José Reyes Doria | @jos_redo
La detención y encarcelamiento de Ernesto Ruffo Appel, primer gobernador de oposición en la historia, panista emblemático, acusado de encabezar la red de huachicol fiscal más grande de México, ha generado un interesante debate. Puesto que el Mundial apenas terminó, hagamos una analogía con la condena que recibió Messi, por aquel planchazo a un jugador de Argelia, que el árbitro le perdonó.
EL CASO RUFFO APPEL
Sin adentrar en la cuestión de la culpabilidad o inocencia de Ruffo, lo que ha llamado poderosamente la atención es que en el actual momento político existe una buena cantidad de políticos de alto nivel señalados, indiciados, acusados o sospechosos de delitos similares. Algunos, como el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, son objeto de una acusación formal por parte del gobierno de Estados Unidos, que solicitó al gobierno mexicano su detención para fines de extradición, acusándolo de complicidad con el cártel de Sinaloa.
En otros casos, donde no existe una acusación formal por parte del gobierno de Donald Trump, han circulado persistentes versiones de que estarían próximas acciones en el mismo sentido por los rumbos de Sonora, Tamaulipas, Baja California o Tabasco. Estos casos atañen a personajes emblemáticos del régimen de la llamada Cuarta Transformación.
El gobierno mexicano inició investigaciones por el caso Sinaloa, aunque no han encontrado elementos para proceder contra Rocha y otros sinaloenses requeridos por EEUU. Respecto a los otros políticos que se han mencionado, no existe investigación policíaca alguna, hasta el momento. Los presuntos delitos que se manejan tienen que ver con vínculos con el crimen organizado en diferentes modalidades.
Recordemos que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, en coordinación con la FGR, reveló la existencia de una inmensa red de huachicol fiscal que involucraba a dos contralmirantes de la Marina, agentes aduanales, y otros actores.
Las investigaciones e imputaciones asociadas a este caso han bajado su ritmo en los últimos meses, pero constituyen un avance notable respecto al gobierno anterior, tanto por los personajes de alto perfil indiciados como por el monto de la defraudación que asciende a cientos de miles de millones de pesos.
En este contexto, la reclusión de Ruffo Appel en el penal de máxima seguridad del Altiplano, ha generado la percepción de que al exgobernador panista le cayó todo el peso de la Ley porque es del bando opositor, mientras que, a los otros políticos, por ser amigos del régimen, difícilmente serán investigados a fondo y procesados. Hasta hoy, luce poco probable que las instancias nacionales correspondientes procedan contra ellos como lo hicieron contra Ruffo.
Así, las percepciones en torno al encarcelamiento de Ruffo no son favorables del todo. Muchos observadores, incluyendo columnistas afines al régimen como Carlos Pérez Ricart, piensan que es un ejemplo de justicia selectiva, donde a Ruffo Appel le tocó la “mala suerte” de ser opositor y por ello fue seleccionado para recibir un castigo ejemplar del aparato policiaco-judicial. Otros recuerdan la máxima de Porfirio Díaz de que “a los amigos justicia y gracia, a los enemigos, la Ley a secas”.
Reitero, no se pretende aquí prejuzgar sobre la culpabilidad o inocencia de Ruffo. Mucho menos insinuar que se le fabricaron delitos para enarbolar un chivo expiatorio, con el objetivo de generar la idea de que el gobierno sí actúa contra políticos ligados al crimen organizado. La misma idea de justicia selectiva implica que Ruffo sí cometió los delitos de que se le acusa, por supuesto, pero esta percepción también se alimenta del hecho de que otros políticos con acusaciones formales por delitos similares o sospechas verosímiles, no han sido investigados y procesados con la misma acuciosidad y prontitud.
Desde luego, como dice la Presidenta, siempre debe haber pruebas, que no se pueden inventar solo porque exista una gran presión política o mediática. Sin embargo, queda en el imaginario colectivo, luego de la contundente acción judicial contra el opositor Ruffo, la idea de que el gobierno federal tendrá una especie de obligación política de investigar exhaustivamente, y eventualmente procesar, a otros políticos relevantes amigos del régimen que son objeto de señalamientos similares.
O, en todo caso, el gobierno de la República tendría que desplegar una convincente estrategia de comunicación política, con el objetivo de revertir la percepción de que la justicia se aplica con criterio selectivo, y evitar que la legitimidad del régimen sufra menoscabo por este asunto.
EL CASO MESSI
El Mundial, y en general el fútbol, es fuente inagotable de lecciones y metáforas Recordemos que, en el primer partido de Messi, el Argentina-Argelia, el genio del fútbol le dio un ligero planchazo a un argelino. Una aplicación estricta del reglamento indicaría tarjeta roja. Pero el árbitro decidió que no era para tanto.
Cabe señalar que desde el Mundial de Catar 2022, existe una infame campaña de desprestigio contra Messi y la selección de Argentina, con el argumento de que la FIFA amaña los partidos para regalarles la Copa del Mundo. En el marco de esa campaña, desde redes sociales y medios se condenó a Messi porque debió ser expulsado y suspendido dos partidos. Sin embargo, lo que emparenta el caso Messi con el caso Ruffo, es que esos mismos días mundialistas, ocurrieron jugadas duras y agresivas en otros partidos que tampoco tuvieron como castigo la expulsión del agresor. Al parecer era un criterio arbitral para encarecer mucho las tarjetas rojas.
Así, vimos un planchazo de un jugador australiano a un estadounidense, más fuerte que el de Messi, y no lo expulsaron. Una patada durísima de un escocés en la rodilla de un haitiano, sin tarjeta roja; otro planchazo del portugués Bruno Fernández contra un jugador del Congo, perdonado; un hachazo del marroquí Hakimi en la espinilla del brasileño Vinicius sin expulsión, y muchas faltas más por el estilo.
Pero ¿a quién fue al único que condenaron y satanizaron como corrupto y protegido de la FIFA? Sí, solo a Messi. Los otros jugadores mencionados, cuyas faltas arteras fueron perdonadas por los árbitros, no recibieron condena ni crítica alguna. La Acción justiciera selectiva se le aplicó con entusiasmo visceral solo a Messi.
No lo condenó selectivamente una autoridad del fútbol, sino un tribunal mediático, minoritario pero exacerbado: para los demás futbolistas agresores, justicia y gracia, para Messi, la condena eterna. Claro, Messi saldrá inmaculado de este resentimiento focalizado en los odiadores de la selección de Argentina, pues su aura es de la talla de los otros dos Dioses del balón, Pelé y Maradona.





