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¿Se tardó en reaccionar el gobierno mexicano ante el coronavirus? Autor: Venus Rey Jr.

Foto: Xinhua

El viernes 13 de marzo, Donald Trump declaró emergencia nacional por el coronavirus. Ya había anunciado su decisión de interrumpir todo vuelo proveniente de Europa, con excepción del Reino Unido, y el sábado 12, reculando, dio a conocer que también se suspenden los vuelos desde UK. Y hablando de UK, el premier Boris Johnson, tomándose la situación muy en serio, se dirigió el viernes 13 a la opinión pública británica y advirtió de la extrema gravedad de la epidemia:

«El número de casos de coronavirus crecerá agudamente. De hecho, el número de casos [no confirmados] es mayor, quizá mucho mayor que el número de casos confirmados a través de pruebas. Quiero ser claro, todos tenemos que ser claros: se trata de la peor crisis de salud pública para toda una generación.»

Lo que dijo después dejó a todos sin habla:

«Debo estar a la altura, a la altura del público británico: más familias, mucho más familias van a perder seres queridos prematuramente.» (…many more families are going to lose loved ones before their time…)

Un mensaje, sin duda, tremendo.

Las reacciones de otros líderes, como Matteo Salvini en Italia, Pedro Sánchez en España, Angela Merkel en Alemania, o Emmanuel Macron en Francia, no son menores. El líder de la Lega Nord, por ejemplo, no sólo insiste en cerrar por completo a Italia, sino a toda Europa. Pedro Sánchez dijo el viernes 13 de marzo que la siguiente semana habría en España 10 mil infectados y decretó estado de alarma nacional a partir del día 14. Hace unos días, Merkel fue muy clara en precisar que podría contagiarse del 60 al 70% de la población en Alemania. Por su parte, Macron decretó medidas excepcionales y a partir del sábado 14 Francia estará con restricciones similares a Italia y España. El gobierno británico está por facultar a la policía para hacer detenciones de sospechosos de coronavirus.

A juzgar por cómo algunos de los líderes mundiales están reaccionando frente a la crisis del coronavirus, cabe preguntar si el gobierno mexicano no está demasiado lento y pasivo. O bien los italianos, españoles, alemanes, británicos, franceses y estadunidenses están exagerando y el gobierno mexicano tiene razón en estar tranquilo; o bien el gobierno mexicano no se ha dado cuenta de la envergadura del problema.

Desde que inició la pandemia, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, se ha convertido en uno de los funcionarios federales más conocidos, muy por encima del propio secretario de Salud. Ha tenido una exposición mediática altísima. He seguido de cerca el desempeño de López-Gatell y me parece que no hay duda de su capacidad. El jueves 12 de marzo, durante la conferencia de la mañana, Christian Morales Furhimann, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en México, elogió la actuación de nuestras autoridades sanitarias:

«Muchos países de la región quisieran poder contar con un equipo dirigido por un médico del calibre del señor secretario Jorge Alcocer Varela, un equipo en donde se cuenta con las capacidades de gente con experiencia que vivieron la pandemia de H1N1 diez años atrás, una coordinación asegurada por un doctor en epidemiología como el doctor Hugo López-Gatell y todo el equipo que lo acompaña. Nosotros nos sentimos muy confiados y privilegiados de poder colaborar y aprender de lo que México está haciendo para proteger la salud de los mexicanos y las mexicanas.»

Un elogio así no puede pasar desapercibido. Y confieso que yo me encontraba en la dinámica de apoyar las acciones de López-Gatell y la Secretaría de Salud. Pero en la medida en que conozco las reacciones de otros gobiernos, me surge la duda de si el nuestro estará actuando con la celeridad debida.

Como todo lo que sucede en México, el asunto del coronavirus se politiza. En el momento en que los actores políticos utilizan la pandemia para golpearse y desprestigiarse, y en el momento en que las masas de seguidores de una y otra facción inician hostilidades en las redes sociales, en ese momento lo que menos les importa es el problema. Se convierte en una discusión sin sentido. No es ya diálogo, sino insulto: un diálogo o discusión con insulto no es ni diálogo ni discusión inteligente, sino estridencia inútil. Y ese es el ambiente que estamos viviendo.

López-Gatell insiste en que no hemos llegado a una segunda fase en la cual tenga que cerrarse todo, como en Italia o España, y que ello se debe a que en nuestro país el primer caso de coronavirus confirmado se dio un mes después del primer caso confirmado en Italia. ¿Cuestión de tiempo?

Al ver que las autoridades sanitarias del gobierno mexicano no han tomado medidas más drásticas –si bien la SEP ha anunciado la suspensión de clases a partir del 20 de marzo y hasta el 20 de abril– surgen algunas inquietudes: ¿Por qué esperar a que pase ese mes y entonces la situación sea tal que pueda salirse de control? ¿No deberíamos aprovechar esa ventaja temporal a nuestro favor? ¿Es necesario que empiece un brote a gran escala para que se tomen acciones? ¿No pueden tomarse desde antes y así reducir y minimizar los efectos? Si sabemos que la embestida es inevitable y hasta podemos suponer, siguiendo modelos matemáticos, que el brote generalizado ocurrirá entre el 21 y 30 de marzo, ¿por qué no tomar medidas ya? ¿Por qué esperar a que tengamos miles de contagiados que nuestro sistema sanitario no podrá atender? Si nuestro sistema de salud no puede brindar una buena atención a los mexicanos en tiempos, digamos, de “normalidad”, muchos menos en tiempos de emergencia mundial.

Sabemos que los casos confirmados de coronavirus en nuestro país no son los únicos, ni pueden ser los únicos: debe haber muchísimos más. En Italia son miles de infectados y ahora se están lamentando de no haber tomado medidas drásticas desde antes. De haberse tomado, dicen, otro panorama sería. El premier británico claramente afirma que una cosa son los casos confirmados por pruebas, y otra cosa son los otros muchos casos no confirmados (una especie de cifra negra): el número de casos no confirmados tiene que ser mucho mayor, según Johnson. En México se está actuando como si no tuviéramos un monstruo enfrente a punto de devorarnos. Por ejemplo, los días 14 y 15 de marzo tiene lugar un festival masivo, el Vive Latino, en la Ciudad de México, que reúne a decenas de miles de personas (se calculan más de 60 mil). Claudia Sheinbaum no ve necesario tomar ninguna medida por el momento, menos aún si no se ha pasado a la segunda fase. Si de eso se trata: de no llegar a una segunda fase, o de llegar a ella fortalecidos para minimizar y reducir sus efectos. Pero para ello es necesario actuar ya con resolución y eficacia. Otros gobernadores, como los de Jalisco y Oaxaca, al ver la inacción del gobierno federal, han decretado medidas de emergencia motu proprio.

Entiendo que tampoco las autoridades pueden tomar una actitud alarmista, pues el caos se esparciría como una línea de dinamita prendida y se correría el riesgo de que la población entrara en pánico, con las indeseables consecuencias que ello implicaría. Además está el tema económico. Cerrar un país –como España, Italia o Francia– tiene un costo económico brutal, y la situación nuestra en ese rubro es muy frágil y vulnerable. Ya lo vimos con la reciente devaluación de nuestro peso. El problema del coronavirus podría durar meses, no semanas. La actividad económica va a sufrir un colapso mayor. Y si a ello agregamos la muy adversa coyuntura de la caída internacional de los precios del petróleo, no hay que ser doctor en economía para visualizar que el gobierno del presidente López Obrador enfrentará muy severas dificultades. Mientras más grave sea la crisis del coronavirus por falta de previsión, más grave y difícil será la situación económica. Por eso es necesario que el gobierno actúe.

¿Estará a la altura el gobierno para salir avante, o se caerá? Por el momento parece que el presidente está tranquilo y relajado, incluso recomienda que nos abracemos todos, y él mismo abraza y besa a quien se cruza en su camino.

Mientras AMLO insista en culpar al pasado de los males presentes y futuros, me parece que las posibilidades de sortear esta tormenta sanitaria y económica se desvanecen. Y si sigue con su política de abrazos, podría hasta contagiarse.

@VenusReyJr

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