. Evidentemente, estas visiones están sesgadas y no pueden ser tomadas en serio. Como todo gobierno, el de López Obrador tiene aciertos y errores.

Algunos opositores de López Obrador lo acusan de polarizar al país y de provocar un ambiente de crispación social que podría salirse de control y desembocar en violencia. Esta acusación es francamente ridícula y no tiene ningún sustento. Los opositores reprochan al presidente que todos los días fomenta el odio al llamarlos fifís y conservadores, que divide al sentenciar que los que no están de acuerdo con él son simpatizantes de la mafia del poder. A decir verdad, opositores y seguidores del presidente se polarizan a sí mismos, y la prueba está en las personas que mencioné en el párrafo anterior. ¿Usted cree que Javier Lozano o Felipe Calderón están polarizados por las conferencias matutinas de López Obrador? Claro que no. Están polarizados desde hace más de dos décadas, particularmente desde el momento en que temieron que AMLO ganara la presidencia en 2006, desde los días en que Fox orquestó el desafuero para dejar fuera de combate al tabasqueño, e incluso antes, desde que el odiado rival ganó la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal y se consolidó como uno de los actores políticos de mayor influencia. Cuando se emprende una campaña nacional de desprestigio y se etiqueta al adversario como “un peligro para México”, ¿quiénes están polarizando? Y no campaña cualquiera, sino una campaña que ha sido permanente desde hace más de quince años. Que estos personajes digan que AMLO polariza es un desatino y una desvergüenza. Que haya gente que se los crea es aún más triste.

Por otro lado está la lisonja gratuita e incondicional. Es posible que tanto elogio al presidente se deba a un verdadero amor, de esos amores que impiden al enamorado pensar racionalmente. La psicología ha estudiado el estado de enamoramiento y ha demostrado que bajo sus efectos, el enamorado pierde objetividad y es incapaz de ver los defectos del ser amado. Por eso cuando una persona está perdidamente enamorada, es capaz de soportar malos tratos, humillaciones y hasta palizas. Esto es lo que están padeciendo ahora mismo los que creen que nunca México había tenido un gobernante tan excelente: el prócer por antonomasia de la patria. Cuando escucho comentarios como los de Polevnsky o Ackerman, no los culpo; entiendo que sus opiniones son producto de una admiración desmedida por su líder y que, bajo ese estado, es muy difícil ver las cosas con objetividad. No los culpo, pero tampoco los puedo tomar en serio.

Calderón, Lozano, Polevnsky y Ackerman son figuras que de algún modo representan a quienes detestan al presidente y a quienes le aman. Hay Calderones-Lozanos y Ackermans-Polevnskys en todos lados. Usted se los encuentra en los cafés, en las plazas, en las comidas familiares, en las reuniones con los amigos, en los chats de sus compañeros de la universidad, en los taxis, en todas partes. Todos ellos creen que poseen la razón absoluta y desprecian a los que piensan diferente: “cómo alguien puede simpatizar con el Peje –dirían los Calderones-Lozanos–, si es nefasto y horrendo, hay que ser idiota para apoyar a semejante engendro: treinta millones de nacos lo encumbraron”. Y así, para esta facción, los que sienten alguna simpatía por el presidente son subnormales. Pero lo mismo del otro lado: “cómo alguien no puede ver y aceptar que López Obrador es el mejor presidente de nuestra historia –dirían los Ackermans-Polevnskys–, si es tan bueno y heroico, hasta bien parecido, caray, habría que ser un indolente fifí para no apoyarlo y para no reconocer su extraordinaria valía.”

El presidente no polariza a nadie. La gente ya está polarizada y ha tomado partido. Pero tampoco es que sea tan grave como algunos suponen. Hoy por hoy, según las principales encuestas, el presidente goza de casi 70% del respaldo popular. Tampoco es que México esté tan polarizado: sólo 30 de cada 100 mexicanos lo reprueba; los 70 restantes, inmensa mayoría, lo respaldan. Y si lo respaldan es porque, a juicio de esta mayoría, el presidente está haciendo un buen trabajo. Mucha gente piensa que el pueblo es tonto, bruto y salvaje. Pero la verdad es que no es cierto. Tener una visión así del pueblo mexicano revela gran frivolidad y nulo entendimiento.

A mi juicio, el pueblo ha llegado a una madurez que le permite utilizar el más efectivo poder de que dispone: el voto. Calderón tal vez pensó que el pueblo era estúpido y que votarían por su candidata, Josefina Vázquez Mota, a pesar de que el sexenio terminó en desastre. Pero se equivocó. El PAN cayó estrepitosamente. De ser la primera fuerza política, pasó a ser la tercera. Toda una humillación. Regresó el PRI y lo hizo tan mal que superó a Calderón. El PRI, pensando que el pueblo es estúpido, supuso que con una buena campaña, un candidato con prestigio y una propaganda negra contra el candidato del PAN y contra AMLO, sería suficiente para ganar la elección y continuar haciendo fechorías. Pero el PRI se equivocó, perdió la elección y se convirtió en una fuerza no de tercera, sino de cuarta o de quinta. El PRI, que es el partido que mayor mal ha causado a México, quedó totalmente derrotado (moral e históricamente derrotado). El pueblo se cansó de tanta suciedad y corrió al PRI y al PAN. El PAN, que tuvo el honor histórico de derrotar al PRI en 2000, en lugar de cambiar el rumbo de México y erradicar la corrupción, sus dos presidentes, Fox y Calderón, se acomodaron como príncipes frívolamente en Los Pinos y se dejaron llevar por el “sistema”. El PRI, que tuvo la oportunidad histórica de regresar al gobierno, superó todo lo concebible en materia de abuso y corrupción. De algún modo se sabía que eso ocurriría, así que tampoco hay que sorprenderse tanto. El PRI refrendó, como siempre, que es como los alacranes más venenosos y arteros: si te lo pones en la mano, por mucho que te prometa que es bueno y noble, te va a picar. El pueblo, cansado y harto, votó masivamente por Morena y eligió a AMLO con la esperanza de un cambio sustancial y radical. Pero atención: si AMLO y Morena fallan, si incurren en los tan perniciosos vicios que eran la norma cotidiana del PRI y del PAN, si decepcionan, el electorado les dará la espalda y perderán la elección de 2024. Si lo hacen bien, volverán a arrasar.

¿Vamos bien o vamos mal? Si usted pregunta a los Calderones-Lozanos, estamos peor que Venezuela. Si usted pregunta a los Ackermans-Polevnskys, estamos mejor que Finlandia. Usted y yo sabemos que ninguna de estas dos posturas puede ser verdadera. El gobierno de López Obrador tiene puntos muy destacados y plausibles, pero también tiene aspectos muy criticables. Hablaré de ello en el siguiente artículo.

@VenusReyJr

Deja un comentario