[RESEÑA LITERARIA] Personajes desesperados: o la estética de la ansiedad cosmopolita (por Rober Díaz)

Paula Fox. Ilustración: Rober Díaz.

Por: Rober Díaz

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@betistofeles

Paula Fox (1923-2017), escribió la novela Personajes Desesperados que en un comienzo parece decir, esto que pasa en las primeras páginas, es decir, que la protagonista sea mordida por un gato callejero no es de lo que en realidad se tratará la novela y es cierto, porque no trata solo de eso, pero el tema lo toca, una y otra vez para adentrarte en la caída emocional de sus personajes.

Esta eventualidad más que ser usada como una estrategia para abordar los subsiguientes temas que acompañan a Sophie y a Otto Bentwood matrimonio pequeñoburgués y sin hijos que rondan los cuarenta años de edad, habitantes de Brooklyn, NY, en los comienzos de los setenta, es solo retomada como un evento de tensión que más allá de darle suspenso a las acciones de la trama, prefiguran todo el tiempo un desenlace fatidíco que se insinúa y desaparece, dejando a la maestría de los diálogos, un complejo mecanismo para ir de la superficie a la psique de los personajes principales que irán desatando sus pasiones más bajas conforme a una aparente vida perfecta y superficial se les vuelca encima.

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Esta novela fue retomada por los dos escritores más influyentes de los Estados Unidos en los noventas: Jonathan Franzen (1959) y David Foster Wallace (1961-2008), sea posiblemente por eso que se reeditó y se sacó del olvido también una película un tanto insípida y olvidable de Frank D. Gilroy, protagonizada por Sherley Maclaine basada en la novela y recientemente Netflix estrenó una serie llamada You en donde se hace referencia a la novela de Fox. Nada nuevo bajo el sol, sobre el olvido norteamericano sobre sus novelas más poderosas, no hay que olvidar que Moby Dick pasó sin pena ni gloria en su tiempo y que hasta el nombre de Herman Melville en su lapida fue mal escrito. Ingratitud, le llaman.

Franzen aseguraría que había visto en esta novela el germen de lo que sería sus futuras proezas literarias: Las correcciones (2001) y Libertad (2010), cuyo epicentro parte de las rupturas de sus protagonistas quienes por décadas ven en caída libre la estabilidad de sus familias, drama usado por el autor como unidad de sufrimiento de nuestra época, pieza clave en su modelo de gran novela americana, esa absurda entelequia que todo escritor sueña escribir en algún momento de su vida.

Por otro lado, el sentimiento de Foster Wallace hacia Personajes Desesperados es mucho más intimo; describió la novela como si ésta, más que haber sido escrita, hubiera sido «esculpida»

La precisión de los diálogos solo va mostrando que la pareja Betwood vive dentro de una sociedad que los hace desenvolverse como si estuvieran actuando, como Wallace escribiría en un pequeño ensayo sobre la televisión y la narrativa americana: «recibimos la confirmación inconsciente de la tesis profunda de que la cualidad más importante de una persona viva es tener buena imagen, y que el valor genuino de una persona no solamente equivale, sino que radica en el fenómeno de la observación. Además, está la idea de que la parte principal de tener una buena imagen es simular que no te das cuenta de que alguien te está mirando1» y es que Sophie y Otto viven como si calcularan a cada paso sus acciones. Como si apagaran sus arrebatos y los sustituyeran por actividades cotidianas con un gusto esquisto para seguir dentro un cubo trasparente (su clase) que más allá de traslucir sus prejuicios para disolverlos, los acentúa pasivamente, reprimiéndolos, concentrando y aumentando su furia.

Paula Fox tuvo una vida complicada. Nació en 1928 en Brooklyn, hija de guionistas; madre cubana y padre estadunidense, el matrimonio no la deseaba y fue abandonada con su abuela materna quien en un viaje a la ciudad de NY la dejó a cargo un pastor. Paula quedó embarazada a los 21 años —en ese entonces vivía en el mismo departamento del actor Marlon Brando y se rumora que la bebé fue de él— después dio en adopción a la pequeña niña que años más tarde se convertiría en Linda Carroll, escritora y terapeuta de pareja, madre a su vez de la grunger, Courtney Love.

Como aseveran sus biógrafos, Paula desde muy temprana edad tuvo que actuar como una mujer adulta siendo una niña. Sea esta adversidad la que la llevó a tener dos facetas muy marcadas dentro de la literatura pues a pesar de haber tenido un relativo éxito como novelista y ser traída del olvido por Franzen Y Wallace, sus mayores reconocimientos los obtuvo como escritora de historias para niños. Llegó a ganar el prestigioso premio Hans Cristian Andersen y una veintena de reconocimientos más.

Personajes Desesperados puede ser leída como la crónica de la ruptura de una pareja, pero es un estudio más profundo sobre la situación existencial de toda una generación que en la década de los setentas vivía el fin del colonialismo, y de la guerra en Vietnam, la primavera de Praga, el mayo francés, la masacre estudiantil de Tlatelolco, el asenso de una clase social portentosa, con capacidad de viaje, consumo y en sí una vida dirigida a los placeres desligada de los eventos político y sociales que les rodeaban. Estos rasgos son compartidos por esa otra novela que dio a conocer al escritor francés George Perec, Las cosas (1965), donde se describe la situación de una pareja más o menos con las mismas características, solo que en un Paris recuperándose de la guerra, la ocupación nazi y que en medio del boom gentrificador dejaba a sus personajes solo con la opción de emigrar. Ellos lo hacen hacia a Sfax, Túnez, donde seguirán encontrándose con una vida que no podrán tener.

A diferencia de los protagonistas de Perec los de Paula no tienen a donde huir pues su país triunfó aparentemente evitando la guerra en su territorio, obteniendo para sus habitantes todo lo que deseaban, menos, los que verdaderamente los apasiona y sin reconocerlo los redirige hacia una salida salvaje, hacia un encuentro de primer orden con su naturaleza más íntima, violenta, finalmente, con una abrumadora desesperación que les sirve como disculpa en un mundo aparentemente perfecto en que por medio de los actos más sutiles comienza a desmoronarse.

Personajes Desesperados nos muestra un forma de estética, pulcra, minimalista donde los objetos existen en tanto sus personajes se deslizan sobre ellos sutilmente y sin grandes afanes, pero esconden una yuxtaposición de deseos, frente a la caída, el éxito de una pareja de profesionistas; contra el dolor, la superación de éste en tanto se visite a un médico para que lo cure —la rabia— por medio de un analgésico; frente a la cúpula que protagoniza el sueño americano —a la que las novelas posteriores dedicarían miles de páginas—, la cotidianidad evasiva, el interior del cosmopolitismo norteamericano: un implosión violenta que hace a sus habitantes perder la cabeza, frente a la más mínima provocación: la vida.  

1 Fragmento de: David Foster Wallace. «Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer». Apple Books.

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