Política feminista | Que la consulta se haga costumbre. Autora: Aleida Hernández Cervantes

En nuestro país hemos tenido un largo camino de fortalecimiento a la democracia formal y directa: por ejemplo, consolidación de instituciones valiosas como el INE que organiza y vigila las elecciones; también una ciudadanía cada vez más consciente de que su voto tiene un valor concreto, que impactará en la toma de decisiones de lo público, es decir, de lo que nos interesa a todos y todas. Cada tres años, cada seis años ejercemos ese derecho a elegir a nuestros representantes. Esa, es la democracia indirecta, la democracia formal.

Pero hay otras formas de la democracia que en nuestro país necesita hacerse costumbre, necesita fortalecerse sin que le regateamos su derecho a existir y su valor social. Se trata de la democracia participativa. La democracia participativa, constituye una forma viva, constante y permanente a través de la cual la sociedad se expresa, discute, piensa, debate, se incorpora permanentemente a las decisiones de lo público. Allí reside su valor, en esa posibilidad permanente de estar presentes en todas las esferas de decisión. Pero ¿cómo se genera esa posibilidad, qué formas adopta la democracia participativa? A través de mecanismos jurídicos como las consultas populares, la revocación de mandato, presupuestos participativos, entre otros que en muchos países y en el nuestro tienen un marco jurídico y constitucional.

En México recientemente tuvimos una reforma constitucional para incorporar un abanico de posibilidad de existencia de la democracia participativa. El artículo 35 constitucional, que se refiere a los derechos de la ciudadanía se estableció como un derecho, votar en las consultas populares sobre temas de trascendencia nacional o regional, por su lado, en el artículo 36 constitucional, se estableció como una obligación de las y los ciudadanos.

Derecho y obligación, es lo que constituye las dos caras de la democracia participativa. Un derecho, en tanto su ejercicio nos permite la realización de manifestar nuestra opinión sobre temas relevantes que se sometan a nuestra consideración. Obligación, porque tenemos una responsabilidad ciudadana de construir con todos, una mejor democracia, que sea sustantiva, que no se quede solo en los procedimientos, y que nuestros representantes nos olviden y los olvidemos.

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Todo lo que se consulte y abone a las discusiones de lo público y de las decisiones que toman o tomaron los gobernantes, es fundamental, porque nos permite someter a juicio social y -eventualmente- después por vías jurídicas específicas, el conjunto de decisiones que afectaron nuestras vidas, y las vidas de millones de mexicanos. Hablar de consulta popular, es hablar de deliberación social, de pensar en colectivo lo que sucedió en el pasado, lo que sucede en nuestro presente y lo que queremos y no queremos que suceda en el futuro. Nos responsabiliza en lo que expresamos en los debates públicos, le damos significado y sustancia a nuestra opinión. Es en el proceso social de la Consulta y lo que ello desata, en donde tenemos que poner la mirada. Los siguientes pasos después de la Consulta nos obliga a seguir articulándonos, a organizarnos socialmente para seguir exigiendo que las instituciones jurídicas funcionen y le den cauce a nuestro mandato.

No pensemos la Ley como algo inmaculado, que tiene vida por sí misma, la Ley, las leyes que tienen en el centro a las personas, siempre son producto de luchas sociales, de procesos sociales que las impulsan. La Ley Federal de Consulta Popular expedida en marzo 2014 y reformada sustancialmente en mayo de 2021, en la que se fundamenta jurídicamente la consulta de este 1º de Agosto, fue producto de procesos sociales que exigían más y mejores mecanismos de participación social que fortalecieran la democracia. Se nos tiene qué hacer costumbre participar cotidianamente en las decisiones públicas, y se les tiene que hacer costumbre a nuestros gobernantes, que están sujetos a nuestro escrutinio público y deliberativo todos los días.

En particular, esta consulta me parece de enorme relevancia, por múltiples razones: porque es la primera a nivel nacional derivada de esta Ley Federal de Consulta Popular, y sobre todo, porque pone en el centro de la pregunta a las víctimas que han sido múltiples en los últimos años en nuestro país, desafortunadamente. Nos obliga a pensar en que la consulta no debe quedar allí, sino continuar las vías para concretar la reparación del daño, el derecho a la verdad y la memoria, así como a insistir en las responsabilidades de quienes cometieron delitos y afectaron la vida de miles de personas en nuestro país.

Bienvenida la Consulta y que vengan más de muchos temas trascendentes en nuestro país. Siempre optemos por ampliar el abanico de derechos de la ciudanía, por ampliar las posibilidades de fortalecer nuestra democracia, para que no quede en un “votas un día y te vas”. Mejor quedémonos de manera permanente a vigilar las decisiones públicas. La Consulta Popular servirá para ello.

Aleida Hernández
Aleida Hernández

Profesora e investigadora de la UNAM, ha escrito diversos libros y artículos sobre derecho, seguridad social, trabajo, despojo, luchas sociales y derechos de las mujeres. Actualmente es integrante del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario para atender la Declaratoria de Alerta por Violencia de Género contra las mujeres de la Ciudad de México.

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