Retos y remedios para la nueva Escuela de Medicina Tradicional Totonaca de la UNAM. Autor: Iván Uranga

El arte de la medicina consiste en entender al paciente
mientras la naturaleza cura la enfermedad.
Voltaire.

El reconocimiento oficial de la realidad multicultural de México está pasando por un proceso tardío de deconstrucción dolorosa. Hace 500 años comenzó un proceso permanente de uniculturalidad impuesta por la fuerza de la espada y la cruz, en donde todo el conocimiento, pensamiento, estética, habilidad y actitud que no correspondiera la miseria antropológica de los conquistadores debía ser desechado. A pesar de todos los esfuerzos de los conquistadores y del capitalismo, mucho de este milenario conocimiento ha sobrevivido hasta nuestros días. La medicina tradicional se mantiene viva y en cada casa, se sigue practicando de forma cotidiana. Nunca falta una buena infusión para aliviar algún mal.

La medicina oficial tiene muy pocos años de ser implementada. Durante el periodo posrevolucionario, la aparición de la industria farmacéutica en México significó un proceso complejo en el que incidieron factores nacionales e internacionales. La indiferencia de los primeros gobiernos revolucionarios por la farmacéutica, aunado a la falta de un plan de desarrollo a largo plazo para las compañías locales, provocó a la larga la dependencia económica y tecnológica del país a las empresas farmacéuticas extranjeras. En 1918 la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo sólo tenía registradas 5 industrias dedicadas a la elaboración de drogas en la Ciudad de México, entre ellas estaba la Compañía Mexicana de Específicos Indígenas, que fue el primer y único proyecto privado con registro, que retomó el conocimiento indígena para fabricar medicinas y que fracasó ante el embate de las farmacéuticas internacionales que no sólo se apropiaron del mercado de los medicamentos, sino que también se apropiaron de los derechos de uso de los ingredientes activos dentro de las plantas mexicanas que usaban nuestros antiguos, con la complicidad de un Estado capitalista neoliberal que les facilitó las cosas y que incluso reguló las plantas medicinales para prohibir su cultivo y uso de las comunidades indígenas a través de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

Hoy la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a través del Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad (PUIC-UNAM) están a punto de lograr la primera Escuela de Medicina Tradicional Indígena que se abre en lo que ahora es México.

Desde la llegada de Hernán Cortés a la fecha, no ha habido una escuela para formar curanderos, parteras, rezanderos o yerberos; sin embargo, es una práctica que se ha mantenido. Hace algunos años diseñé e impartí un taller para conciliar criterios de atención médica entre las parteras tradicionales de la Nación Tének en la Huasteca y la Secretaría de Salud (SS); la SS reconocía que la mayoría de los partos eran atendidos por las parteras teneks, y que las escasas pacientes indígenas que acudían a los Centros de Salud, llegaban con complicaciones muy avanzadas que no habían sido resueltas en su comunidad, y que al llegar a las instalaciones del gobierno, estas no cuentan con los especialistas y el apoyo que les pueden dar es mínimo, con el agravante de la falta de comunicación total por la diferencia de lenguas y conceptos culturales, así que diseñé un sistema de colores, para unificar criterios entre el conocimiento milenario de las parteras tradicionales y el conocimiento de las clínicas y hospitales de la zona, con el fin de que las parteras enviaran a sus pacientes ya con la tarjeta del color específico del padecimiento que ellas habían detectado, para que los técnicos de los hospitales pudieran saber a qué se enfrentaban. Así mismo un acuerdo para que las curanderas y/o parteras pudieran extender certificados de nacimiento y de defunción para los recién nacidos y que estos fueran válidos por lo menos en el registro civil instalado dentro del Hospital Regional.

Hoy la UNAM a través de un grupo de especialistas multidisciplinario formará a los nuevos curanderos en la región totonaca, que así como tendrán que acudir a lugares sagrados a realizar ceremonias, deberán estar habilitados para registrar sus hallazgos y estudios en una red nacional. Para ello, se pretende ofrecer una parte formativa con enseñanza de la filosofía, cosmovisión, usos y costumbres de los totonacas; los factores desequilibrantes de la salud, además de los conocimientos de herbolaria.

Especialistas de la UNAM se han reunido ya con más de 70 médicos tradicionales totonacas. Esta escuela permitirá promover y reconocer los saberes tradicionales de los pueblos indígenas y de las comunidades locales para mantener la diversidad biológica y cultural, expuso Carlos Zolla Luque, coordinador de Investigación del PUIC y titular del proyecto. “Nos dijeron: ‘esto se está perdiendo; los jóvenes tienen poco interés y les resulta más atractivo irse al otro lado que convertirse en curanderos’, por lo que pidieron a la Universidad Nacional ayuda para crear una escuela de medicina tradicional”, Esta escuela, remarcó, promoverá un conocimiento que ha prevalecido pese a todo. “Confiamos en su importancia; la estamos creando con terapeutas de nuevo tipo, ya se tienen avances en cuanto al levantamiento de la información, de las plantas medicinales, los mercados, la detección de las principales enfermedades y causas de demanda de atención”, comentó Zolla Luque.

Más allá de las dificultades propias de diseñar un proyecto educativo, la UNAM deberá enfrentar a las megaempresas farmacéuticas porque la medicina prehispánica estaba basada mayormente en el conocimiento del cosmos y la herbolaria y los gobiernos han defendido al criminal capitalismo que tiene secuestrada la salud en México. Hasta ahora Cofepris tiene prohibido el uso de cientos de plantas básicas para la herbolaria (Aquí la lista) sin estudios reales que demuestren su daño.

Desde el conocimiento profundo de la herbolaria, hasta el uso de mandíbulas de hormiga para coser heridas; la medicina de los antiguos totonacos tiene su propia cosmogonía, para ellos la salud es el mantenimiento en equilibrio del cuerpo y el universo. La enfermedad es producto de una inmensa variedad de condiciones que modifican la salud del cuerpo en correspondencia con todo lo demás, es decir un cuerpo enfermo es un cuerpo que perdió el equilibrio.

Así que el tratamiento debe corregir todos los desequilibrios.

Para atender cualquier enfermedad individual o colectiva se deben ejecutar rituales antes de aplicar cualquier tratamiento. Las sustancias que usan no se limitan a las provenientes de productos vegetales, hay un conocimiento amplio de sustancias de origen animal y mineral. Por ejemplo, mezclan la cola del xtan (tlacuache) con la planta cihuapahtli, (montanoa tormentosa), que en dosis mínimas sirve de anticonceptivo y en mayores de abortivos, o administrados en ciertas cantidades acelera el trabajo de parto. Administran una infusión de tlatlacótic, planta que pertenece al género de las aristolochias, en caso de luxación de la mandíbula, lo cual parece ser increíble, pero si se toma en cuenta que lo que produce es un vómito intenso, con fuertes arqueos, resulta que esta acción sí provoca el regreso del cóndilo a la fosa temporal. Usan la zarzaparrilla en el tratamiento de la sífilis, que sin tener acciones antibióticas logra la curación provocando cambios bruscos de temperatura en el cuerpo del enfermo, lo cual genera que no se den condiciones de reproducción de los gérmenes y hasta los elimina.

Para el tratamiento de las heridas existe una clasificación de ellas, diferenciándose se acuerdo a su profundidad, a las estructuras lesionadas y sus características. En las heridas profundas se recomendaba la sutura.

Existen algunas prácticas de la medicina tradicional totonaca que para el conocimiento occidental son difíciles de comprender y de aceptar, así que tendremos que ver cómo la UNAM resuelve en su plan de estudios el que a una muchacha se le deba dar a tomar la primera agua que echan en la olla nueva de barro para que no sufra a la hora de parir, ni presente mucha hemorragia durante su menstruación; se lava la olla para tirar la mugre o microbios, y posteriormente se echa agua, la que se da de tomar. De igual forma, a las niñas se les prohíbe comer hígado de gallina para evitar hemorragias durante su periodo menstrual.

También se corta la cola de xtan (tlacuache) y se les pega a las niñas en sus caderas y en sus nalgas; al poner su primer huevo una gallina, se les unta la sangre y deben lamerla para que no sufran mucho y el parto se lleve de manera fácil. A los niños se les da carne de zorrillo para que no les dé tosferina, pues actúa como vacuna contra esa enfermedad; asimismo, el gas de este animal es un preventivo para los alcohólicos, pero si se le da a un niño pequeño, jamás podrá tomar bebidas embriagantes.

A los varoncitos se les prohíbe jugar listones o fajas para que no se encuentren serpientes venenosas cuando vayan al campo; tampoco deben masticar chiles y se les da de comer kiwi’ wana’ (insecto que come madera) para que les sea fácil partir leña; se les cuelga un gusano llamado sakg wiki’ (gusano leñador) para que encuentren rápido la leña y no ocurran accidentes. Se les prohíbe a los niños y a las niñas trabajar con sus pies; si lo hacen, nacerán sus hijos de pie. Y no deben comer con los pies extendidos por delante porque les esperará una víbora en el camino por donde pasen para enredarse en ellos, lo que provocará que se enfermen de susto y espanto, provocando enfermedades como la anemia, el raquitismo y la desnutrición.

Para evitar que se infecten, que se inflamen y que duelan los granos, no se debe comer lo que queda espeso encima del atole y evitar comer grasa de animal, picante y huevos.

Los borrachos, la mujer encinta y su marido no deben acercarse a enfermos de sarampión y de picadura de víboras venenosas, pues el acercamiento les podría provocar la muerte.

Para que crezca y no se caiga el cabello, las mujeres deben cortarlo al final de la primavera e inicio de verano, ya que esas estaciones del año son las más fuertes y es cuando se reproducen y renuevan las plantas y las aves.

Respecto al agua y al manantial, algo que evita que se quede el espíritu ahí, es no asistir al mediodía, puesto que es una hora sagrada en que las mujeres muertas inician su acompañamiento en el parto al padre sol. No se debe ir al agua si se está enojado, de mal gusto o habiendo peleado recientemente con alguien. Al pasar por un manantial se debe llevar una ofrenda, puede ser una flor o una planta que haya sido cortada, e ir bien cuidado o cuidada.

En la fogata no se debe jugar, ni pelear con hermanos, con los tizones, ni con las brasas; se debe guardar respeto. Si alguien se espanta allí, se debe hacer la ceremonia para no enfermar o dejar el espíritu, así como si cae un niño o una niña al suelo, se le debe pegar 12 veces y no enfermará.

Si va alguien al río, al monte o a algún otro lugar, se debe llevar tabaco y ajo para evitar accidentes causantes de enfermedad y de abandono del espíritu (1)

Antes de conocer la sutura quirúrgica las heridas de la cara y los labios eran suturadas con cabellos, utilizando como agujas espinas de maguey sumamente delgadas y colocando puntos que meramente unieran los bordes de la herida a muy poca distancia unos de otros.

También para suturar después de una intervención quirúrgica se utilizaban las mandíbulas de hormigas trabajadoras. Se colocaban varias hormigas sobre la lesión, de modo que, al morder, sus quelíceros perforaban la piel a ambos lados, y en ese momento se decapitaban, obteniendo de este modo la sutura.

En cuanto a cirugías también existían algunas prácticas de notable dificultad y complejidad. Un ejemplo interesante lo refiere fray Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino relatando que cuando alguien se cortaba la nariz, el herido debía procurar rescatar el cacho de nariz cortada para que se le reimplantara y si esta se ponía negra debía extirparse y hacerse otra artificialmente. Lo mismo sucedía con el pabellón de la oreja, que era frecuente ya que se les cortaba a los prisioneros de guerra a fin de que pudieran ser reconocidos en el campo de batalla.

También existían cirugías oculares, como la extirpación de pterigiones y el raspado de la conjuntiva leucomatosa.

Otro tratamiento descrito en los códices es el de heridas penetrantes en tórax por lanza o flecha, lo que permite pensar que conocían la manera de evitar el colapso pulmonar al retirar el proyectil.

También tenían un conocimiento fino en el tratamiento de las fracturas. Una vez lograda la alineación del hueso de forma manual, se procedía a la aplicación de emplastos consistentes y pegajosos con raíz de acote y tuna, los cuales al secarse se endurecían, luego usaban plumas y un lienzo para cubrir y acojinar la parte afectada y aplicaban cuatro tablillas que sujetaban a la piel con cuatro cintillas que se dejaban durante 20 días hasta que la fractura se consolidaba, durante el tiempo de recuperación una planta fundamental para reestablecer los huesos es la consuelda (prohibida por Cofrepris) pero autorizada para que las empresas cosméticas, la venden muy cara por su propiedades regenerativas, porque es muy buena para eliminar arrugas. Porque seguimos viviendo en un país en donde la apariencia es más importante que la salud.

La UNAM tiene el reto de lograr un diseño que permita, a quien así lo quiera, convertirse en un médico tradicional totonaca, aunque no sea totonaca, porque ningún programa educativo debe discriminar. Debe lograr además algunos cambios importantes en las restricciones legales que permita por lo menos una excepción para que los médicos tradicionales egresados de la UNAM puedan usar plantas prohibidas hasta hoy, para sus tratamientos y que puedan expedir certificados de nacimiento y de defunción válidos ante cualquier autoridad legal.

Así que bien por la UNAM que abrirá –esperemos que para el próximo ciclo escolar– la primera Escuela de Medicina Tradicional Totonaca a unos metros de la sagrada zona arqueológica de Tajín, que será punta de lanza para crear escuelas de medicina tradicional con los saberes de las demás naciones indígenas que coexisten en México, una labor que debió ser una de las primeras acciones de gobierno al lograr la independencia, para que nuestros conocimientos milenarios se sumaran a los nuevos conocimientos de las otras culturas del mundo, con lo que tendríamos hoy un robusto y sano Sistema Nacional de Salud. Así que les invitamos a festejar este nacimiento, aunque llegue 200 años tarde.

La vida es una construcción consciente

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

2 COMENTARIOS

  1. Qué pena que este medio de voz a un estafador de la calaña de Ivan Uranga Muñoz, ha viajado por la república regando mentiras, hijos y fraudes. En efecto, lo conocí hace más de 35 años, este tipo ha sido un vividor, mitómano, enfermo y ya desde entonces decía que padecía del corazón y se sentía escritor, luego apareció ostentándose como biólogo y luego hasta rector de una universidad patito. Todo un caso de estudio para psicólogos interesados y candidato a paciente en hospital psiquiátrico. Lo conocí personalmente y puedo dar fe de su enfermedad. Aquí podrán consultar algunas de sus fechorías: http://yadivia.blogspot.com/2009/11/mitomanias.html
    Por mi parte, este medio ha caído en el descrédito al publicar a este bandido.

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