Las meseras que viven de propinas son 20% más pobres.
El 40% de las denuncias por acoso, están vinculadas con los restaurantes.
En su libro de memorias La vida en el Misisipi de Mark Twain publicado originalmente en 1883, sobre sus días como piloto navegante de un vapor de ruedas en el río Misisipi antes del inicio de la Guerra de Secesión y 6 años después de la publicación de su libro cumbre Las aventuras de Tom Sawyer introdujo al mundo la palabra “lagniappe”, porque sobre ella escribió en sus memorias:
“Recogimos una palabra excelente, una palabra que vale la pena viajar a Nueva Orleans para obtener; una palabra agradable libre, expresiva, útil – ‘lagniappe.’ Lo pronuncian lanny-yap. Es español, así me lo dijeron…Tiene un significado restringido, pero creo que la gente lo extendió un poco cuando lo usa. Es el equivalente a la decimotercer pieza de una docena. Es algo dado, gratis, por una buena compra. La costumbre se originó en el barrio español de la ciudad. … Si la mesera del restaurante tropieza y derrama una branquia de café por la nuca, dice ‘Por lagniappe, sah’, y te consigue otra taza sin cargo adicional.”
Lo que nunca supo Mark Twain es que es una derivación de una expresión de uso entre las culturas indígenas mucho antes de la llegada de los europeos, la palabra lagniappe en francés se pronuncia “lañáp” y fue la forma construida por los franceses que habitaron Nueva Orleans después de los españoles a los que les escucharon por primera vez la expresión “la ñapa”, por eso es entendible que se crea que su origen es español, aunque realmente es de origen quechua, es decir que fueron los incas los que acuñaron este concepto, que es un apapacho dentro de los intercambios comerciales, es un agregado gratis, es el extra que se da a quien quieres agradecer la compra o el servicio, es un regalo que se da a alguien por hacerte un extra al que no estaba obligado y es el origen de la propina.
Aunque el territorio culturalmente influido por los incas son los que ocupa el actual Perú, Ecuador, Bolivia, parte de Argentina, Chile y Colombia, debido a los intercambios comerciales, su uso llegó rápidamente a Mesoamérica y se extendió por todas y cada una de las comunidades del continente y gracias a Mark Twain, lagniappe se acunó en Nueva York como “lenyap” por su pronunciación en inglés y de ahí viajó al mundo.
- Al residuo que queda en el molde del piloncillo, se le llama pilón y era el dulce que se le ofrecía a los niños como estímulo por contribuir con alguna labor, con el tiempo “el pilón” pasó a ser un poco más del producto comprado como regalito para el cliente habitual. Lo que sería un sinónimo de ñapa.
El problema surge cuando un concepto tan noble cae en manos del capitalismo, porque este bono extra que se daba a quien por mérito propio se esmeraba más para cumplir con lo acordado, se ha convertido en una de las formas más viles de explotación humana.
Hace unos días leí en twitter una publicación de Sol Hernández Guerrero (@SolHG) en la que describe la explotación de la que son objeto meseras y meseros en los negocios de comida que antes servían para restaurar a quienes laboraban y que hoy llaman “restaurantes”, en el twitt nos describe cómo el dueño, violando la Ley Federal del Trabajo obliga a los trabajadores a pagar su propio uniforme, también les quita un porcentaje de sus propinas, y cómo les obliga a pagar con su dinero al personal de limpieza, y nos platica cómo son amagados para obligarlos a doblar turnos, y de no hacerlo serán castigados con los peores horarios, también les cobra un porcentaje al mes “por equipo perdido o roto”, aunque no hubiera ninguna pérdida. Es sabido que también existen lugares en donde no cuentan con un sueldo base, y toda esta explotación se ha normalizado, con la complicidad del comensal que cree que por tener dinero para comer en uno de estos restaurantes puede transgredir la dignidad de las personas y compensarlo dejando una propina.

La palabra “propina” proviene del latín propinare, que significa “dar de beber” vendría a ser como la clásica expresión popular “dale para sus aguas”, que significa dar un poco de dinero a aquella persona que te hizo un favor para compensarlo, en francés por ejemplo, se dice pourboire que literalmente significa “para beber”. Esta práctica se hizo costumbre principalmente para bonificar el esfuerzo extra de quienes atienden en los lugares en donde se sirve comida y bebida, y en algunas partes del mundo lo han convertido en una obligación, con lo que han corrompido la idea original de premiar el esfuerzo extra, porque si lo que se pretende es dignificar el esfuerzo de quien sirve la comida y la bebida, éste debiera ser pagado por quien recibe los beneficios económicos de ese buen servicio.
En los países nórdicos no se acostumbra dejar propina, pero en los grandes hoteles, no está mal visto que se deje el 10% extra sobre el costo del consumo, solamente si el servicio es extraordinariamente satisfactorio, a diferencia de Asía en donde puede ser ofensivo o en países como Venezuela en donde por ley de protección al consumidor los restaurantes incluyen ya en el precio final del producto un porcentaje para pagar el mesero o mesera y toda propina es considerada como sueldo para el trabajador o trabajadora e incide en prestaciones laborales. Por lo que las propinas están mal vistas desde el punto de vista legislativo y social, además que la clase política la considera un insulto ya que aparenta superioridad sobre otros o porque te consideran menor de edad, porque ahí la ñapa la reciben sólo los niños o los discapacitados, por hacer “mandados” (encargos) a las bodegas o tiendas de abarrotes o bien la cantidad adicional, sin costo que se da por un esfuerzo extra sin solicitarlo.
En Estados Unidos, en 1966 en la Ley de Normas Laborales Justas, (Fair Labor Standards Act, FLSA por su siglas en inglés), se incluyó en su cobertura la protección a trabajadores y trabajadoras de hoteles, restaurantes y otros servicios, y fue ahí donde se estableció una disposición especial de “salario mínimo” para los que reciben propinas por parte de los clientes, norma que fue copiada en México entre otros países. En la práctica la ley establece que dichas propinas se convierten en un subsidio que los clientes otorgan a los establecimientos comerciales.
Es famoso Hooters, una cadena norteamericana en donde su principal producto son las meseras voluptuosas semidesnudas, y en México existen restaurantes como el Angus que se anuncia como el que ofrece “las mejores carnes” y en su publicidad y su servicio, lo que destaca es el aspecto físico de las meseras. Hace poco una mesera de uno de estos Hooters en la Ciudad de México se quejó en las redes virtuales, porque un comensal que pagó 4 mil pesos, le dejó 86 pesos de propina, el problema no son los 86 pesos, el problema es que el patrón le quitará un porcentaje, otro quien asigna las mesas, el capitán de meseras otro y debe pagar al que limpia, y dar un poco al que lava los platos y al que cocina y todo esto no es en función de lo que recibe, sino de lo que debe recibir, porque para eso la obligan a trabajar semidesnuda, y ser “atenta” para recibir más propina. Así que en el caso de esta mesera de los 86 pesos, le tocó a ella pagar por el servicio del comensal. Esta es la realidad que viven cientos de mujeres jóvenes y bonitas, que lo hacen para pagar sus estudios o lograr otra cosa. Ahora imagina este mismo nivel de corrupción y abuso para decenas de miles de mujeres que dedican toda su vida a esta labor. Así es la explotación laboral y sexual de las meseras en México.

En México la Ley Federal del Trabajo en su Título Sexto, Trabajos Especiales, Capítulo XIV, es la que se ocupa de regular el trabajo en hoteles, restaurantes, bares y otros establecimientos análogos y establece en su Artículo 345, que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos fijará los salarios mínimos profesionales que deberán pagarse a estos trabajadores y en el Artículo 346 establece muy claramente que las propinas son parte del salario de los trabajadores y los patrones no podrán reservarse ni tener participación alguna en ellas. El Artículo 347 establece también que las trabajadoras y los trabajadores podrán determinar una cantidad de propina que se puede incluir en el precio final, y que si no se establece una cantidad de propina, se puede establecer un porcentaje sobre el consumo que deberán pagar los patrones y que las partes fijarán el aumento que deba hacerse al salario de base para el pago de cualquier indemnización o prestación que corresponda a los trabajadores. El salario fijado para estos efectos será remunerador, debiendo tomarse en consideración la importancia del establecimiento donde se presten los servicios. Es decir a mayor ganancia del dueño, mayor salario para los trabajadores.
El Artículo 348 establece que la alimentación que se proporcione a los trabajadores deberá ser sana, abundante y nutritiva. Pero también están obligados por ley en el artículo 349 a atender con esmero y cortesía a la clientela del establecimiento. Es decir, están obligados a ser serviles por ley.
Y les corresponde a los inspectores de Secretaría del Trabajo:
I – Vigilar que la alimentación que se proporcione a los trabajadores sea sana, abundante y nutritiva;
II – Verificar que las propinas correspondan en su totalidad a los trabajadores; y
III – Vigilar que se respeten las normas sobre jornada de trabajo.
Situación que no se cumple y permite que el patrón robe, acose, prostituya, y extorsione a las y los trabajadores, con salarios que no corresponden a los ingresos del negocio, robándoles sus propinas, obligándolos a dobles turnos y a pagar el salario de otros trabajadores con sus propinas, en donde no tienen ninguna prestación ni seguridad social y viven a expensas de que les permitan ganarse un sustento.
Un estudio hecho en 2019 arrojó que en los lugares donde viven de las propinas, el 80% de los puestos de trabajo son ocupados por mujeres y sufren un nivel de pobreza 20% superior a las mujeres en los lugares donde se les asigna un sueldo digo y un porcentaje de las ganancias del restaurante. Este mismo estudio indica, además, que el acoso sexual a quienes dependen de propinas para poder llegar a cubrir su canasta básica se ve incrementado en gran medida: El 40% de las denuncias por acoso sexual son de la industria de los restaurantes. El 10% de toda la fuerza laboral trabaja en este sector y las mujeres representan el 70% y en su gran mayoría atienden las mesas mientras los hombres laboran en las cocinas.
La realidad es que toda mujer que trabaja bajo las órdenes de un jefe o patrón sufre más abusos y explotación que un hombre, aunque el jefe o patrón sea una mujer, pero si el jefe o patrón es un hombre, se le debe sumar al acoso de los trabajadores hombres y el acoso del jefe o patrón que siente que tiene derecho sobre el cuerpo de la mujer trabajadora.
Paradójicamente la ley laboral en México y en muchas partes del mundo en la práctica a quien protege es a la ganancia de los patrones, que no entienden que ellos, aún dentro del criminal capitalismo, no “dan” trabajo, que lo que hacen es contratar servicios, y que no contratan personas, que lo que se renta es la capacidad productiva de una persona, que a los seres humanos no se les puede rentar, ni en las peores circunstancias, por eso se establece o se debe establecer las funciones específicas que desarrolla cada trabajadora por las cuales recibe una remuneración. Por lo que lo primero es lograr que las trabajadoras entiendan, que no trabajan para los dueños, que el patrón no “da” trabajo, que ellas son libres y que libremente rentan sus capacidades, pero nunca su persona. Que desempeñan un trabajo y no trabajan para alguien, así sea una asistente personal, empleada doméstica, o prostituta, por lo que cobran es por su labor, no por vender a su persona.
Pero los dueños del dinero se sienten dueños de las personas, y podemos escuchar comentarios tan nefastos como el expresado en twitter por el esclavista evasor de impuestos Ricardo Salinas Pliego, cuando una ex trabajadora le reclamó el haberla despedido en plena pandemia después de 18 años de trabajo, a lo que el dueño de Tv Azteca, Elektra y Grupo Salinas respondió: “Me decepciona saber que eres una persona mal agradecida con quien te ocupó por 18 años. De haberlo sabido… tu salida era antes”, porque en su estupidez tiene la creencia que el “ocupa” a las personas y que además de explotarlos, deben agradecerle por la explotación, sin reconocer que (además de usar todos los servicios del Estado sin pagar impuestos) la riqueza que goza y presume públicamente, se debe a la ganancia que obtiene por la explotación laboral y el sobreprecio en el que vende sus productos, con la complicidad de los gobiernos de los últimos 30 años.
Ahora, lo nuevo es tener meseras por subcontratación, lo que incrementa la explotación, el abuso y el acoso, porque ahora tienen más patrones; los patrones intermediarios y los patrones del lugar de donde trabajan. Aunque la subcontratación tiene su origen en México hace 40 años, con las empresas que ofrecen servicios de vigilancia y luego las de limpieza. Fue hasta 2012 a iniciativa de Felipe Calderón, que se modificó el artículo 15 de la Ley Federal del Trabajo para que se eliminara la figura de responsabilidad compartida de las empresas con los trabajadores y surgió legalmente la externalización o tercerización del trabajo; el famoso outsourcing por su neologismo inglés y con ello legalizaron la prostitución del trabajo, al permitir que padrotes se ostentaran como dueños de mano de obra, que ofrecen como producto a las empresas, dándoles la ventaja de no tener ninguna relación laboral ni compromiso de seguridad física o social con las personas que trabajan dentro de sus empresas y que su trabajo les genera ganancias.
La secretaria del Trabajo en compañía del Presidente, el 12 de noviembre de 2020 simularon al presentar una iniciativa para terminar con la subcontratación. Iniciativa que a la fecha ha sufrido muchas modificaciones y retrasos, y que ahora su discusión en el Senado la dejaron “para después de las elecciones”. Así que para cuando la aprueben dejará más viva que nunca esta práctica neoesclavista reflejo de que el neoliberalismo en México sigue vigente.
A final de cuentas como comensal, tienes el derecho de no dejar propina, porque todos los servicios, y la exorbitante ganancia del patrón, están incluidos en el precio final y las meseras tienen el derecho a un trabajo digno y bien remunerado, que deben recibir y exigir a quien las contrata; y la Secretaría del Trabajo tiene la obligación de garantizar que sea así, pero en México el derecho es chueco y nada de esto sucede. Así que si no dejas propina, el patrón se la cobrará a la trabajadora y si dejas estás fomentado la explotación. Eso no quita que como cortesía dejes la ñapa, pilón, lagniappe o lenyap, por un esmerado servicio. Usted decide.
La vida es una construcción consciente.





