Por: Rober Díaz
@betistofeles
En el 2014, Camila Sosa Villada se presentó en una conferencia TEDx en Córdoba, Argentina y habló de una maldición que su padre le había lanzado una maldición cuando en su adolescencia su papá ya adivinaba que las preferencias de género de su hijo no eran lo que él esperaba. Le dijo que para ser una persona feliz se debía ser una persona de bien y que una persona de bien tenía que tener una familia y que para tener una familia necesitaba trabajar, y que, finalmente, iban a tocar a su puerta para comunicarle a él que la habían encontrado muerta en una zanja, porque el único trabajo a la que ella —Camila— podía aspirar siendo travesti era tener sexo con hombres por dinero y que se iba morir sola.
Camila dice todo esto durante la conferencia y varias veces se le quiebra la voz y asegura que antes de los premios y el reconocimiento del público, antes de convertirse en una actriz de culto, se dedicó a la prostitución como su padre le había dicho y como lo cuenta en una de las novelas más celebradas del 2019 acreedora al Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2020 otorgado por la La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL): Las malas.
Sosa Villada nació el 28 de enero de 1982 en la Falda, una provincia de Córdoba, Argentina. En Las malas cuenta lo ocurrido con su grupo de amigas travestis y los destinos fatídicos —en algunos casos— en que acabaron. Asegura que le falló a su padre pues como él mismo se lo había sentenciado cada intento que tuvo para encontrar un «laburo (trabajo)» como ir a laburar a McDonald’s o laburar en un Call Center, cuando miraban el documento de identificación y la miraban a ella tenían una muerte cerebral instantánea y no le daban el trabajo.
«Un día saliendo de Ciudad Universitaria un auto paró cerca de mí y el tipo que manejaba me preguntó cuánto cobraba. Y fue la primera vez que tuve que abrir una puerta de mi destino y tomar una decisión y me subí al auto de ese tipo».
Cuenta, además, cómo empezó a acudir a las zonas rojas de la ciudad de Córdoba, entre ellos el Parque Sarmiento, sitio en el que se quedó porque siempre sintió afinidad con los árboles, como ella lo dice en distintas entrevistas: porque se identificaba con ellos, pues crecen solos. No tardó en que las otras «travas» la acogieran y le enseñaran, entre otras muchas cosas, a ponerle un precio justo a su cuerpo, a juzgar con menor severidad a las otras personas y aprendió a fabricarse un arma, necesaria para sobrevivir a la calle.
El primer acercamiento que tuvo con la concepción de esta novela, fue una obra de teatro llamada «El Cabaret de la Distinta Correa» obra estrenada y protagonizada por la autora en el año de 2017, donde después de revisar un monólogo que ahí desarrollaba hablando de Encarnación, uno de los personajes principales de Las malas, se dio cuenta que podría tomar al personaje y seguir hablando de aquellos días aciagos llenos de dolor y furia, de calle y venganza. La tía Encarna era en realidad una mezcla de todos los travestis que son como una madre para la orfandad que viven quien recién entra al mundo de la prostitución pues al ganar vestir como ellas quieren, pierden a su familia. La novela se dedica a describir las escenas patibularias que Camila fue superando en la medida que pudo encontrar otros trabajos que le permitieran vivir y estudiar Comunicación Social en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba.
Las malas es un relato de infancia y un rito de iniciación como bien dice su editor Juan Forn quien fue una pieza clave para compilar los textos y darles congruencia. Camila reivindica la mala literatura no la erudición, que para ella es aquella literatura que se hace sin tanto seso, que se hace más desde el corazón y la rabia que desde una programación sistematizada. Ella no se siente una escritora convencional y es gracias al coraje y odio contra ese mundo que constantemente renueva la persecución en su contra y de los suyos que pudo escribir esta novela.
La novela explora las distintas catástrofes sociales que al parecer se mantienen perfectamente engrasadas para hacer funcionar un aparato de represión. Entre sus páginas podemos ver un microcosmos de crueldad e indiferencia donde viven las mujeres que se sienten y son tales, pero que han nacido en un cuerpo de hombre y deben luchar contra sus familias, el Estado, la sociedad y contra una moral rígida que las va cercando y orillando a la clandestinidad.
La novela es una guía de sobrevivencia, evoca al otrora controvertido y maravilloso Diario de un Ladrón (1949) de Jean Genet, es una descripción del horror, una bajada a los infiernos al puro estilo de Lamborghini y resuenan en los relatos que se describen en Las malas, la influencia de las Aguafuertes Porteñas de Roberto Artl donde la ironía solo juega en contra y se cristaliza como destino, como sentencia donde Camila y su cofradía, inefablemente van a ir a estrellarse contra una pared llamada represión, abuso o rechazo.
Camila Sosa Villada nos ha entregado una nueva nueva radiografía sobre la violencia sistémica, aquella que todos reconocen y a la vez encubren, pues combatir esta violencia y extirparla de nuestra sociedad supondría poner entre dicho las falsas superioridades de género, raza, clase social a las que habituados, creemos que somos detractores y que sin embargo sin hacer nada, somos cómplices que lo niegan y que cierran los ojos para voltear hacia otra parte. Una denuncia se asoma en cada una de sus palabras como también una personalidad que se eriza para sobrevivir y superar sus propios dolores y que se responsabiliza de sus placeres sin renunciar al respeto por la vida, por el derecho irestituible de vivir sobre todo de vivir libremente.








Super texto ! Muy bueno