[RESEÑA LITERARIA] Yoga & Coca de Alejandra Maldonado: o el motivo de los que no encuentran (por Rober Díaz)

Alejandra Maldonado. Foto: Cortesía.

En esta novela un fantasma recorre la vida moderna, es el fantasma de la diversión a ultranza y el amor desesperado

Por: Rober Díaz

@betistofeles

Si he de vivir que sea sin timón & en el delirio tituló Mario Santiago Papasquiaro (1953-1998) a uno de sus poemas más sentidos y junto a la bolañomanía que suscitó la publicación de la novela Los detectives salvajes en 1998 revivió la ilusión de toda aquella actitud, que a bien, Margo Glatz denominó como la literatura de La onda en la que Gustavo Saez, José Agustín, Armando Ramírez o Parménides Saldaña figuraron como nuestros Beatniks mexicanos; escritores que se afianzaron a una resistencia y también, figuraron como los outsiders mientras el boom engordaba a una manada de vacas sagradas que marcarían el camino para las generaciones venideras. Ellos por el contrario se colocaron a sí mismos para escenificar una literatura menos solemne, pero sí más rápida, viva, disruptiva y alocada donde la naciente urbanidad mexicana fungió como un escenario predominante.

Por el bien de la literatura nacional el mexican beat, regresó transustanciando en los noventas con la publicación de Moho, una revista experimental en donde se habló de los temas tabúes de la época; esta revista fue dirigida por Guillermo Fadanelli y Yoalanda Guadarrama en colaboración con Carlos Rentería y una nueva generación escritores que resistieron como un nuevo grupo, también desobedientes de los cánones y que se ancló a una posición crítica, depresiva y cansada de un establishment literario que la mayoría de las veces los vetó o sencillamente hizo como que no existían.

Yoga & Coca de Alejandra Maldonado, es una novela que recoge toda esta tradición sobre el viaje, las drogas, la desesperación y el vitalismo trasnochado de una mujer que defiende sus vacuidades y las decisiones que ha tomado, no porque se arrepienta de ellas sino porque ha sido una manera de vivir la vida, su vida, que disfruta desgarrándose por aquellos deseos que culposos no pudo cumplir y que sabe, por desearlos con todas sus fuerzas la hicieron diferente de sus coetáneos y también más cardiaca y porque su felicidad está basada en un hedonismo radical. Alejandra desea la belleza en sí misma como si ésta pudiera pagar o devolver algo, cuando lo que demuestra a lo largo de ese viaje y sobre todo en las vivencias contadas en el libro, que su personaje —o sea ella misma— esta hundida en una espiral de destrucción y tristeza, sobre todo de soledad.

La originalidad de esta novela radica en la densa sinceridad con la que fue escrita; este road trip sentimental donde Maldonado hace una revisión acrítica de su vida amorosa, tiene paradas brillantes en donde reflexiona sobre la vida contemporánea, el vacío, lo absurdo, un poco de filosofía, política y los sinsabores de la felicidad, sin embarcarse en honduras innecesarias, todo subyugado por el afán de desenfreno con miras a divertirse sin tanto preámbulo, sin tanta prevaricación.

Alejandra Maldonado (1976), ha hecho una novela que guarda los mejores rasgos de Fadanelli —y que aparece en la novela como un punto de referencia innegable—, pero que no conserva ese vitalismo pesimista que lo vuelve autodestructivo hasta con sus propias historias. A Alejandra no le importa la lección filosófica para el lector, tampoco abandona su sagacidad e intuición por debelar los sinsabores metafísicos de una era, ella busca explorar la energía sin límites en la que su personaje va del arrabal hasta el arrepentimiento, de la sinceridad como bandera y fuga, hasta la desazón programada, todo es movimiento, aventura para un alma que implosiona y se extingue por convicción y aburrimiento.

Yoga & Coca también es una novela de aventuras que tiene que ver más con la desazón reumática de una generación que no aprendió a hacer las pases con la humanidad y más bien prefirió experimentar el placer en su estado puro a supeditarlo por ideales que no valen nada o que demostraron en el pasado que lo que defendían no eran más valores de temporada. También es un manual acerca del hembrismo – quinico, que resulta anti patriarcal porque invierte la centralidad de la figura masculina cambiándolo por la femenina utilizando todos los recursos a su alcance para burlarse, atropellar, desestimar a los hombres y a otras figuras dadas por la sociedad como el amor, el sentido que debería tener una pareja y en sí a la felicidad como una imposibilidad utilizada, irreflexiva y que por si misma, a veces, se tiene gracias a una circunstancia que solo ofrece un momento como destino y no más.

Si este libro no pretende ir más allá de mostrar a una mujer que en su tramo de iniciación pasa por el desamor y el reencuentro con un “yo” endilgado a la fiesta del día mañana, entonces estamos ante el nacimiento de una saga, en la que veremos más aventuras de Alejandra como aquella que hizo John Fante (1909-1983) de Arturo Bandini —que por cierto no le es indiferente a la autora—, y que a diferencia de estas historias de comienzos del siglo pasado, la superioridad intelectual que termina metiendo a Bandini en todos sus embrollos, a Maldonado son los hombres y su belleza la que le complican la vida.

El jacalito

La protagonista de esta novela es una calca de la personalidad de la escritora, es su alter ego. Estar con Alejandra de frente en sí mismo es una aventura. Hace unos tantos años, me encontré con ella en un bar llamado el Jacalito, a ese lugar le caían personas de todos los estratos sociales y poco a poco se fue convirtiendo para los trasnochados en un sitio donde se coronaban las parrandas, un lugar para tercos a los que les gusta ver el amanecer y seguir la fiesta. Cuando hablé con ella, —creo que yo le hablé a ella, pero seguro ella ya me había visto y solo dejó que me acercara—, coincidimos en que la escritura era un entretenimiento fino pero desvalorizado. Ella, había salido en una compilación importante —la generación Atari de Trino Maldonado—, guardaba un vinculo que se hacía sentir especial e intenso con el grupo de amigos con los que iba. Seguí la fiesta en su casa y eventualmente mi nivel de ebriedad fue tanto, que me quedé dormido a pesar de que con Alejandra y sus amigos me la estaba pasando muy bien. Cuando desperté Alejandra ya no estaba, pero sí alguno de los parroquianos de ese aquelarre que sin mediar muchas palabras ya me quitaba la calceta y sobaba los pies. De hecho, esos movimientos fueron los que me despertaron y al abrir los ojos pude reconocer detalles en el departamento que antes no había visto y de repente toda la historia de la noche anterior me cayó encima y esa conciencia me hizo salir del lugar mediando con disculpas mi imposibilidad para seguir con el juego que se me proponía indirectamente. Como sea, puse mi teléfono en un papel y lo dejé ahí para encontrarme en algún otro momento con ella. Nunca nos volvimos a ver hasta ahora que vi su libro publicado donde pude leer más de esas historias que intuí ella conocía.

Interesante será ver su próxima novela porque la fuerza de este personaje puede repetirla, pero, ¿cómo no repetir un continuus que uno mismo es? Reinventarse solo está hecho para los que se agotan, mantenerse a flote y nadar de muertito: para aquellos pillos que sobreviven.

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