Propaganda e ideas. Autor: Federico Anaya Gallardo

Te propongo, lectora, un tema extraño. Analicemos un póster de propaganda soviética. El autor es Mijail Abramovich Gordon (Михаи́л Абра́мович Гордо́н, 1918-2003), cartelista de origen judío parte del bloque de artistas Boyevoy karandash (Боевой карандаш), “Lápiz de Batalla”. Gordon tomó parte en la defensa de Leningrado contra los nazifascistas (1941-1944) y luego prosperó como diseñador de escenografía y carteles de propaganda. El póster que te propongo lo encontré en el muro facebook “Soviet Posters” (Liga 1) hace poco.

El cartel se titula “Gloria al trabajo” (Слава труду, Slava trudu). Data de 1961 (gobierno de Nikita Khruchov) y tiene 42 x 56 cm. Gordon puso de moda el jugar gráficamente con las letras del alfabeto cirílico para formar símbolos y transmitir más directamente un mensaje. El ejemplo que tenemos aquí lo demuestra. La “С” [S] se disfraza de hoz y la “Т” se disfraza de martillo. Así, al mismo tiempo que se lee Gloria al trabajo se muestra el símbolo del comunismo internacional.

Pero el juego gráfico permite otras lecturas. Por ejemplo, si quien mira el póster sólo lee las letras y omite la hoz y el martillo, dice “лава руду” (lava rudu) que se traduce como mineral de lava. Rudu, mineral, evoca el sueño de la industrialización metal-mecánica (la revolución se hacía con altos hornos que producían acero); lava nos hace imaginar el fuego de la revolución. La idea de fuego se conecta con los colores rojo/amarillo y manda al lector de regreso a la hoz y el martillo. Un mensaje complejo transmitido de modo sencillo y directo: La industrialización liderada por el fuego de obreros organizados es quemante y brillante como la lava de los volcanes.

Las evocaciones no paran allí. En las palabras труду (trudu, trabajo) y руду (rudu, mineral), la “д” (d, dé) puede fácilmente confundirse con la grafía cirílica “л” (l, ele). Si el ojo del lector se equivoca (yo me equivoqué al escribir la palabra en mi diccionario en línea), escribiría “рулу” (rulu), que significa timón. Así, el mensaje de Gordon podría leerse también como “Слава рулу” (Slava rulu, Gloria al Timón) en donde el Partido Comunista (hoz y martillo) es la vanguardia que guía a la sociedad, empuñando con firmeza el timón político del Estado. Igualmente, el lector puede seguir haciendo combinaciones. Podría leer “лава рулу”, timón de lava, lo que lo llevaría a meditar sobre la potencia de la dictadura del proletariado.

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¿Es exagerado hacer todas estas lecturas? No lo creo. Los aportes gráficos de Gordon siguen siendo admirados en la Rusia postsoviética. En la vieja Leningrado (hoy de nuevo San Petersburgo) se organizaron exposiciones sobre su obra en 2003, 2005 y 2009 –y la Wikipedia rusa le dedica una amplia ficha biográfica. Pensemos que un póster como el que te muestro estaría expuesto en público por largo tiempo. La combinación de imágenes (hoz-martillo) y letras estaba abierta a interpretación, y el cartel aprovecharía el aburrimiento de los transeúntes en la ciudad que pasarían muchas veces frente a la imagen. Lo anterior, si queremos imaginar que el cartel sólo se pegaba en una pared y se dejaba abandonado. Es probable que también hubiese camaradas invitando a quienes lo viesen a hacer las combinaciones e interpretaciones, haciendo las lecturas que señalo –u otras.

El cartel es de 1961, la era en que la URSS lideraba el esfuerzo espacial de la Humanidad y cuando el horizonte de una liberación socialista era amplio. Todavía en 1971, otro cartelista soviético, Alexander Arnoldovich Zhytomyrsky (Александр Арнольдович Житомирский, 1907-1993) publicó un cartel en el que se daba un culatazo con un AK-47 a un tigre feroz con uniforme yanqui, bajo la leyenda “¡Fuera de Vietnam!” (Вон из Вьетнама!). Mucho menos sutil que Gordon.

En febrero de 2018, cuando Julio Astillero me invitó a colaborar en este espacio, compartí una reflexión acerca del vacío social que produce la modernización y cómo los medios de comunicación llenan esa ausencia. (Liga 2.) En aquella ocasión comparé tres experiencias arcaicas –todas anteriores a 1940– de cuando esos medios eran jóvenes. Una era la maquinaria de movilización permanente de la URSS, que permitió estabilizar el régimen soviético y resistir la embestida fascista. Otra fue la creación de medios afroamericanos en las ciudades norteñas luego de la gran migración del campesinado negro del Deep South. Desde esos medios alternativos, en las décadas siguientes el movimiento de los derechos civiles logró articularse de manera potentísima. Ambas experiencias eran complejas y progresistas. Ambas lograron sus objetivos. Pero mientras la soviética era centralista (estatal), la afroamericana era descentralizada (societal). En contraste con ambos casos, el tercer ejemplo que propuse resultó un fracaso. El Estado cardenista falló al momento de crear y sostener medios de comunicación masivos que permitiesen reproducir su discurso progresista.

Ahora bien, cuando se pierde una batalla, hay que hablar de vencedores y vencidos. El progresismo venció en la URSS y en los EUA. Allá, al otro lado del mundo, el primer Estado de los obreros y campesinos no sólo resistió la guerra impuesta por el nazismo, sino que prosperó por varias décadas. Acá, al norte del Río Bravo, se lograron leyes e instituciones que protegiesen los derechos civiles de todas y de todos –y hasta el día de hoy los fanáticos del Old Dixie siguen en retirada (revisa, lectora, las mil y un notas acerca de monumentos racistas retirados del espacio público). En cambio, de la visión del México cardenista sólo quedan recuerdos aislados y fragmentados.

En mi artículo de 2018 señalé cómo Excélsior logró enredar la imagen misma de Cárdenas en su celebración del “Día de la Madre”, absorbiendo al presidente agrarista y obrerista dentro del discurso de una caridad católica superficial y melodramática. Frente a este aparato de propaganda privatizado, católico, conservador y reaccionario, no supieron poner resistencia digna ni El Nacional ni los discursos generados por el Estado cardenista. Cuando en los 1990 se decía que Carlos Salinas de Gortari le estaba robando banderas al PAN, lo cierto es que ya nada quedaba del discurso nacionalista y revolucionario.

Es aquí adonde uno empieza a entender el escándalo que causa entre la comentocracia del viejo régimen el extraño éxito de Las Mañaneras obradoristas. Por vez primera desde los días de la Revolución Mexicana triunfante, parece ser que tenemos un discurso político fuerte de parte del Estado. Pero no hay que confiarse. Si el presidente que rompió la economía de las haciendas, expropió el petróleo y fundó el partido de Estado no pudo articular un aparato triunfador de propaganda política, ¿lo podrá hacer un presidente que –aparte– está comprometido con la pluralidad y la democracia?

Acaso tengamos alguna respuesta cuando termine la filmación de 1938: cuando el petróleo fue nuestro. El director es Sergio Olhovich, quien ha explicado cómo esta película debió aguardar dos décadas en la congeladora. (Liga 3.) El guión lo escribieron, en 1999, Olhovich y Carlos Montemayor. Relata los días que llevaron a la expropiación petrolera. ¿Qué visión nos dará de esas jornadas patrióticas? ¿Una nueva historia de bronce? ¿O ejemplos que las mujeres y hombres de hoy puedan imitar?

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.facebook.com/photo/?fbid=863163054559281&set=gm.10159879674111202

Liga 2:
https://julioastillero.com/apuntes-miscelaneos-vacio-social-mass-media-tres-experiencias/

Liga 3:
https://www.sdpnoticias.com/nacional/pelicula-petroleo-nuestro-1938.html

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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