Política feminista/ Gestionar o comprender al movimiento feminista: el reto del gobierno. Autora: Aleida Hernández Cervantes

Foto: Xinhua

Los gobiernos en el mundo se encuentran ante una disyuntiva de enorme relevancia: solo gestionar los impactos del movimiento feminista o tratar de comprenderlo a fondo. De esa elección, dependerá su futuro político. En México, en estos momentos, esa elección es de urgencia impostergable. Lo es, porque no en todos los países el movimiento feminista está tan vibrante y dispuesto a no quedarse callado ni quieto, menos con tantas razones para estar en pie de exigencia.

Partimos de que el movimiento feminista actualmente es global. En términos de lo que muchas han llamado la Cuarta Ola feminista, ésta inició en octubre de 2017 con protestas por vías digitales a través del #MeToo para denunciar los miles de casos de acoso y agresiones sexuales que viven las mujeres a diario. Primero se dieron a conocer casos en la industria del cine en Estados Unidos y en poco tiempo, la protesta digital se había viralizado a nivel mundial replicándose en todos los ámbitos de la vida pública. Después vinieron las grandes marchas y protestas a favor de la despenalización del aborto y contra la violencia de género hacia las mujeres, en varios países latinoamericanos como Argentina, Chile y México. Varios países de Europa también hicieron lo propio. Cuando llegó al poder Donald Trump, se dio la marcha y concentración de mujeres más grande en la historia de ese país para hacer frente a las posiciones misóginas y machistas de ese nuevo gobernante en turno. El movimiento feminista actual, como se puede observar, es de alcance y propósitos globales, con grados e intensidades locales.

En México, esta etapa de la Cuarta Ola feminista ha ido creciendo, y se puede ubicar desde las marchas en contra de la violencia de género contra las mujeres con el #NiUnaMenos y #NiUnaMás que se volvieron multitudinarias desde 2016. A medida que han aumentado los feminicidios, la violencia en contra de las mujeres y la persistencia de la impunidad, han aumentado las protestas y también los grupos que integran el llamado bloque negro, que optan por la acción directa y/o métodos con ejercicio de violencia. Todo esto lo enuncio para quienes aún no les queda claro que las movilizaciones de mujeres, de los últimos años, no iniciaron con el gobierno actual. No obedecen a una protesta concreta contra este gobierno, sino a una protesta y movilización contra un sistema patriarcal que atraviesa los gobiernos en turno y que se resisten a transformar el orden social de género. El asunto es que está en el punto de volverse una movilización que también proteste contra el gobierno actual, de ahí la pregunta que planteo: ¿qué elegirá el gobierno actual?, ¿gestionar la movilización feminista o tratar de comprenderla a fondo en sus causas y exigencias legítimas?

Aunque pertenezcan a la misma filiación partidista, ideológica y programática en la que se aglutina la denominada 4T, ubico una distinción entre el gobierno federal y el gobierno de la Ciudad de México. No obstante los dos son de izquierda, por la opción de poner primero a los pobres en su programa de gobierno y el objetivo de limitar a los grandes grupos de interés económico y político creados, existen elementos de tipo moral que los distinguen. Mientras el presidente mantiene un fuerte discurso moralizador y evangélico que no necesariamente coincide con los postulados de una izquierda tradicional laica y progresista en los derechos, por otro lado, la jefa de gobierno por su trayectoria y posicionamiento, se ubica en una izquierda sin ideología religiosa, a favor del aborto por ejemplo y de los matrimonios entre personas del mismo sexo. En ese sentido, ubico una diferencia básica, que hace la diferencia, en cuanto a la identificación con las causas del movimiento feminista. Sin embargo, el problema lo tienen ambos gobiernos: parecen más orientados a gestionar el impacto del movimiento feminista que en comprenderlo y atenderlo en sus causas.

Optar por gestionar, como dice una de las acepciones de la palabra, implica manejar o conducir una situación problemática. Si los gobiernos optan por manejar o conducir al movimiento feminista como se conduce o maneja una situación problemática, estarán en el terreno de lo inmediato: optarán por plantearlo en términos de adhesiones o rechazo al movimiento o a sus gobiernos, por la popularidad entre unos y otras; por ventilar las infiltraciones que, dicho sea de paso, siempre existen en todo movimiento social y político y, como los gobernantes saben, hacerlo desde el poder implica una desacreditación de todo el movimiento (ellos lo vivieron en carne propia, nadie les puede contar); apostarán y evidenciarán los conflictos y tensiones internas del propio movimiento haciendo énfasis en sus contradicciones olvidando las propias. Seguir gestionando al movimiento feminista, implica hacer como que lo escuchan, hacer como que lo atienden, pero en el fondo esperan ansiosamente que la revuelta pase lo más pronto posible. El problema de la “gestión” es que incendia más a la que se sabe “gestionada”, porque sabe que no están comprendiendo y atendiendo a fondo sus demandas. Y, viene otro problema grave con ello: esa movilización legítima de las mujeres y su enojo, puede ser capitalizado por la derecha. La derecha, una posición política que jamás ha tenido nada qué ver con el feminismo, incluso, es su contrario por antonomasia, pues siempre ha querido mantener en el mismo status quo a las mujeres: subordinadas y obedientes, no dueñas de su cuerpo y de su vida.

Pero los gobiernos también tienen otra gran opción histórica, para salir al paso bien librados y con buenos datos: comprender y atender a fondo las causas y exigencias del movimiento feminista. Eso incluye persistencia en la comprensión, creatividad política y entendimiento de las opresiones y violencias que viven las mujeres; implica el combate frontal a la impunidad para que ese sea el gran mensaje institucional de que los agresores ya no pasarán. Implica un cambio en el discurso político en torno a las mujeres, no paternalista, no reproductor de estereotipos. Implica un alto a los recortes a los programas de atención, prevención, investigación y sanción a la violencia contra las mujeres e impulso a la igualdad entre hombres y mujeres. Implica diseñar contenidos educativos orientados a transformar el orden social de género y, ello no es cualquier cosa. Optar por la comprensión del movimiento feminista, implica más trabajo de gobierno, de gobernar en serio.

Gestionar no es opción desde el movimiento feminista. En verdad que los gobiernos están a tiempo de comprenderlo, de lo contrario esto se perfilará para ser el talón de Aquiles del gobierno actual. Y del que venga.

Aleida Hernández
Aleida Hernández

Profesora e investigadora de la UNAM, ha escrito diversos libros y artículos sobre derecho, seguridad social, trabajo, despojo, luchas sociales y derechos de las mujeres. Actualmente es integrante del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario para atender la Declaratoria de Alerta por Violencia de Género contra las mujeres de la Ciudad de México.

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