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Tres estampas del empoderamiento de Claudia y el declive de AMLO. Autor: José Reyes Doria

Fotos: Cuartoscuro

AMLO y su grupo estarían, si no en jaque, sí en una situación donde ya no tienen la iniciativa, sino que están en una fase de reflujo.

José Reyes Doria | @jos_redo

La percepción generalizada, al momento que la presidenta Claudia Sheinbaum tomo posesión, el 1º de octubre, era que llegaba muy acotada políticamente por el ex presidente AMLO. Recordemos: AMLO colocó la mitad del nuevo gabinete, incluyendo las estratégicas carteras de política interior, política económica, política social y política exterior; AMLO instaló como coordinadores de la mayoría en el Congreso a dos personajes ligados a él y adversarios acérrimos de la Presidenta en la carrera presidencial; AMLO dictó, en los últimos meses de su gobierno, una abrumadora agenda de reformas constitucionales, incluyendo reformas telúricas como la del Poder Judicial, agenda que restaba significativamente el margen de maniobra de la Presidenta para imprimir su personalidad y prioridades a su mandato; AMLO colocó a su hijo en la cartera de organización de Morena, en un mensaje inequívoco de que no quería soltar ningún hilo de poder en el escenario político.

Muchos otros factores menos visibles, pero igual de potentes, se sumaban a esa especie de camisa de fuerza que, en la percepción general, AMLO diseñó para incidir en las decisiones fundamentales del nuevo gobierno. Desde el inicio del sexenio de Claudia, muchas voces ponían sobre la mesa la necesidad de que la Presidenta se sacudiera esos controles en la medida que las circunstancias lo permitieran. Unos opinaban que debía hacerlo rápido y de forma contundente, otros pensaban que no debía hacerlo, pues el grupo de poder de AMLO podría reaccionar con acciones capaces de condicionar aún más a la Presidenta.

Muchos pensamos que en los altos niveles del poder es imposible que coexistan por mucho tiempo dos polos confrontados por el dominio: la dinámica del poder siempre impulsa, tarde o temprano, al sometimiento de un grupo al dominio del otro. Desde luego, siempre, o casi siempre, es el poder legítimo, constitucional, el que acaba por imponerse, porque cuenta con todas las atribuciones legales y legítimas en materia de fuerza, inteligencia, información, recursos y jerarquía sobre todos los servidores públicos, incluyendo militares, marinos y policías.

En este equilibrio de fuerzas inicial entre los grupos AMLO-Claudia, por lo tanto, la Presidenta tenía la ventaja de contar con el mandato legítimo-constitucional y con un respaldo popular que, en las urnas, se refrendó con más votos que los obtenidos por AMLO en su momento. Además, contaba y cuenta la Presidenta con posiciones propias en su gabinete que, bien explotadas, le ayudarían a ir ganando paulatinamente posiciones de poder real. Esas posiciones son en el gabinete energético, en Economía y, sobre todo, en Seguridad Pública con Omar García Harfuch, un personaje de grandes capacidades y relaciones en este sector determinante, y que para nada tiene empatía con AMLO ni personajes del grupo político de éste como Clara Brugada y otros gobernadores.

El factor Donald Trump, ha sido un catalizador que concentra apoyo social y político en torno a la Presidenta Sheinbaum, porque las agresiones y amenaza del presidente estadounidense son reales y graves. En estos meses, el factor Trump coincidió con otros hechos que han exhibido o debilitado a personajes políticos claramente ligados a AMLO, como Andy López Beltrán, Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña, entre otros. Sean escándalos de corrupción, o escenas de derroche y soberbia, o de plano presuntas ligas con el crimen organizado, inducidas o no estas escenas desde Palacio, lo cierto es que varios soldados políticos de AMLO se han achicado, mientras la figura de la Presidenta crece en contraste.

En este escenario, ocurrieron en estos días tres estampas que pueden interpretarse como la puesta en escena de la toma real del poder por parte de la Presidenta, y la retirada estratégica de AMLO y su grupo. Veamos:

Primera Estampa: el primer Informe de la Presidenta. No por las cifras y logros de su gobierno, sino por el mensaje de poder que envió con la propia escenificación del evento en Palacio Nacional. Hubo muchos mensajes en la composición del presídium y los lugares de privilegio entre los asistentes. Lo que más llamó la atención fue que Andy López Beltrán y Adán Augusto López o Fernández Noroña fueron sentados en una lejana fila, en contraste con las ceremonias del ex presidente AMLO, e incluso en los primeros eventos de la Presidenta Claudia, donde estos personajes ocupaban la primera fila o hasta el presídium. La forma es fondo.

Durante los primeros meses de gobierno de Sheinbaum, estos personajes realizaron diversas acciones políticas y parlamentarias para hacer evidente que la Presidenta no era su jefa, incluyendo aquel desplante donde le dieron la espalda cuando ella iba pasando a su lado en un evento en el Zócalo. Hoy, esos políticos andan de capa caída, algunos de ellos incluso con serias advertencias de que su situación puede deteriorarse aún más. Además, el mensaje de poder al marginarlos de un evento capital en el ritual presidencial, no solo es para ellos, sino para todos los demás.

Segunda Estampa: el mismo 1º de septiembre, por la noche, la Presidenta asistió a la instalación de la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación. La imagen lograda en ese acto es muy potente: la Presidenta como invitada y jefa. En el presídium estaban la Presidenta, el presidente de la Corte, Hugo Aguilar, la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez. Los tres Poderes de la Unión codo con codo, todos los titulares de esos poderes de filiación o vínculos morenista. El ritual de esa noche para recibir a la Presidenta en la Corte y las caravanas que le brindaron hacen pensar que, más que morenistas, son ahora son sobre todo claudistas.

Con la dosis de veneno propia del caso, el periódico Reforma tituló esa imagen así: “Todo el poder”. Porque, en general, así es. Más allá de las formas y las valoraciones morales, la realidad política que proyectó esa imagen es que la Presidenta ha ganado preponderancia o hegemonía sobre el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Es muy previsible que, en estas tendencias políticas, los legisladores de la mayoría morenista, con plena disposición de sus coordinadores, acaten de hoy en adelante sin resistencias las prioridades legislativas de Palacio; incluso, si damos crédito a la versión, la maniobra para que la presidencia de la Cámara de Diputados a una diputada panista, Kenia López, se diera después del 1º de septiembre para que no saliera en la foto histórica, esa maniobra fue operada sin chistar por el coordinador parlamentario morenista.

De igual forma, es por demás previsible que ningún ministro de la Corte, mucho menos su presidente, se opondrán a las prioridades judiciales de Palacio.

Tercera Estampa: el combate al huachicol fiscal que embarra a la Marina. Más allá de los pormenores de esta compleja trama, lo que entraña un mensaje político significativo es que esta acción policíaca apunta al corazón de la narrativa político-moral del ex presidente AMLO. Resquebraja el discurso que hasta el último día de su gobierno manejó López Obrador en el sentido de que en su sexenio se había acabado el huachicol. La información sobre este golpe al huachicol fiscal, en conjunto con otras acciones de confiscaciones de buques clandestinos, permiten suponer que, lejos de acabar con el huachicol, en el gobierno de AMLO creció hasta adquirir dimensiones colosales.

Esta operación policíaca también tiene la consecuencia de implicar al Secretario de Marina de AMLO, lo cual arroja sombras de sospechas sobre el papel que jugó el ex presidente, si sabía o no sabía. No se hicieron esperar los videos de AMLO donde se jactaba y aseguraba contundentemente que, en los negocios corruptos jugosos, el Presidente de la República siempre estaba enterado y, por lo tanto, la corrupción a esos niveles siempre contaba con el visto bueno presidencial. Pero la caja de Pandora así abierta, tiende tentáculos por todos lados con el potencial de implicar a personajes muy cercanos a AMLO.

Lo anterior, sumado a las presuntas presiones de Estados Unidos para que México entregue o procese a políticos de sexenios anteriores implicados con el crimen organizado, es uno de los factores que nos hacen pensar que AMLO y su grupo estarían, si no en jaque, sí en una situación donde ya no tienen la iniciativa, sino que están en una fase de reflujo.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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