Política feminista/ El discurso del Presidente. Autora: Aleida Hernández Cervantes

Todo lo que dice el presidente o presidenta de un país, está en la mira de todos. Por ser el cargo público de mayor relevancia, las palabras que conforman su discurso no pasan nunca inadvertidas, por el contrario, quedan como un eco en el tiempo. Y si son frases contundentes, aún más. ¡Defenderé el peso como un perro! Es una expresión que la mayoría de los mexicanos sabemos que la pronunció en un discurso el ex presidente José López Portillo en 1981. “Ni los veo ni los oigo” lo dijo Carlos Salinas de Gortari frente a las protestas de la oposición en uno de sus informes de gobierno. O quién podría olvidar cuando Vicente Fox se refirió a las mujeres como “lavadoras de dos patas”. Pero un discurso que va pronunciando un presidente, de forma regular sobre un tema relevante para la vida nacional, va mucho más allá de una frase aislada por inolvidable que sea. Ésta se constituye en una narrativa presidencial, y de ahí su importancia. Por eso me quiero concentrar en su análisis: ¿En qué forma las mujeres aparecen en el discurso del actual presidente de México?

Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia de la República el 1º. de diciembre de 2018 después de ganar las elecciones con el respaldo de más de 30 millones de votos. Es uno de los presidentes que llega al poder con mayor legitimidad en muchísimas décadas. Resalto lo anterior para enfatizar que un presidente que llega al poder con mayor legitimidad es un presidente que será más escuchado por quienes lo llevaron al poder. Esto no es cosa menor pues gran parte de lo que exprese tendrá un peso y una influencia específica para conformar opinión en la población, en torno al tema que se haya pronunciado. En ese sentido, las palabras que salgan de su boca al transcurrir de las horas estarán repitiéndolas y asimilándolas, muchas personas que le otorgan autoridad a sus ideas. Y esto es natural en la arena social y política, un presidente que es considerado líder de una gran parte de la población es una referencia a seguir, a imitar incluso. Por eso no se puede minimizar lo que el Presidente exprese sobre las mujeres, porque lo que exprese sobre ellas será tomado como referencia a seguir. Esto es sencillo de comprender: la voz de un presidente tiene autoridad y si la autoridad le viene dada también por la legitimidad con la que llegó y permanece en el poder público, su influencia en la conciencia social se duplica. Nada de lo que diga será inocuo.

Si bien el año y medio que lleva de presidente López Obrador no menciona con frecuencia a las mujeres en su discurso, cuando lo hace suele ubicarlas-ubicarnos en el estereotipo de mujeres buenas, responsables y trabajadoras, cuidadoras de los padres y madres, de los hijos e hijas, de la familia en su conjunto. Hace unas semanas, en un discurso el Presidente señaló que aunque el feminismo tenía razones justas para querer cambiar los roles de género, la verdad era que las mujeres cuidamos a los padres y madres pues los hombres eran más “desprendidos“. Desde el pensamiento feminista a eso lo llamamos: esencializar a las mujeres, especializar a los hombres. Eso quiere decir que se le otorga una esencia inmutable tanto a mujeres como hombres. A las mujeres, nos ubican como amorosas, dedicadas a hacer todo por el amor a los otros, a los hijos e hijas, a los padres y madres, a los enfermos y necesitados de cuidados en la familia, dejando de lado, incluso, nuestro propio interés en una realización personal, profesional u otro tipo de búsquedas existenciales y personales fuera del ámbito doméstico y familiar. Esta imagen de las mujeres, también las asocia a la necesidad de ser protegidas por los hombres, siempre en una eterna minoría de edad. Por su parte, a los hombres se les ubica –esencialmente– como los fuertes, desapegados de la familia, de los hijos, de los padres y madres; son los proveedores, los que tienen que llevar el sustento a sus casas pero sin tener la obligación de ser afectuosos. Los “desprendidos” y desapegados de los que habla el Presidente. Como descripción de una realidad que vivimos las mujeres y los hombres, el Presidente no comete error. A las mujeres nos han educado y socializado para ser “apegadas” y a los hombres para ser “desprendidos”. El problema está, en que formula su discurso como si esa realidad no debiera cambiar o no se pudiera cambiar. Y esto es sencillo, no lo logra identificar básicamente por dos razones: la primera es porque no logra identificar que el origen de esas diferencias entre mujeres y hombres es producto de un sistema social, político y cultural que ubica la vida de las mujeres en segundo plano y que les permite ampliamente a los hombres controlar la vida de ellas a través de ser proveedores, de ejercer la violencia con impunidad, de dedicarse a su vida profesional con desapego a la familia y sin reclamo social, entre muchos otros elementos de socialización de los roles de género. Por eso, como bien lo dijo el mismo Presidente, las feministas queremos cambiar los roles, transformarlos en serio. 

Pensar y hablar desde las “esencias” pareciera que no se puede hacer nada con esa “realidad”, que no se le puede intervenir para cambiar. Y ahí está uno de los grandes errores en el discurso que formula el Presidente sobre las mujeres. Él no debe olvidar que toda realidad es transformable, y así debe ser cuando se trata de una realidad que conlleva desigualdades y opresiones para una de las partes involucradas. O lo voy a plantear en sus mismos términos, en un discurso que dio el 8 de marzo de 2019, con motivo del Día Internacional de las Mujeres: “¿Qué es, al final de cuentas, el conservadurismo? Es mantener el statu quo. Por eso no se quería cambiar al régimen. Se avanzaba mucho en el discurso del análisis de la realidad, pero no se apostaba a transformar la realidad” (https://www.gob.mx/presidencia/articulos/mensaje-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador-en-el-evento-mujeres-transformando-mexico?idiom=es)

Presidente: el conservadurismo no sólo existe en el ámbito político y económico, sino en el de las relaciones entre mujeres y hombres. Así como hay conservadores y liberales en lo político y económico, también hay conservadores y liberales en el ámbito de las relaciones entre mujeres y hombres. Un conservador quiere mantener el statu quo de las relaciones de género, porque se beneficia con privilegios en esas relaciones. Tal como sucede en lo económico. Un conservador no quiere que nada se mueva porque le beneficia. Que las mujeres sigan en el lugar de la subordinación o dedicadas a cuidar la vida de los otros nada más, mientras la suya la controlan y la desechan con facilidad (vea el índice de feminicidios y violencia sexual contra las mujeres) no expresa una sociedad democrática en serio.

Si se quiere transformar la vida pública del país, no sólo se deberá combatir la corrupción, se tendrá que transformar el statu quo de las relaciones entre mujeres y hombres. Por eso su discurso sobre las mujeres, no puede elaborarse a la ligera, ni como descripción de la realidad, porque esa realidad hace mucho tiempo que no nos gusta. Así o tanto más, como no nos gustaba la corrupción, la simulación y el saqueo.

@CerAleida

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