La operación “Contención” contra el Comando Vermelho dejó 132 muertos en Río de Janeiro, incluidos cuatro policías. Vecinos hallaron decenas de cuerpos en un bosque. La ONU y organizaciones civiles exigen investigar posibles ejecuciones extrajudiciales en la redada más letal de Brasil.
Camila Olvera Burdiles | Redacción Astillero Informa
La ciudad de Río de Janeiro amaneció entre el miedo y la indignación tras la operación policial más mortífera en la historia de Brasil, que dejó al menos 132 muertos en las favelas de la zona norte. La cifra, confirmada por la Defensoría Pública del Estado de Río, duplica los reportes oficiales divulgados un día antes y coloca la redada como una de las tragedias más sangrientas registradas en América Latina en tiempos recientes.
La acción, denominada “Operación Contención”, fue ejecutada por la policía civil y militar con el objetivo de cumplir más de 100 órdenes de arresto y frenar la expansión del Comando Vermelho (CV), la organización criminal más antigua y poderosa del estado, con presencia en al menos 25 estados brasileños.
Más de 2,500 agentes participaron en la incursión en los complejos de Penha y Alemão, epicentros del narcotráfico en Río. Durante los enfrentamientos, los vecinos vivieron horas de terror entre ráfagas de fusiles y drones que lanzaban explosivos desde el aire. Al menos cuatro policías murieron en el operativo, 81 personas fueron detenidas y más de 90 fusiles decomisados.
Una calle llena de cadáveres
La madrugada del miércoles, los habitantes de la favela Vila Cruzeiro comenzaron a encontrar cuerpos esparcidos en un bosque cercano. Hombres, mujeres y jóvenes fueron trasladados por voluntarios y mototaxistas hasta la plaza principal, donde los colocaron en fila sobre el suelo, cubiertos con mantas y sábanas.
“Solo quiero sacar a mi hijo de aquí y enterrarlo”, dijo a Reuters Taua Brito, una madre que buscaba entre los cadáveres a su hijo desaparecido. En la escena, vecinos lloraban entre gritos y oraciones, mientras los trabajadores municipales recogían los cuerpos rumbo al Instituto de Medicina Legal.
Las autoridades reconocieron que la cifra oficial de muertos (64 personas, entre ellas cuatro policías) estaba incompleta, ya que solo contabilizaba los cadáveres procesados en la morgue pública. La Defensoría Pública actualizó el número a 132 víctimas fatales, tras los hallazgos de los vecinos.
El poder del Comando Vermelho
El Comando Vermelho, fundado en los años setenta dentro de una prisión durante la dictadura militar, nació de la convivencia entre presos políticos y delincuentes comunes en el Instituto Penal Cândido Mendes, en Isla Grande. Con el tiempo, se transformó en una red criminal que domina el tráfico de drogas, armas y oro, además de controlar amplias zonas de la Región Metropolitana de Río.
Entre 2022 y 2023, el grupo amplió en 8.4% su control territorial, convirtiéndose en la facción criminal más poderosa del estado, por encima de las milicias y del Primer Comando de la Capital (PCC), su principal rival con sede en São Paulo.
Actualmente, el CV opera como una “franquicia criminal”: los líderes locales actúan con autonomía en sus favelas, pero comparten la marca y las rutas de tráfico de drogas, armas y mercancías ilegales. Según investigaciones del Instituto Fuego Cruzado y la Universidad Federal Fluminense, más de la mitad de las zonas bajo dominio de grupos armados pertenecen al CV.
Crimen, tecnología y baja regulación de armas
Durante la operación, los narcotraficantes desplegaron drones con granadas, demostrando el nivel de sofisticación alcanzado por el crimen organizado. Expertos señalan que, con la flexibilización del control de armas durante el gobierno de Jair Bolsonaro, se multiplicaron las fábricas ilegales y los talleres de impresión 3D de armas, lo que facilitó el acceso a armamento de alto poder.
De acuerdo con el Instituto Sou da Paz, la mitad de las armas incautadas en el sureste del país provienen de desvíos de arsenales oficiales, un 30% son de ensamblaje ilegal y el resto pertenecen a civiles registrados como coleccionistas o tiradores deportivos.
El resultado, señalan analistas, es un incremento sostenido de la violencia armada y un poderío criminal que desafía al Estado en zonas donde la policía interviene con extrema brutalidad, sin lograr reducir el control territorial de las facciones.
“Narcoterroristas”: la narrativa oficial del gobierno de Río
El gobernador Cláudio Castro defendió la operación como un “éxito”, asegurando que las únicas víctimas reales fueron los policías. “No creo que nadie anduviera por el bosque el día del conflicto”, declaró. En su discurso, adoptó un tono de “guerra al narcoterrorismo”, comparando a los criminales con grupos insurgentes y justificando la respuesta armada de las fuerzas de seguridad.
Su postura fue respaldada por sectores de la derecha brasileña, incluido Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien en días recientes propuso incluso que Estados Unidos atacara barcos supuestamente cargados con droga frente a las costas de Río.
Sin embargo, organizaciones de derechos humanos y la ONU condenaron la masacre, advirtiendo sobre la posible existencia de ejecuciones extrajudiciales y exigiendo una investigación independiente. “Recordamos a las autoridades sus obligaciones ante el derecho internacional, y urgimos a que se conduzcan investigaciones de forma pronta y efectiva”, indicó la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Silencio y crisis en el Gobierno Federal
Mientras tanto, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que regresó de una gira por Asia, se reunió en Brasilia con su gabinete y el vicepresidente Geraldo Alckmin para analizar la crisis. El Ministerio de Justicia informó que no había recibido ninguna solicitud de apoyo por parte del gobierno estatal de Río, lo que reveló la fractura entre los niveles federal y local en el combate al crimen organizado.
Esta crisis ocurre apenas una semana antes de la Cumbre Mundial del Clima (C40) y del Premio Earthshot, que reunirán en Río a líderes internacionales. Las imágenes de cadáveres apilados en una favela contrastan con los preparativos de los eventos globales sobre sostenibilidad, mostrando una ciudad que sigue dividida entre los escaparates del turismo y los territorios donde la violencia se impone como ley.
Una guerra sin fin en las favelas
En Río, los tiroteos y redadas son parte del paisaje cotidiano. Según el Mapa de Grupos Armados, las zonas dominadas por el tráfico de drogas tienen una probabilidad 3.7 veces mayor de registrar enfrentamientos con la policía que las controladas por milicias. Sin embargo, las operaciones masivas no han logrado recuperar el control del Estado ni reducir la violencia estructural.
“No veo una relación directa entre la actuación del gobierno para desmovilizar ni a las milicias ni al tráfico. No vemos el retroceso de una zona que, una vez ocupada, vuelve al Estado” explicó a la BBC Terine Husek, investigador del Instituto Fuego Cruzado.
A medida que los cuerpos siguen apareciendo en los cerros de Río, las familias buscan respuestas y las autoridades defienden una estrategia que, en nombre del orden, deja una estela de muerte.
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