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Todo mundo se está “destapando” para las elecciones presidenciales de 2024. Autor: Venus Rey Jr.

Foto: @alitomorenoc

Durante la 23ª Asamblea Nacional del PRI, que tuvo lugar el fin de semana pasado, Alejandro “Alito” Moreno, presidente nacional de ese partido, se auto-destapó para ser el candidato que, según él, en coalición con el PAN y el PRD, derrotará a Morena en las elecciones presidenciales de 2024. Dice “Alito” que tiene juventud (46 años) y mucha experiencia, pues ha sido tres veces diputado, senador, gobernador y presidente del tricolor. Como dice la canción de Luis Miguel: “tengo todo… excepto a ti”.

Apenas vamos a la mitad del sexenio, pero los aspirantes de todos los bandos están muy activos. Ya sabemos que en Morena hay al menos tres nombres fuertes, que quieren y que pueden, y que de manera implícita o explícita ya se destaparon o han sido destapados, incluso por el propio presidente: Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal; sin duda ellos serían muy competitivos. Yo agregaría al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, paisano del presidente y hombre de toda su confianza. Se habla también de personas como Tatiana Clouthier, Rocío Nahle, Gerardo Fernández Noroña, Esteban Moctezuma y Juan Ramón de la Fuente. Vaya, los entusiastas del presidente dicen que tienen candidatos como para aventar al cielo, que la caballada está híper nutrida, y no les falta razón. Cualquiera que sea el candidato de Morena será muy competitivo y será el rival a vencer. Por parte del PAN, hace varios meses Ricardo Anaya se auto-destapó en uno de sus videos, y el sábado pasado, un emocionado “Alito” lo hizo bajo los vítores de “Presidente, Presidente” que le brindaron los entusiasmados asistentes a la 23ª Asamblea Nacional del tricolor. Digamos que algunos de los invitados –Omar Fayad, Alejandro Murat, Rubén Moreira– no percibieron esta aclamación como música para los oídos, porque también ellos quisieran ser. Todo mundo “ya se vio”. No todos los priístas sintieron felicidad ante la autoproclamación de “Alito”. Personajes como Manlio Fabio Beltrones o Miguel Ángel Osorio Chong ni siquiera se presentaron al ágape –¿o aquelarre?– político, dicho esto en el sentido “espiritual” del término (me refiero al término ágape, no aquelarre).

Y aunque ahora pudiera parecer que Morena es invencible, más si consideramos el pronóstico de las seis elecciones a gobernador de 2022, de las cuales Morena podría llevarse con facilidad al menos cinco –lo dicen todas las encuestas y el propio presidente nacional del PAN, Marko Cortés–, nadie debería darse ni por vencedor ni por vencido. A veces tengo la impresión de que Morena es un gigante con pies de barro y que no es lo mismo que López Obrador aparezca en la boleta a que no aparezca, y por eso no deberían confiarse ni asumir esa actitud arrogante y triunfalista que los ha llevado a despreciar el Estado de Derecho y a cometer errores. Hay una tendencia inflacionaria mundial que está repercutiendo duramente en nuestro país, al grado que hemos llegado a tener picos como no se habían registrado en veinte años. El gobierno y sus simpatizantes podrían estar incluso contentos y felices con esto, pero la presión inflacionaria, la lentitud en las cadenas de suministro, la volatilidad de los precios del petróleo y la debilidad de muchas divisas, incluida la nuestra, frente al dólar de Estados Unidos, todo ello podría deteriorar la ya de por sí castigada situación económica de millones de mexicanos. Vaya, lo que quiero decir es que el sexenio no está blindado, ni puede estarlo, en su segunda mitad. Creer que sí sería un suicidio. La arrogancia es la amiga inseparable de la estupidez y nuestra accidentada historia nos presenta innumerables ejemplos. Si analizamos los gobiernos de los últimos cincuenta años nos daremos cuenta que todos ellos, incluso administraciones como las de Echeverría o Salinas, que se veían todopoderosas e invulnerables, registraron un declive en la segunda mitad. No es que sea pesimista, pero eso también va a suceder ahora. El declive puede ser una suave pendiente, una cuesta abajo o de plano una caída libre. Ya no hay forma de ir hacia arriba, por mucho que los entusiastas echen porras. Y todo eso jugará en las elecciones de 2024. Por eso nadie debe darse ni por vencedor ni por vencido.

Lo que sí creo es que si la oposición quiere ser competitiva, tendrá necesariamente que ir en alianza y buscar un candidato nuevo, fresco, “sin cola que le pisen”, alguien limpio, alguien que no sea asociado con ese grupo que saqueó durante décadas al país, lo cual, créame, suena como una tarea, si no imposible, sí muy difícil de lograr; y ni aun eso les garantiza nada. Sería un suicidio que lanzaran las mismas caras de siempre, y tanto “Alito” como Anaya son parte de ese repertorio por todos conocido y por muchos rechazado. Si la oposición sale con un candidato así, la elección de 2024 será un día de pique-nique para Morena y López Obrador.

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

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