¿Va a desaparecer el PRI? A propósito de las elecciones del 5 de junio de 2022. Autor: Venus Rey Jr.

No hay partido político que no peque de optimista si de elecciones se trata. Mario Delgado, presidente nacional de Morena, dijo que ganarán seis de seis, mientras que algunos opositores aseguraron que se llevarían tres y hasta cuatro de las seis elecciones que estarán en juego el próximo domingo 5 de junio. Habrá elecciones a gobernador en Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas.

Se oyen también algunos disparates de parte de Morena cuando aseguran que en estas elecciones los ciudadanos le pasarán factura al PRI, al PAN, al PRD y a MC por no haber apoyado la reforma eléctrica de López Obrador. El resultado de estas elecciones se preveía favorable a Morena no ahora, sino desde hace al menos un año. Que la oposición haya echado abajo la reforma constitucional del presidente López Obrador no tendrá nada que ver con los resultados de la elección del domingo 5 de junio. Yo creo que Morena triunfará, si no en los seis estados, como asegura Mario Delgado, sí al menos en cuatro.

Es muy probable que Morena pierda en Aguascalientes. En noviembre del año pasado, Marko Cortés, presidente nacional del PAN, reconoció que su partido solo podría ganar esa elección. Su apreciación no estaba alejada de la realidad. Este estado es el único en el que tiene la oposición el triunfo casi asegurado. Ha sido un bastión panista, es una región muy conservadora –en el sentido costumbrista del término– y ahí se registran algunos de los mayores niveles de desaprobación del presidente López Obrador. Con Aguascalientes ganada, la oposición debe darse por bien servida. Todo lo que pueda obtener a partir de ahí será algo casi caído del cielo.

Durango es un estado de volteretas, para usar un término futbolístico. En un primer momento, Morena parecía imbatible, pero después la oposición ganó terreno y empezó a rebasar a Morena en las encuestas. Sin embargo, últimamente parece que Morena se recupera y ese impulso final podría llevarla a ganar el estado. La moneda está en aire. De lo perdido, lo que aparezca, dice el refrán, de modo que si la oposición gana en Durango, deberán sentirse sumamente contentos. Yo creo que eso es finalmente lo que sucederá.

En los otros cuatro estados las tendencias favorecen a Morena. Hidalgo, Oaxaca y Quintana Roo los ganará sin ningún problema. En estos tres estados la jornada del 5 de junio será un día de pique-nique y Morena se alzará con la victoria sin siquiera despeinarse. En Tamaulipas la elección podría ser un poco más cerrada, pero Morena debe ganarla sin demasiadas complicaciones ni tanto sufrimiento.

Así las cosas, mi pronóstico es que la oposición se lleva Aguascalientes y Durango, y Morena se lleva Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas. Será un 4-2.

Hay otros dos escenarios menos probables, pero posibles. Helos aquí, del más probable al menos probable:

A) Morena gana Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas. La oposición gana únicamente Aguascalientes. 5-1. Paliza.

B) Morena gana Hidalgo, Oaxaca y Quintana Roo; pierde Aguascalientes, Durango y Tamaulipas. Esto implicaría un 3-3, que es un empate, pero significaría una derrota monumental para Morena.

¿Quién es el que más pierde y quién el que más gana?

El PRI, sin duda, es el partido que más pierde. Desde las elecciones de 2017 en el Estado de México y Coahuila, el PRI no ha vuelto a ganar una elección a gobernador. En 2018, el PRI tenía catorce gobernadores. Hoy le quedan cuatro y va a perder dos el siguiente domingo: Hidalgo y Oaxaca. Los únicos gobernadores priístas serán el de Coahuila (Riquelme) y el del Estado de México (Del Mazo), y es muy probable que también pierdan esos dos bastiones (ahí nunca ha gobernado un partido que no sea el PRI) en 2023. Los gobernadores priístas son una especie en extinción. El PRI, yo diría, es un partido que está en proceso de desaparición. Ya lo dijo Peña Nieto luego de la derrota de julio de 2018: “El Partido Revolucionario Institucional debería de cambiar de nombre y de esencia, pues si conserva los apellidos, entonces no funciona.”

Debemos reconocer que las palabras de Peña Nieto estaban llenas de verdad. El proceso de desintegración del tricolor inició allá en 1988, cuando el sector izquierdista y nacionalista del PRI se escindió y nació lo que sería el PRD. Cuando quedó claro que el PRD había perdido su espíritu contestatario de izquierda y se había convertido en comparsa del gobierno de Peña Nieto, el partido se resquebrajó y hubo una desbandada hacia Morena, que había sido recientemente fundado por López Obrador. Y ahora los priístas, al ver barco naufragar, corren a los brazos de Morena. Decía el corrupto presidente Álvaro Obregón con su tradicional cinismo, que “nadie resiste cañonazos de 50 mil pesos” (50 mil pesos de aquellos). Ahora podemos modificar ligeramente esas palabras y afirmar que hoy “nadie resiste cañonazos de una embajada”. Los gobernadores priístas han facilitado las derrotas de su partido y en algunos casos la impresión ha sido francamente en el sentido de que el gobernador o gobernadora priísta entregó el estado en bandeja de oro al presidente López Obrador. Algunos de ellos recibieron una embajada como recompensa. Tratándose de Hidalgo y Oaxaca, todavía gobernados por el PRI, yo aconsejaría a Omar Fayad y a Alejandro Murat que ya de plano vayan con Mario Moreno, se tomen la foto y saquen sus credenciales de Morena. Y otro tanto le aconsejaría también a Alfredo del Mazo.

Quien más gana es Morena, sin duda. En 2018 no tenía un solo gobernador y hoy cuenta con dieciséis. Y si a ello agregamos cuatro más que ganará el siguiente domingo, Morena llegará a veinte. De 0 a 20 gobernadores en cuatro años. La gente que odia a Morena y al presidente no se explican por qué. A su juicio, López Obrador es el peor presidente que ha tenido México y los daños causados al país son tremendos e irreversibles, de modo que no pueden entender cómo, bajo esas circunstancias, Morena y el presidente se vayan a alzar con la victoria en al menos cuatro estados de los seis que se disputan este 5 de junio. Pero, sabe usted, la democracia es algo maravilloso: una persona, un voto. No importa si esa persona tiene o no dinero, si tiene doctorados en el extranjero o no, ni su preferencia sexual ni religión, ni nada. Una persona, un voto, así de simple. Vale igual el voto del mexicano más poderoso y encumbrado que el del mexicano más humilde. Por esta razón, los partidos elitistas, los partidos excluyentes, están necesariamente destinados a perder. Puede ser que las clases privilegiadas con su poderío económico se impongan sobre las clases populares, pero éstas pueden revertir eso a través del voto, y ello es posible gracias a la democracia. Yo creo que eso es lo que ha estado sucediendo desde que López Obrador ganó la elección de julio de 2018. Conste que no me estoy pronunciando sobre la bondad o maldad de este gobierno –ese es otro tema–, sino simplemente estoy subrayando el hecho de que por primera vez millones de mexicanos sienten que su voz es escuchada y vale. Algunos sectores de las élites piensan que eso es el populismo, y que hay que extirparlo porque es un cáncer. Yo tengo la impresión –probablemente equivocada– de que millones de mexicanos piensan –no estoy todavía seguro si fundada o infundadamente, pero eso también sería otro tema– que el momento del pueblo ha llegado. Mientras este sentimiento prevalezca, el presidente y Morena seguirán ganando elecciones.

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