Política feminista/ Carta abierta a las madres que sostienen la educación en la pandemia. Autora: Aleida Hernández Cervantes

Foto: https://morelos.gob.mx/

Sé que te estuviste preparando hace varias semanas. Las clases en casa, de nuevo. Tal vez no hayas tenido ni tiempo para preparar el ánimo, porque usaste tu energía para organizar el espacio, atender los cientos de mensajes de organización entre tú, la escuela y las otras mamás y papás, en tener listos los útiles escolares y en encontrar de qué manera continúas con tu trabajo y tus actividades diarias para que los pequeños no se atrasen en sus estudios. Escuchas “mamá, mamá” a cada momento. Te agobias, pero atiendes. Te angustias, pero resuelves. Te desvelas, pero buscas reponerte. Pasas de mamá, a maestra. De ama de casa a cocinera, de explicar español a entender lo que piden para matemáticas, te entretienes en las artes al mismo tiempo que vas a comprar los materiales para los experimentos de ciencias naturales. Hablas con tu mamá, con tu hermana, con tu vecina, con tu amiga, pides ayuda. ¿Quién se quedará con los niños cuando vayas al mercado? ¿Quién se quedará con las niñas cuando vayas al trabajo? ¿Quién se puede quedar supervisando a les niñes cuando lleves al médico a tu papá para su revisión? Tu hermana los cuidará un día; tú cuidarás a los tuyos y a los suyos otro. Otro día les echará un ojo la vecina, otro día les echarás un ojo tú a los suyos.

Estás pensando levantarte mucho más temprano a partir de este lunes. Dos horas antes de que los niños estén despiertos te hace ganar tiempo, piensas: Desayuno listo, espacio limpio, tu arreglo personal para salir a trabajar. La sala convertida en salón de clases de la noche a la mañana. Tal vez solo tienes un televisor y tienes tres niños, esperas que la SEP haya organizado bien las transmisiones para los distintos grados escolares. Sí, esperas que la SEP lo tenga en cuenta. Preguntaste cuánto cuesta el plan del internet. Otro gasto más, si no, cómo enviarás las evidencias escolares diarias o semanales.

Tal vez tienes pareja y es corresponsable, colabora en todo, apoya a los niños en las tareas diarias de la escuela, también hace labores domésticas, pero sabes que son pocos los hombres en promedio, que lo hacen en sus casas. Qué bueno que lo hagan, siempre debió ser así. Por eso te sientes un tanto aliviada, pero aun así los dos están cansados. Antes de la pandemia, ya era pesado, ahora se suman la incertidumbre, la crisis económica y las clases en casa.

O tal vez tienes pareja, pero como si no la tuvieras. Te sientes sola, sola y agobiada con todo lo que cansa estar sola cuando sobre ti cae el cuidado de las niñas. Pero viste a tu mamá y a tu abuela saliendo adelante, incluso, con todo en contra. Te preguntas si ahora tú podrás lograrlo. Con pandemia o sin pandemia, aprendiste a ser fuerte. Ahora quisieras que tus hijas no tuvieran que decidir entre lo terrible y lo espantoso. Ya no quieres que se repita. Te pasa por tus pensamientos que la educación, tal vez, es la opción para la salida de ese círculo vicioso.

Hablas con tus jefes, les avisas lo que ya saben, que las clases en casa comienzan este lunes. La mayoría de las veces, la indiferencia prevalece. Como si no hubieran escuchado. Solo te dicen “cuida tu trabajo”. Pero en la SEP y en todas partes también te dicen “no descuides a los niños, apóyelos en sus estudios”. Te confunden. Ellos no entienden nada de eso que escuchaste una vez sobre la conciliación entre lo laboral, lo familiar y personal.

A pesar de que tu trabajo aumente en todos los sentidos a partir de este lunes, debes saber que ese agobio, cansancio y aturdimiento que sientes no sólo te pasa a ti, que puedes sentir eso y más. Que no te debes culpar de nada. Que estás haciendo hasta lo imposible por sacar adelante la educación en tiempos de pandemia, que te están exigiendo demasiado. Que lo que tu consideras que es un asunto “personal”, no lo es tanto. Es un asunto social, que nos debería importar a todos, que los hombres deberían estar todos incorporados a las tareas escolares por igual, al mismo tiempo que a las tareas domésticas, que no es tu vida la que debe sacrificarse, que eso no es normal, que nuestra sociedad ya debería de dar un paso más adelante para que en condiciones de pandemia o no pandemia, las responsabilidades de los niños y niñas y del hogar sean equitativas entre mujeres y hombres; que el Estado también debe impulsar medidas para compensar todo lo que haces por la familia, porque en ello has dejado la piel y tus sueños. Porque la sociedad se resiste a cambiar, a entender que la vida de las mujeres no puede seguir siendo lo sacrificable. Que las niñas y niños avancen en sus estudios, sí y por supuesto que sí, pero que también las vidas de las mujeres sigan adelante, que por nada del mundo, se vuelvan a detener. 

Solo te puedo decir que lo que es tan personal para ti en estos momentos, es más político que nunca. Porque lo personal es político, porque tu vida nos importa a todas y a todos.

Que no se te olvide: de muchas maneras, estamos juntas en esto. No estás sola y ya no nos dejaremos solas nunca más.

Comparte estas palabras con otras mamás como tú, para que lo sepan. Para que no estén solas.

Aleida Hernández Cervantes
Mamá de Oliver.

hernandezcervantes.aleida@gmail.com

Aleida Hernández
Aleida Hernández

Profesora e investigadora de la UNAM, ha escrito diversos libros y artículos sobre derecho, seguridad social, trabajo, despojo, luchas sociales y derechos de las mujeres. Actualmente es integrante del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario para atender la Declaratoria de Alerta por Violencia de Género contra las mujeres de la Ciudad de México.

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