Una solución en tiempos de Covid-19. Autora: Emma Rubio

Estamos en una contingencia, ya es de todos sabido, pues muchas cosas están cambiando en nuestro modo de vivir, y muchas más son las que nos tenemos que replantear, pues es inminente ya el grito de auxilio que surge no sólo de la vida misma sino hasta de nuestro inconsciente. El mundo necesita deconstruirse y quizá como dijo Heidegger en sus tiempos, necesita un llamado a los dioses, pues tal parece que estamos experimentando la huída de los dioses, la penumbra para el humano es ahora su estado pues hay tal incertidumbre y tal miedo que tal parece que sólo los dioses podrán salvarnos. ¿Pero qué más dioses que la conciencia misma? Pues tan sólo asomémonos hacia la naturaleza, y veremos cómo se encuentra renaciendo. Pareciera que de años de un cáncer por fin está recuperando su vida, si así es, el ser humano ha sido la enfermedad de la vida misma. Y lo más lamentable es que dudo que se haga tal conciencia que nos haga cambiar nuestro estilo de vida a menos que sea como en este momento, forzoso.

Siempre he dicho que la base de toda sociedad es la salud y la educación, y ambos rubros ya quedó demostrado que han sido de los más olvidados, y muestra de ello está en las comunidades educativas en donde a los padres parece que poco les importa la educación de sus hijos. Y esto lo digo a cuento de cómo en muchas escuelas privadas se ha hecho el esfuerzo de seguir ofreciendo el servicio educativo a los alumnos desde las múltiples plataformas que existen para llevar a cabo cursos en línea, pero ni padres ni alumnos consideran que siguen recibiendo su educación. Al grado de que se han negado a pagar generando de este modo despidos, bajas de sueldos y todo de aquello por lo cual ellos mismos piden empatía. ¿Se dan cuenta del gran círculo vicioso que se genera? El egoísmo como protagonista, antecediendo a la conciencia, a la solidaridad y mucho menos, al bien común. Es esto un pequeño reflejo del comportamiento a nivel mundial de la sociedad. Si no me cree, vea nada más cómo se ha comportado la gran Unión Europea, tan egoístas, el viejo continente sin duda está demostrando ser muy viejo en ideales, en valores, en mente.

Es una pena darse cuenta de lo mezquinos que podemos llegar a ser, como decía Nietzsche “La triste causa de que, a pesar de todo, no se consiga manifestar por ningún lado una honradez completa es la pobreza espiritual de nuestra época.” ¿Pero qué hacer antes esto? Educar. Es tiempo de abrir las puertas y ventanas a la educación, ha estado rezagada por años, se ha convertido en un negocio y es claro que no ha servido de nada, preocupante es que haya padres y madres que se indignan si uno les llama para avisarles que sus hijas o hijos no están trabajando. Están a la defensiva y esto es porque vivimos en una sociedad tan violenta que no es de extrañar que cada comentario con tintes de negación produzca una reacción. Sin embargo, ya no tenemos tiempo para debatir si es o no la educación la respuesta idónea para todo, simplemente es y ya.

La educación nos hace pensar, algo ya no muy practicado últimamente pues no es lo mismo aprender conocimiento que adquirir educación, y ojo, muchas familias pagan con conciencia y voluntad por un ejercicio de estos, mas no por una educación. El pensador Todtnauberg consideraba que el pensar es propio del ser, es decir, el pensar pertenece al ser y perteneciendo al ser, escucha al ser. Esto significa que si pensamos estamos apelando a nuestro ser el cual es capaz de escuchar también, por ende, el que piensa, piensa con el otro. Aquí hay un supuesto y es el de la alteridad, somos con los otros. Ahora recuerdo a Heidegger cuando dice que pensar es entonces recordar y agradecer. Es decir, pensar para Heidegger es el recuerdo que lo recoge todo en sí, y se recoge a sí mismo. Así entonces, la educación es justo lo que nos otorga la facultad del pensar y el ser capaces de hacerlo, nos lleva a la emoción más linda que puede sentir un ser vivo, la gratitud. La gratitud es el pensar, así como la irreflexión es la más profunda ingratitud. La gratitud no consiste en que nosotros nos presentemos con un don para saldar cuentas, pagando con un don y luego otro como un contrato mercantil; la pura gratitud consiste en pensar aquello que hay que pensar y es justo la gratitud primigenia el deberse a otro. Por tanto, la educación nos hace tener la conciencia de que en el pensamiento se encuentra el ser agradecidos con los demás y es justo la real educación. Esa que falta a todos y todas que ponderan sus propios intereses y beneficios, esos que compran vasto sin importarles si habrá para los demás, esos que salen porque se aburren sin importarles que puedan poner en riesgo a otros, esos que exigen no pagar cuotas sin importar que eso deje sin empleo a otros.

No lo sé, tan sólo cabe pensar y esperar que seamos más los que realmente estamos observando a la naturaleza respirar sin nosotros y los que estamos entendiendo que nuestro estilo de vida simplemente ya no puede seguir más o todos moriremos y no por un virus sino por todo lo que nos estamos acabando con tan obsceno egoísmo. El poeta Hölderlin decía: “Y permanecen desconocidos entre sí, mientras están erguidos, los troncos vecinos” ya no es timepo de desconocernos, aceptemos que somos una misma especie y que el tiempo acaece funesto si no dejamos de lado nuestros absurdos egoísmos y nuestra falta de capacidad para pensar y por ende, de agradecer. Para terminar les dejo las sabias palabras del gran Píndaro: “¿Por qué crees tú que sea saber, aquello poco por lo cual un hombre supera a otro?”

@Hadacosquillas

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