Un joven de Ibiza y otro de Irapuato. Autor: Federico Anaya Gallardo

Si googleo “Ibiza” el buscador relaciona “playa”, “fiesta” y “España”. No aparece “antropología”. Si agrego esta última palabra finalmente aparece Ángel Pálerm Vich (1917-1980). Este ibicenco (en realidad eivissenc) salió de aquella isla balear para estudiar Historia en la Universidad de Barcelona a los 19 años. Su vida universitaria duró poco. El levantamiento fascista y la guerra civil lo llevaron a tomar las armas. En 1939, mayor del ejército republicano a los 22 años, fue de los últimos en cruzar la frontera rumbo a Francia –adonde le encerraron en un campo de concentración. Finalmente llegó a México. Se le ubica entre los anarquistas y en la lucha contra los estalinistas. Una nota de 2017 en el Periódico de Ibiza nos cuenta una historia ¿fantasiosa? que lo ubica a un tiempo en las redes de refugiados republicanos y en el margen de la conspiración estalinista contra Trotsky. (Liga 1.) Pálerm se tardó en reingresar a la Academia. De acuerdo a la biografía que preparó su alumna Patricia Torres Mejía, antes de matricularse de nuevo como estudiante universitario, Ángel fue vendedor de máquinas de escribir, bodeguero en La Merced e impresor… y probablemente activista republicano. (Vida y Obra, Ibero, 2016.) A partir de 1944 (27 años) es otra vez estudiante. Se gradúa como maestro de la ENAH y en 1952 inicia un segundo exilio, para estudiar un doctorado en planeación en Washington, DC. Pasará doce años en la Costa Este, estudiando, dando clases y trabajando como investigador en la OEA. Es en ese escenario estadunidense (a un tiempo macartista y de lucha por los derechos civiles) en que Pálerm profundizó su acercamiento marxista a la antropología. Desde allá hizo contacto con Gonzalo Aguirre Beltrán, quien fortalecía los trabajos del INI que describía Fernando Benítez en su La Última Frontera (1963). Desde la capital imperial Pálerm empezó una colaboración profunda con la antropología mexicana; trabajos que llevarían a la fundación de lo que hoy son FLACSO y CIESAS. Pálerm está de regreso en México en 1964, dando clases en la ENAH.

Y entonces ocurrió el 2 de Octubre de 1968 y el gran quiebre entre el Estado mexicano y los intelectuales. Los abajofirmantes de 2020 veneran la renuncia de Octavio Paz a nuestra Embajada en Nueva Delhi. En un evento menos celebrado, pero tan importante como aquél para la intelligentsia mexicana, Pálerm abandonó la ENAH y se refugió en la Universidad Iberoamericana. La paradoja de que un académico marxista como él fuese recibido en una casa jesuita se explica porque en esos días la Compañía optaba por los pobres. Cinco años más tarde, los padres de San Ignacio cerrarán el elegante Colegio Patria en Polanco (adonde estudiara poco antes un adolescente quintanarroense llamado Héctor Aguilar Camín) y se irían a sus Misiones en Huayacocotla (Veracruz), Sisoguichi (Chihuahua) o Bachajón (Chiapas).

Ahora pido al lector que me acompañe en la reseña de otra biografía, la de Samuel Ruiz García. Nació en Irapuato, Guanajuato, en 1924. Sus padres eran migrantes mexicanos que acababan de repatriarse desde EU. En ese año, Pálerm tenía siete años y se criaba en una casa de comerciantes prósperos de Ibiza. En 1937, Ruiz cumplió trece años y entró al seminario católico en la levítica León; mientras Pálerm, de 20 años, era soldado anarquista y republicano en la Barcelona roja. En 1947, Samuel Ruiz de 23 años fue enviado a Roma a estudiar teología en la Universidad Gregoriana; mientras Pálerm estudiaba etnología en la ENAH de México. En 1954, el padre Ruiz, de 30 años, regresa a León como director del seminario; mientras Pálerm, de 37 años, estudiaba su doctorado en EU. En 1959, Ruiz es preconizado Obispo de Chiapas. Recordemos la descripción que nos dio de él Fernando Benítez en 1962: joven, agradable y sencillo… aunque fanático y anticomunista. Ruiz acababa de cumplir 37 años y aún no era jTatic. En ese tiempo, Ángel Pálerm enseñaba antropología social en Washington, debatía teoría marxista para explicar el surgimiento del Estado en mesoamérica… y era alto funcionario de una OEA que acababa de expulsar a Cuba. Si nuestro cuento parase aquí, tanto el joven de Ibiza como el de Irapuato merecerían la condena de sus pueblos.

Pero los pueblos tienen una extraña virtud: pueden rescatar a sus élites. Para eso, los de Arriba deben acompañar a los de Abajo. En 1962, el agradable pero anticomunista obispo Ruiz fundó dos escuelas para formar catequistas en Ciudad Las Casas. Una para muchachos (a cargo de los hermanos Maristas). Otra para muchachas (a cargo de las hermanas del Divino Pastor). Por su parte, los jesuitas habían abierto su Misión en Bachajón y, un poco sin querer, decidieron “salir a la periferia … al encuentro de la gente dispersa por la sierra”. En unos cuantos años, “este contacto íntimo con las comunidades, potenció el que los agentes de pastoral, con el Sr. Obispo a la cabeza, fueran haciéndose conscientes de la realidad de opresión del indígena. Paulatinamente se fue llegando a la indignación ética”. (Mardonio Morales, “Congreso Indígena”, 1974.)

Esa indignación fue acompañada por el descubrimiento de que se estaba ante un Otro. Samuel Ruiz García –quien en 1962, fastidiado por las preguntas del periodista, había dicho a Benítez que el INI y sus antropólogos fomentaban el comunismo– descubrió que él mismo debía volverse antropólogo. Serendipias de la historia intelectual, in ilo tempore (en aquellos tiempos)Ángel Pálerm acababa de buscar refugio en la universidad jesuita de la Ciudad de México. Allí se encontraron el obispo y el antropólogo. JTatic nos contaba, en 2000, que el encuentro se mantuvo en la mayor discreción. Ambos convinieron en que sería complicado explicar su convergencia tanto a los conservadores hermanos obispos de Ruiz como a los camaradas izquierdistas de Pálerm. Fueron discretos pero colaboraron seriamente. Todos los agentes de pastoral se entrenaron en antropología social. En 1977, en textos destinados a compartir la experiencia de la Misión en Bachajón y evaluar los retos sociales, el jesuita Mardonio Morales recordaba una conferencia de Arturo Warman acerca de la resistencia centenaria de los pueblos indígenas y citaba un artículo de 1973 por el mismo autor. Mardonio explicaba a sus hermanos jesuitas que los indígenas “buscan … en la escuela, no propiamente una educación –la de ellos es infinitamente superior- sino una capacitación para poder enfrentarse al opresor. Por eso piden aprender castellano, por eso quieren que sus hijos lleguen al mismo nivel académico que el ladino.” (“Educación Indígena e Instrucción Nacional”, 1977.) Faltaba mucho, ciertamente, pero en las décadas que siguieron la diócesis de San Cristóbal “convertida a la antropología” acompañó a sus pueblos en la lucha por la autonomía y la interculturalidad.

Así concluye la historia de dos jóvenes. Uno de Ibiza y rojo. Otro de Irapuato y purpurado. Ambos perdidos en los juegos egoístas de la élite en 1960. Ambos terminaron sirviendo a sus pueblos. Es interesante que el quiebre del 2 de Octubre, en el que se rompió definitivamente el perverso romance entre el régimen priísta y sus intelectuales, haya provocado la llegada del eivissenc a la Ibero… adonde le encontró el obispo que deseaba volverse antropólogo. El jTatic diría que azar debe escribirse con mayúscula por respeto a lo divino. Supongo que Pálerm no estaría de acuerdo. Como dicen en Las Casas: “¡a sabeeer!” El hecho es que se encontraron.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.periodicodeibiza.es/pitiusas/ibiza/2017/09/25/294199/angel-palerm-ibicenco-era-amigo-del-hombre-asesino-leon-troski.html

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

Deja un comentario