José Reyes Doria | @jos_redo
El fracaso de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum expresa algunos problemas en el proceso de consolidación del régimen de la llamada Cuarta Transformación. La consolidación requiere un pacto político que institucionalice la hegemonía que han logrado. Que incluya reglas claras, condiciones de reparto sistemático del poder y bases mínimas de gobernabilidad.
El intento de reforma electoral se inscribe en el imperativo político de consolidar la dominación política de la 4T, en tres aspectos: primero, cuáles son los aliados idóneos para las siguientes fases de la 4T; segundo, cómo garantizar la permanencia en el poder el mayor tiempo posible; y tercero, decidir para qué se quiere tener todo el poder posible.
1.- ¿Con cuáles aliados andar?
La Presidente ha sido especialmente enérgica al decretar que la gente podría castigar en las urnas al PT y al PVEM por no apoyar su reforma electoral. La fallida reforma electoral pretendía, como uno de sus objetivos principales, acabar con la alianza del PT y el PVEM. La propuesta original desde el expresidente AMLO, era eliminar los diputados de representación proporcional y reducir drásticamente el financiamiento público de los partidos políticos. Esos cambios eran veneno puro para PT y PVEM.
Ante el rechazo firme de los aliados, el régimen matizó y lanzó la propuesta de conservar los 200 diputados de representación proporcional, pero con cambios significativos en la forma de asignación de esas diputaciones. Pero esos cambios implicaban debilitar al máximo a las dirigencias de los partidos políticos, lo cual, sumado a la reducción del financiamiento público, rechazaron PT-PVEM porque igualmente era un golpe mortal contra sus dirigencias.
La pregunta que subyace a este problema es la siguiente: ¿para qué quiere el régimen de la 4T a PT-PVEM como aliados? La respuesta es sencilla si se plantea desde el punto de vista de la construcción de la mayoría calificada en el Congreso. Si la fórmula de asignación de diputados plurinominales se aplicara sin candados, Morena podría intentar, y ganar, por sí solo, la mayoría calificada de dos terceras partes. Pero la Constitución pone dos candados: por un lado, ningún partido político puede tener una bancada superior al ocho por ciento respecto al porcentaje de votos obtenidos, la famosa cláusula de sobrerrepresentación; por otro lado, ningún partido puede tener, por sí solo, más de 300 diputados.
Para superar estos candados, a través de una sofisticada ingeniería electoral, el régimen implementa desde 2018 la alianza con el PT y el PVEM. En pocas palabras, el corazón de esa ingeniería consiste en asignar nominalmente diputaciones de mayoría a PT y PVEM, aunque en realidad en esos distritos el partido que más votos gana es Morena, realmente los gana Morena. Con esa estrategia le dan la vuelta a la cláusula de sobrerrepresentación y a la prohibición de tener más de 300 diputados.
Pero al régimen encabezado por Claudia Sheinbaum le parece que esa alianza es cada vez más costosa, y que, dado el grado de implantación de la 4T, ha llegado el momento de dejarla atrás. La alianza es costosa porque el régimen tiene que darle a estos aliados hasta 70 diputados de mayoría, que en realidad ganó Morena en las urnas; y también tiene costos en términos del desprestigio que acumulan históricamente ambos aliados.
Sin embargo, la pregunta que surge es cómo va a construir Morena la mayoría calificada si rompe la alianza con PT-PVEM. Si no se alía con ningún otro partido, eso es imposible constitucionalmente.
2.- ¿Cómo permanecer por largo tiempo en el poder?
La conservación del poder depende de una variedad de factores, pero un factor central es el dominio del Congreso. Porque el Poder Legislativo tiene facultades fundamentales que resultan indispensables para gobernar el país. El Congreso hace la legislación, las reformas legales y constitucionales, aprueba el Presupuesto, fiscaliza el ejercicio de los recursos públicos, realiza o ratifica nombramientos en cargos públicos estratégicos, aprueba o rechaza deuda pública, entre otras atribuciones.
Algunas de estas decisiones fundamentales del Congreso se logran con mayoría absoluta de 50 por ciento más uno, mayoría que hoy Morena tiene por sí solo. Pero otras decisiones requieren mayoría calificada de dos terceras partes, lo cual ni Morena ni ningún otro partido pueden lograr por sí solo, la Constitución actual no lo permite.
Un régimen, un partido-gobierno como Morena y la 4T, pueden conservar el poder y mantener su hegemonía sin contar con la mayoría calificada en el Congreso, pero es vital tener mayoría absoluta de 50 por ciento más uno, porque sin ésta mayoría tendría que ceder partes sustanciales del poder y del gobierno a la oposición, pues, como dijimos, no podría imponer la aprobación de leyes estratégicas o el Presupuesto. Recordemos que de 1997 a 2018, los gobiernos y partidos de los presidentes Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto no tuvieron mayoría absoluta en el Congreso, mucho menos mayoría calificada, para bien y para mal.
Una hegemonía con fuertes componentes ideológicos y polarizadores, como la de la 4T, necesita la mayoría calificada preferentemente, o al menos la mayoría absoluta. De lo contrario, necesariamente se desdibujaría sustancialmente y difícilmente duraría largo tiempo en el poder. Ello facilitaría la alternancia, como ocurrió entre 1997 y 2018.
Por eso, si el régimen decide que ya no es viable la alianza con PT-PVEM, tendría, que aceptar, de entrada, que no contará con mayoría calificada para reformar por sí mismo la Constitución. A juzgar por la dureza de la Presidenta hacia los aliados, pareciera que la 4T acepta ese costo, y por lo tanto, ha decidido desechar esa alianza.
Ello implicaría que, en el régimen consideran que ya no será necesario reformar la Constitución en el corto y mediano plazos, que ya hicieron las reformas constitucionales indispensables para la implantación del proyecto de la 4T. Habría faltado solo la reforma político-electoral, pero el fuerte posicionamiento político del que goza el régimen le permitirá aprovechar y optimizar al máximo las reglas y las estructuras actuales del sistema para consolidarse un buen rato en el poder.
3.- Pero, ¿para qué quieren tanto poder?
La respuesta fácil y simplona dice que el régimen ha realizado todas las reformas sustanciales con el objetivo de centralizar el poder, el poder por el poder. Desde luego, todo gobernante o partido se engolosinan con el poder, al grado de llegar a convertirlo en el objeto único de sus deseos.
Pero el análisis debe ir más allá de la mera ambición de poder. Y en eso estamos en México: ya vimos la saga de reformas y políticas realizadas por la 4T, algunas de ellas realmente radicales. Sin embargo, el impulso inicial, que fue el sexenio de AMLO, ya bajó su ritmo, como es natural por el paso del tiempo y el desgate del gobierno.
El poder acumulado y centralizado puede orientarse hacia fines más definidos en los años por venir, tanto en las prioridades del gobierno como en el estilo de ejercer el poder, terreno en el cual se hace cada vez más necesaria una apertura al diálogo y la inclusión de otras fuerzas y corrientes partidistas, sociales, ideológicas y económicas. Lo iremos viendo.
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