“Productos de higiene femenina o lo personal es político”. Autora: Ivonne Acuña Murillo

¿Quién lo hubiera pensado? El impuesto sobre los productos de higiene íntima femenina, toallas, tampones y copas menstruales, se convierte en un obstáculo para la participación social y política de las mujeres. Es así como algo tan personal se convierte en un tema de discusión pública, como muestra la iniciativa Menstruación Digna México (MDM), presentada por el colectivo feminista del mismo nombre, el 8 de septiembre de 2020, para posicionar el tema en la Cámara de Diputados, en donde el 21 de octubre de 2020 fue desechada con 218 votos en contra, después de haber sido previamente aprobada.

La iniciativa fue presentada a la Cámara por la diputada Verónica Beatriz Juárez Piña, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), para que se adicionara un “inciso j” a la fracción I del artículo 2º.-A de la Ley del Impuesto al Valor agregado, con el propósito de que dichos productos fueran considerados dentro de lo que se conoce como “tasa cero”. A decir del colectivo MDM: “La menstruación es política y como tal debe atenderse”.

Lo personal es político

“La menstruación es política” es una paráfrasis de la conocida frase feminista “Lo personal es político”, con la que se busca hacer evidente la conexión entre la experiencia personal de las mujeres y las grandes estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que las subordinan y condicionan.

La frase ha sido adjudicada a Kerry Burh, Shulamith Firestone, Robin Morgan y Carol Hanish, que en 1970 publicó el libro Lo personal es político. Sin embargo, ninguna de ellas se asume como autora de la que se considera una bandera de lucha de las feministas de la Segunda Ola, que en conversaciones públicas y privadas descubrieron que la experiencia de ser mujeres en un sistema masculino patriarcal misógino y bigenérico no podía ser algo personal cuando era compartido por millones de ellas en todo el mundo.

Así, al llamado de “lo personal es político”, feministas en todo el planeta han dado la batalla para cambiar de raíz el sistema de opresión que aísla, estigmatiza, violenta y excluye a las mujeres.

Por décadas se han multiplicado los temas: violencia intradoméstica, violación dentro y fuera del matrimonio, acoso sexual, aborto en condiciones insalubres, embarazos no deseados, etc. Este año, 2020, al movimiento verde y morado en favor del derecho a decidir sobre el propio cuerpo y al aborto en condiciones adecuadas, se suma la lucha por desgravar los productos de higiene íntima que, de manera absurda y con un sesgo de género, han sido considerados no como productos de primera necesidad, sino de lujo. Tal vez porque son un gran negocio para las empresas que los producen.

Castigo económico por menstruar

“Entra a un centro comercial o supermercado, haz un ejercicio de observación rápido y compara un producto en su versión para hombres con el mismo producto en su versión femenina. Inmediatamente te darás cuenta de que los que están en empaques rosas o tienen la leyenda ‘para mujeres’, aumentan hasta tres veces su valor.” Esta cita aparece en el texto de Katia Treviño, “¿Por qué nos cobran impuestos sobre los tampones y las toallas higiénicas?”, publicado el 25 de febrero de 2020, en el sitio Unicable.tv.

En el mismo reportaje, la experta en género Ana Joaquina Ruiz Guerra, investigadora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB) y académica de la Universidad Iberoamericana, asegura que los impuestos cobrados sobre los productos mencionados perjudican a las mujeres que no cuentan con los recursos para comprarlos. Lo anterior se traduce en ausentismo en las escuelas y lugares de trabajo cuando las jovencitas y mujeres cursan por su periodo. Entonces, continua Ruiz, “se nos castiga económicamente por tener un fenómeno natural que es la regla”.

De acuerdo con una investigación realizada por Sin Embargo, publicada el 14 de septiembre de 2019 bajo el título “Una mujer gastará 36 mil pesos en productos para menstruación, y en México ni se discute quitar IVA”, firmada por Daniela Barragán, una mujer gasta alrededor de 36 mil pesos a lo largo de su vida en productos de higiene personal, de manera que cobrar 16% de IVA a cerca de 64 millones de mexicanas, por menstruar, supone un trato injusto e inequitativo.

De acuerdo con cifras del ILSB el “impuesto rosa” que se aplica a los productos sanitarios femeninos varía de país a país, desde un 5% hasta un 25%, aunque en algunos países como Canadá, Kenia y Australia se ha eliminado esta carga fiscal, al ser considerado un tema de justicia social básica. En la India el impuesto de 12% fue eliminado en 2018.

En un ejercicio de comparación se observa, siguiendo con los datos del ILSB, que en México dicho impuesto asciende a 16%, mientras que en Reino Unido es del 5%, en Francia del 5.5% y en Brasil de 9% a nivel federal, y del 15% al 25% en los estados.

En España, desde 2015 se lucha para que el impuesto baje de 10% a 4%; en el mismo año, en Francia el impuesto pasó de un 20% a un 5.5%. En 2016, mujeres colombianas, bajo la campaña “Menstruación Libre de Impuestos”, lograron que se redujera esta carga de un 16% a un 5%; mientras que las mujeres de Reino Unido esperan se cumpla la promesa hecha por el Parlamento en 2016 y que debido al Brexit se implementará hasta 2022. En Argentina, en 2019 comenzó la campaña #MenstruAcción. Las mujeres alemanas, malasias y por supuesto mexicanas están en la misma lucha.

La menstruación no debería ser un obstáculo

Para millones de mujeres en el mundo la menstruación es algo cotidiano que no debería traducirse en una barrera para el ejercicio de cualquier actividad. Sin embargo, cuando se pertenece a grupos sociales de bajos recursos, la menstruación se convierte en una dificultad que se interpone en el pleno desarrollo de niñas y mujeres en edad productiva y reproductiva.

Es el caso de muchas niñas africanas que no tienen acceso a productos de higiene femenina y terminan usando lo que tienen a la mano: trapos, paja seca, y trozos de tela gruesos que les causan llagas en las piernas pues, por lo general, deben caminar varias horas para llegar a la escuela, por lo que muchas veces prefieren quedarse en casa perdiendo 4 o 5 días de estudios al mes.

La situación narrada llevó a la diseñadora colombiana Diana Sierra a crear una toalla íntima “rellenable”, cuya cubierta exterior protege la piel de las niñas quienes la rellenarían con los materiales disponibles reduciendo los daños causados. Esta información fue recogida por Paula Bravo Medina en el reportaje “La colombiana que ’hackeó’ la toalla higiénica para cambiar la vida de las niñas en África”, publicado por CNN el 12 de mayo de 2016.

Por supuesto, las niñas mexicanas de escasos recursos no la pasan mejor como quedó evidenciado en el texto de Elisa Villa Román, publicado por El Universal, el 28 de mayo de 2018, “Las niñas no van a la escuela por miedo a mancharse”, ya porque su pobreza les impide comprar productos de higiene íntima o bien porque su escuela no cuenta con baños cerrados donde puedan cambiarse durante la menstruación. Estas situaciones se replican en estados como Chiapas, Oaxaca y San Luis Potosí a decir de Lorena Vázquez Ordaz, directora ejecutiva de The Hunger Project México.

La falta de recursos para atender su menstruación de manera adecuada se convierte en una segunda, tercera o cuarta barrera que las niñas deben superar cuando cuentan con la suerte de asistir a la escuela.

Pero, la falta de recursos e infraestructura no son los únicos problemas que las niñas enfrentan al menstruar, la falta de atención médica adecuada es otro de los factores que se agrega a su situación de pobreza. Los cólicos, náuseas y malestares que suelen acompañar, en muchas de las ocasiones, a la menstruación deben pasarse “a valor mexicano” convirtiéndose así en un obstáculo más.

Así el testimonio de Areli, madre de Victoria, una adolescente de 14 años que cursa tercero de secundaria, que refiere las veces que su hija se anima a ir a la escuela, a pesar de estar menstruando, y que tiene que salir antes de terminadas las clases. La llaman para que recoja a su hija pues: “Está reglando y se queja muy feo. A ella le viene como si fuera a tener un chamaco, se queja muchísimo”. De acuerdo con el reportaje de Tamara de Anda, “La impensable razón que aleja a cientos de niñas mexicanas de la escuela: su menstruación”, aparecido en Unicable el 25 de febrero 2020.

Los problemas económicos que enfrentan las mujeres para atender de manera adecuada su menstruación no se restringe a países de renta media o baja. Desde 2016 en algunas entidades de Estados Unidos como Nueva York, Utah, Virginia, colectivos de mujeres han presentado proyectos de ley buscando la eliminación de los impuestos referidos. Según reporta CNN, en un texto de Jeanne Shadi, “El ‘impuesto al tampón’: ¿es algo injusto para las mujeres?”, publicado el 2 de febrero de 2016.

En Arizona, Estados Unidos, mujeres bombardearon la oficina del representante republicano T. J. Shope con tampones y toallas íntimas, como una forma de presión para destrabar la ley presentada bajo la campaña #LetltFlow (#DéjalaFluir), cuyo objetivo es el suministro ilimitado de productos de higiene femenina a las reclusas de Arizona, a quienes se dota con 12 toallas al mes que al ser insuficientes se traducen en un desembolso por parte de dichas mujeres. Esta información fue publicada por CNN Estados Unidos, bajo el título “La razón por la que muchas mujeres están compartiendo fotos con tampones y toallas higiénicas femeninas”, texto escrito por Amir Vera y publicado el 14 de febrero de 2018.

La menstruación no es el obstáculo, el sesgo de género sí lo es

Desgravar las toallas íntimas, los tampones y copas menstruales pareciera una demanda menor pero no lo es si se tiene en cuenta que por siglos la menstruación se ha utilizado como pretexto para alejar a las mujeres de la vida social, económica y política. A esto se agrega el hecho de que las mujeres, en la mayor parte del mundo, siguen percibiendo menores ingresos que los hombres por el mismo trabajo.

No debe olvidarse que la menstruación ha sido considerada, en la gran mayoría de las culturas y en las grandes religiones, cristianismo, judaísmo, hinduismo e islamismo, como un hecho impuro que impide a las mujeres, en términos físicos y simbólicos, participar de la vida ritual y social.

La menstruación y el parto han sido considerados por diversas religiones como aquellos momentos en que las mujeres podrían contaminar a todo aquel que se atreviera a tocarlas, de tal suerte que había que aislarlas por días, antes de que pudieran reincorporarse a la vida de la comunidad.

Para terminar, destaca que en la iniciativa presentada por Juárez Piña, comentada arriba, se cite al sociólogo y antropólogo Erwing Goffman para quien “(…) el estigma social de la menstruación se ajusta a las tres categorías que él configura, de manera simultánea: ‘en lo corporal por ser el fluido que más repulsión social despierta, en lo individual en cuanto [que se encuentra] asociada al carácter durante las fases menstruales y en lo social por vincularse al sexo’.” La cita fue tomada por Piña del artículo “The Menstrual Mark: Menstruation as Social Stigma”, de Ingrid Johnston-Robledo y Joan Chrisler, de 2011, que a su vez cita el texto de Goffman, Stigma: Notes on the management of spoiled identity, de 1963.

De esta manera, la menstruación no es el obstáculo por vencer, sino todos aquellos factores que, asociados a esta como el cobro indebido de impuestos sobre los productos de higiene íntima que no son objetos de lujo sino insumos básicos, imponen un sesgo de género al desarrollo personal de mujeres y niñas.

Ivonne Acuña Murillo
Ivonne Acuña Murillo

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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