Reciclar candidatos impresentables: Gatopardismo y Transformación. Autor: José Reyes Doria

Imagen ilustrativa.

La voluntad de poder es insaciable. Los proyectos de transformación a lo largo de la historia, tropiezan una y otra vez con las ambiciones personales. Los cambios de fondo requieren una nueva cultura política, asumir la dimensión ética en la esfera pública. Cuando el proyecto apuesta a una regeneración moral, necesita liderazgos honestos, auténticos y socialmente comprometidos. Las elecciones son la vía para incluir esos liderazgos en los ayuntamientos, los gobiernos estatales, en los congresos locales, en el Congreso de la Unión. Si la postulación de candidatos a regidores, síndicos, presidentes municipales, gobernadores y legisladores se basa en el reciclamiento de políticos cuestionables, cualquier transformación es imposible.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha construido una poderosa imagen de honestidad que le permitió llegar a Palacio Nacional. Puede creerse o no en su honestidad, pero todos saben que ese compromiso personal no es suficiente acabar con la corrupción. Se requieren mecanismos, instituciones y sanciones sistémicas para lograrlo. Sobre todo, se necesitan personas con acreditado compromiso con la honestidad, la justicia social y el bienestar de sus comunidades. Hay mucha gente con esas características, pero rara vez tienen oportunidad de llegar a cargos de elección popular. Los partidos, la clase política y los grupos de interés burocráticos marginan y persiguen a los líderes auténticos, porque estos liderazgos ponen en riesgo el pacto de impunidad de los políticos de arriba.

Lo anterior viene a cuento, porque las listas de candidatos para las elecciones del 6 de junio presentan un reciclamiento extremo de candidatos que, en muchos casos, raya en el cinismo y el impudor. En el caso de PRI, PAN y PRD no sorprende, pues históricamente han configurado sus candidaturas con un enfoque de expropiación de los cargos públicos en beneficio de un reducido grupo de personajes que se repartían al infinito las gubernaturas, las diputaciones, las alcaldías, las regidurías, las senadurías y todo lo que implica la extracción insaciable de recursos públicos e impunidad.

Es el caso de las candidaturas de MORENA el que alarma, aunque tampoco sorprende. Alarma, porque el Presidente López Obrador está empeñado en lo que llama la Cuarta Transformación, un proyecto que, dice el mandatario, tiene como motor la honestidad. Una y otra vez afirma AMLO que “ya no es como antes”, que “no somos iguales”, y que, bajo su gobierno, estamos viviendo tiempos fundacionales. Pero todo gobierno y todo proyecto requieren funcionarios, servidores y líderes políticos para intentar su realización, y esos personajes expresan las posibilidades y la credibilidad del régimen. En otras palabras, esa clase política y esa casta burocrática son el rostro del gobierno de la 4T.

El partido del Presidente pretende reafirmar su dominio político con base en muchos personajes claramente vinculados al PRI y al PAN, y a las arraigadas prácticas de exclusión, imposición, altanería y rapiña. No es casualidad que esta semana dos analistas ligados a MORENA, como Gibrán Ramírez, o simpatizantes de AMLO, como Jorge Zepeda, lanzaran voces de reprobación y alerta sobre las candidaturas de MORENA. Gibrán denuncia que figuran despojadores de tierras ejidales en Quintana Roo, ganaderos racistas que exterminaron a indígenas del EZLN en Chiapas, operadores del tenebroso madracista Ulises Ruiz y que, además, han sido señalados de irregularidades por la Auditoría Superior de la Federación. Personas ligadas a la mafia del Grupo Universidad en Hidalgo, Xavier Nava en SLP, quien apenas ayer era del FRENAAA, operadores de fraudes electorales de Moreno Valle en Puebla, integrantes de la derecha huachicolera en Guanajuato, y un larguísimo etcétera, acusa el ex aspirante a la dirigencia nacional de MORENA.

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Por su parte, Jorge Zepeda pone énfasis en la trampa lógico-moral que consiste en lo siguiente: para lograr la transformación necesito todo el poder, a costa de lo que sea, por lo tanto, si esos grupos y candidatos impresentables me suman votos y poder, adelante. La historia muestra que no siempre el fin justifica los medios. Al contrario, casi siempre los medios, el poder por el poder, es lo que aniquila cualquier intento de transformación verdadera.

Las grandes transformaciones solo triunfan cuando vienen desde abajo. Cuando el pueblo movilizado toma las riendas del poder en todas sus dimensiones, no solo arriba. Puede haber un Presidente de la República honesto y comprometido socialmente, pero si no hay un cambio en los miles de funcionarios, servidores y líderes políticos, lo más probable es que el Presidente, se quede solo en su cruzada moral, mientras su corte y sus ejércitos civiles juegan al juego de predicar la nueva moralidad, pero practiquen la vieja política de abuso, imposición y saqueo.

El caso de Clara Luz Flores a la gubernatura de Nuevo León es emblemático, y no lo digo por el escándalo de su participación en la secta criminal NXIVM. Clara Luz ha sido priista de toda la vida, lo cual no necesariamente es malo; tiene toda la genética priista en lo que se refiere a la promoción de los intereses de los poderosos grupos empresariales regiomontanos, lo cual tampoco es malo; pertenece a un grupo político encabezado por su esposo que basa su dominio en la apropiación patrimonial de un municipio, Escobedo, en el cual han hecho grandes negocios. ¿Qué tiene que ver Clara Luz Flores con la Cuarta Transformación, qué le puede aportar? Nada, excepto votos y la perspectiva de que MORENA gane el gobierno de Nuevo León. Pero, ¿Clara gobernaría para los de abajo, para la raza, por la justicia social, o privilegiaría la clase empresarial y los grandes negocios, como siempre lo ha hecho?

El tema da para mucho, pero aquí es donde cobra fuerza el reclamo de miles y miles morenistas de base, quienes protestan indignados por las imposiciones y persiguen a Mario Delgado por todas partes. El cuestionamiento, no solo de la militancia de base de MORENA, sino de muchos observadores es el siguiente: si MORENA está en el poder, si el Presidente López Obrador tiene un respaldo popular inmenso, si las encuestas registran gran ventaja del partido en todos lados, si la oposición está quebrada… ¿por qué no dar oportunidad a liderazgos populares auténticos para que asuman cargos de elección popular? ¿por qué no promover candidaturas de jóvenes, mujeres, maestros, indígenas, trabajadores y demás liderazgos auténticos, apreciados por sus comunidades?

¿Por qué no lanzar a la gubernatura de Nuevo León, de Sonora, de Guerrero, a personas de abajo, con preparación y liderazgo comunitario, sin compromisos ni pasados cuestionables? Todo sería ganar-ganar en este clima de fuerte posicionamiento político de AMLO: si se gana, se abriría la posibilidad de gobiernos populares a nivel local; si se pierde, se gana porque se siembra la semilla de la politización desde abajo, la verdadera irrupción del pueblo en la política.

En definitiva, solo desde abajo se puede transformar un país. Las candidaturas recicladas al infinito que hoy adquieren más visibilidad, son un homenaje al gatopardismo y constituyen una triste imagen propicia para parodiar la máxima moral oficial: el “no somos iguales” se traducen en “somos los mismos”. Más grave aún: se pone en riesgo la esperanza de cambio, justicia y regeneración.

@jos_redo

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