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Niño seguidor de Santos controla el tránsito en calle inundada de Torreón

Ataviado con una playera del club de futbol Santos, un niño se puso a dirigir con gran eficiencia el tránsito en una esquina de Torreón inundada por las lluvias, acción que fue difundida en Twitter por @galvaque.

Explica el tuitero que “como si fuera el orquestador del equipo”, el niño, a quien posteriormente identificó con el nombre de Ángel, dirigió el paso de los automóviles ayer lunes por la tarde en la esquina de Rovirosa Wade y Francisco Sarabia.

Asimismo, aseguró que luego que el video fue publicado en varios medios, el Club Santos trata de localizar al niño para darle una sorpresa.

Del traqueteo por la remoción de columnistas. Autor: Rogelio Hernández López

Periódicos

José Woldenberg, Lorenzo Meyer, Francisco Garduño, Irene Selser, Ariel González, Gabriel Bolio, Rafael Tonatiuh, Fernanda de la Torre, Marco Provencio, Hugo García Michel, Antonio Navalón, Ramón Alberto Garza y probablemente muchos más ya no ocuparán alguno de sus espacios de opinión a los que estábamos acostumbrados. Desde la tercera semana de agosto esas retiradas provocaron en redes sociales un traqueteo intenso de interpretaciones.

Los ajustes de personal en medios seguirán al menos hasta diciembre. Sobre el tema se ha formado una especie de nebulosa, porque se quiere atribuir a una sola causalidad. El estruendo se hizo mayor en rededor de los articulistas y columnistas que han sido removidos en distintos medios, sobre todo impresos, porque son muy conocidos.

Entre las interpretaciones sobresalen quienes atribuyen sus salidas a un efecto colisión del gobierno federal que viene porque “en el fondo no le gusta la crítica”, pero también hay quienes entienden que la falta de certezas de lo que pretende el nuevo gobierno acelera los ajustes financieros cíclicos de empresas tanto por el mercado como por sus necesidades internas de realineación de recursos.

De qué preocuparse

Sobre el tema de los opinadores, quienes conocen bien al periodismo mexicano tienen que coincidir con León Krauze, quien lo problematiza y responde:

“…¿esto equivale, por sí mismo, a una crisis en el periodismo mexicano? Si el síntoma de esa crisis es la disminución de voces dedicadas únicamente a la reflexión o la explicación antes que a la investigación, me atrevo a decir que no. Aunque la opinión cumple una función de gran importancia en la oferta periodística, la esencia del oficio no pasa por ella”.

“El verdadero motivo de alarma, en cambio, –prosigue Krauze– es el despido de un porcentaje considerable de reporteros en varias casas editoriales. Si, como sugería Walter Lippmann en su famosa definición del oficio, la labor del periodista está en exhibir y “avergonzar al diablo” (es decir, a los poderosos), el camino es la investigación, no la opinión”.

Lo defendible de nuestro columnismo

A los poco familiarizados con las entretelas del periodismo tenemos que explicarles que, desde inicios del siglo XX en distintos países del occidente se fue estableciendo que la gente y la democracia requieren que el periodismo sea integral y ofrezca tres tipos de contenidos: la información, la opinión y el análisis.

En México, los impresos iniciales de tipo masivo abundaron de opiniones y paulatinamente fueron incorporando las técnicas informativas al estilo norteamericano; en la radio y la televisión se hicieron fuertes los noticieros pero se fueron llenando de opinadores y pocos analistas hasta el grado de que hay  decenas de estaciones radiales solo habladas (chismean, opinan e informan con deficiencias); la televisión creó unos híbridos, o sea segmentos con opinadores y articulistas mezclados; más recientemente se pusieron en boga mesas de periodistas de distintos medios y corrientes de pensamiento en un solo programa.

La pluralidad y la profundidad de conocimientos debiera ser la tónica en las partes de opinión y análisis del periodismo en los medios de difusión masiva. Mas, los impresos deformaron esas partes. Seguramente por su cantidad (unos 1500 entre diarios y de otras periodicidades) y por tratar de hacerse notar en un mercado tan competido que se fue desarrollando una especie de Partenón al revés: más columnas que piso informativo. Son pocos los impresos que no traen articulistas, articulistas invitados y un sinfín de columnas de periodistas que se suponen capaces de comentar de todos los temas. A veces ocupan más del 50 por ciento de sus páginas.

Si la mayoría de nuestros articulistas y columnistas fuesen expertos en sus temas, si orientaran a la vez que informan y si redactaran con la efectividad y sencillez requeridas en el periodismo nuestro “Partenón” sería extraordinario. Pero son contados los que respaldan esa calidad porque una gran parte de estas participaciones desbordan adjetivos y calificaciones que no se soportan con información ni análisis suficientes, ni prosa atractiva. A ese fenómeno puede llamársele “periodismo tucán” (mucho pico y poca pluma).

Para calificar eso hay que cederle la palabra a Krauze: “Aunque haya quien insista en lo contrario, no todos sabemos de todo. Los expertos genuinos dan a sus lectores herramientas para comprender mejor el mundo. No es poca cosa, y menos en los tiempos de la posverdad.

“Para prueba, propongo un ejercicio. ¿Cuántas opiniones han acabado con la carrera de políticos corruptos, ya no digamos derribar un gobierno podrido? Ninguna. Watergate, el gran escándalo político del siglo XX en Estados Unidos, fue obra de reporteros, no de opinadores. Lo mismo podríamos decir del sexenio que termina en México. Al gobierno de Enrique Peña Nieto no le incomodó opinión alguna, lo que realmente lo avergonzó fue el trabajo de investigación de Aristegui Noticias y Animal Político”.

Como reportero mexicano de muchos años en el medio soy de aquella generación que desde los años 60 fue parte de quienes ayudaron a ampliar los espacios de libertad y confrontar las prohibiciones y “sugerencias” de qué publicar. Poco queda de las acotaciones y censuras de aquellas épocas. En ese sentido el periodismo es más libre que nunca.

Por esa libertad tengo que ser explícito: no me da ningún gusto que un reportero, editor, reportero gráfico, articulista, columnista sea despedido o sea silenciado de otras formas. La elevación de calidad debería ocurrir con filtros previos y con sedimentación de quienes no cumplen expectativas del perfil mínimo.

Por definición, todos los que trabajamos en esto tenemos que defender el derecho y la libertad de expresarse aunque no nos gusten las opiniones y el estilo de trabajo de otros. Pero también hemos de propugnar por que se cumpla la esencia de nuestra labor que es informar con suficiencia y la calidad para ayudar a explicar lo que rodea a los hechos.

El guardián y la abuela lluvia. Autora: Pilar Torres

Todos los días camino por las calles del centro para llegar al trabajo. Hay una casona antigua y deshabitada. Cada día tiene un cristal menos y un grafiti más. Frente a la puerta hay un árbol muy grande que, se ha convertido en basurero. Más adelante, encuentro un niño que intentaba golpear con su mochila a las palomas que se acercaban a comer en una de las plazuelas. A dos pasos de él, la mamá –tamal en mano– en lugar de corregir a su bendición, pateaba, a su vez, a un perrito callejero. No pretendo decir que me escapo o que soy superior a ellos. A veces, ni siquiera notamos nuestra falta de armonía con la vida.

Qué distinto sería todo si desaprendiéramos esas conductas y aprendiéramos a ser guardianes de los árboles, o de los animales, o de todo aquello que permite la vida. Pero todo parece indicar que, para nosotros, cada vez significa menos la noción de respeto. Todo parte del origen y, si supiéramos voltear a él, cuánto podríamos aprender de la cosmovisión de los pueblos originarios, como el wixárika, también llamado huichol.

Para los wixaritari (en plural), Nakawe, la abuela lluvia es el ser más antiguo de todos. Su historia se transmite por distintos relatos orales que coinciden en señalar que, en ese tiempo mítico, el mundo aún era oscuro. Su nieto, Watakame era el primer hombre. Se dedicaba a desyerbar el campo para poder sembrar, pero en cuanto volteaba la mirada, la yerba volvía a crecer una y otra vez, por lo que su trabajo era inútil porque el mundo aún no era lo que estaba destinado a ser.

La abuela lluvia lo visita por primera vez y le avisa que el mundo tal como lo conoce está a punto de cambiar. Le pide construir una canoa para que, además de ella, se salvaran él y la perrita negra que siempre lo acompañaba. Entonces comenzó un diluvio que dio origen al mar. Nadie sabe realmente cuánto duró porque aún no existían el día y la noche.

Cuando cesó el diluvio, la abuela lluvia marcó con su bastón milagroso, sobre el mar, el primer punto cardinal: el centro. Después los cuatro restantes. Entonces los distintos dioses salieron del mar originario y dio inicio la gran peregrinación rumbo a Wirikuta, el lugar por donde saldría el sol.

Algunos de los dioses-antepasados se iban quedando en el camino, convirtiéndose en los cerros, las piedras, los árboles, manantiales y en las diferentes especies animales y en todas las cosas que los humanos, sus descendientes, necesitarían para vivir. Así, Watakame formó parte de aquella expedición y presenció la renovación del planeta.

A partir de la primera salida del sol, las cosas y las criaturas tomaron la forma que actualmente tienen, de manera que todos estos elementos de la naturaleza, aunque tengan una apariencia diferente a la de los seres humanos, son considerados personas. Tengo una amiga que se llama Norma y es originaria del Nayar. Se refiere a la montaña que alcanza a ver desde su casa, como ‘La abuela’. Ahora entiendo por qué.

Aquellos no son dioses en el sentido occidental del término, son parte del cosmos y no sólo creadores de él. Para los wixaritari los dioses son sus ancestros y su familia: el Abuelo Fuego, la Madre Agua, el Padre Venado Azul, el Padre Sol.

La Abuela Lluvia encarga a Watakame la misión de cuidar y proteger la tierra, que es fuente de salud, luz y conocimiento. Le pide preservar el equilibrio y transmitir a sus descendientes todo lo que aprendió. Así, el pueblo wixárica mantiene su compromiso hasta hoy, con la ayuda de los marakames o guardianes.

El sábado pasado, el marakame Margarito Díaz González fue asesinado. Era campesino y guardián, como su antepasado Watakame, formaba parte de la Unión Wixárika de Centros Ceremoniales de los estados de Jalisco, Durango y Nayarit, e incansablemente promovía que las zonas sagradas fueran protegidas.

Un marakame honra el compromiso con la Abuela Lluvia entregando su vida al cuidado de la cultura wixárica y a la búsqueda de conocimiento para llevarlo a sus hermanos; por eso el guardián es el intermediario entre el mundo de los hombres y el de los dioses.

Es triste y desesperanzador cuando alguien que protege la vida la pierde a manos de quienes no conocen el respeto por la misma.

Pero a pesar de los golpes, la nación wixárika ha mantenido su cultura viva a lo largo del tiempo. Sobrevivió a la conquista española, a los latifundios porfiristas, a la revolución. Por el bien de todos nosotros, ojalá que esa nación, de la mano de sus abuelos y padres, se sobreponga a los golpes de las mineras canadienses que amenazan con aniquilar sus lugares sagrados. Apoyemos esa causa.

En su cultura tienen la creencia de que, al momento de fallecer, el alma se desprende del cuerpo y se posa sobre la cabeza del difunto en forma de humo o viento. La muerte representa para ellos un proceso de purificación, en el que el alma pasa por cinco niveles para llegar al inframundo y el primer lugar en el que el alma se reúne con sus antepasados, es frente a un árbol de amate y así comienza su trascendencia. Siguen formando parte del universo, pero ahora de otra manera. Vuelven al origen. Los hombres peregrinan, las enseñanzas quedan, como lo expresa en estas líneas Angélica Ortiz, poeta wixárika.

A sus hijos entrega su palabra,
y éstos se duermen escuchándolas.
Jamás los despierta,
sabe que sus palabras
penetran en los sueños como semillas.

@vasconceliana