Policía indigna. Autor: Luis Sánchez

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¿Confía usted en la policía? ¿En esos uniformados que portan porras y pistola y que patrullan las calles sobre camionetas o coches con luces estroboscópicas?

Imagino la respuesta. Yo tampoco.

Y sin embargo son en parte los encargados, indirectamente “por nosotros”, de utilizar la fuerza apegada a la ley llegado el caso.

Malísimo eso de que en la práctica resultan ser personajes a los que prefiere uno sacar la vuelta en la calle. Aunque quizá en realidad a lo que se le está dando la vuelta es a dejar en otras manos el trabajo “sucio”, el que pocos querríamos hacer.

Esta paradoja no sería la de investir con el poder de ejercer violencia a personas en las que no confiamos, sino la de la desconfianza en la misma investidura que se otorga a ciudadanos que terminarán siendo apestados por ella.

Desde mi punto de vista veo en esa escisión entre la ciudadanía y los uniformados una brecha por la que poco se ha querido hacer o se ha hecho para sanear.

Cuando fueron asesinados frente a las puertas del Tec de Monterrey los estudiantes Jorge Antonio Mercado y Javier Francisco Arredondo en 2010, el ITESM publicó un documento de propuestas, exigencias y ofrecimientos en varios medios impresos de la localidad que prometía la voluntad de esta institución por tomar cartas en el asunto.

En aquella ocasión escribí (ingenuamente) al respecto en mi blog, ponderando el punto que me pareció más destacable:

“11. Ofrecemos tanto el capital humano como la capacidad instalada del Tecnológico de Monterrey, de la Universidad Tec Milenio y de la Universidad Virtual para apoyar, mediante distintas modalidades educativas y de capacitación, la urgente profesionalización de nuestras fuerzas armadas y las corporaciones policiacas, así como para brindar opciones educativas a las familias de soldados y policías que les permitan proveer condiciones de vida digna y oportunidades de desarrollo para sus hijos.”

Hoy sabemos que en esa ocasión el Tec calló la verdad, como lo hace siempre que ocurren cosas que pueden “mancharlo”, que no apoyó e incluso puso obstáculos a los familiares de las víctimas en su reclamo por justicia y que este desplegado, muestra evidente de sus principios de doble moral, se quedó en letra muerta.

Ser policía sigue siendo una profesión que muy pocos quieren ejercer, quizá entre otras cosas porque es sinónimo de corrupción, de perversidad, de sometimiento al crimen organizado.

No se confunda esto con un juicio a los ciudadanos que ejercen como tales, de lo que tienen que encarar quienes quieren hacer bien su trabajo en sus corporaciones he leído y escuchado bastante, sólo por citar un ejemplo me viene a la mente el testimonio de Tenoch Huerta en aquella entrevista (min. 12:14) con Astillero en Querida Urna:

El policía de base (graduado de la Academia de Policías de Ecatepec), para sobrevivir primero tendría que donar el 100% de su sueldo a su comandante, luego buscar por fuera su sustento. Si este es un caso homologado al día de hoy en todas las corporaciones del país, no creo que el uniformado la tenga sencilla.

Ahora, ¿cuál es el principal enemigo el día de hoy? Sobre el que habría el policía de ejercer la fuerza legal.

Lo único que podría decir a este respecto es que no tiene un rostro único. Se puede hablar eso sí de sus estragos: secuestros, robos, asesinatos, extorsiones, trata de personas, etcétera, que acaso no vendrían a ser en conjunto más que la punta de ese otro iceberg monstruoso que sería el del crimen organizado.

Mal signo eso de que aquellos que deben enfrentar esta hidra no tienen ni sus recursos ni su organización.

Las consecuencias de que quienes hayan tenido que salir al quite fuesen aquellos que están entrenados para enfrentar un enemigo con rostro definido, de una sola cabeza como lo sería una invasión extranjera, me refiero a “nuestro” ejército, ya las conocemos.

Luego, se habla del problema del marco legal que el crimen organizado ha aprovechado para someter la potencia del ejército y los cuerpos policiacos, se nos dice que con la Guardia Nacional eso se resolverá y que será cuestión de tiempo cosechar los buenos resultados.

Mientras todo eso sucede, no me ha tocado apreciar una iniciativa seria de dignificación de la profesión de las corporaciones estatales y municipales, ni desde el Estado ni desde la IP. ¿Será que no hay marco legal para ello? ¿Qué no hay recursos? ¿Qué no es pertinente o viable? ¿Qué no es conveniente?

No soy experto en el tema, pero me parece que, si el crimen organizado es multifacético, impredecible y ha permeado en la ciudadanía, ¿no sería conveniente también que quienes lo encaren, la punta de lanza, sean principalmente las corporaciones regionales?  

De la importancia de la dispersión como recurso para enfrentar al enemigo da cuenta José Luis Romero cuando describe en La Edad Media (p. 144) cómo es que se lidió en Europa con lo que se conoció como las segundas invasiones.

“Si a un enemigo compacto y operando sobre un frente (los musulmanes) correspondía la unificación (el imperio cristiano), a una multiplicidad de enemigos que se presentaban sobre innumerables frentes correspondía la dispersión. Así sucumbió el imperio y surgieron los señoríos”.

Entonces se trataba de imperio y señoríos que evolucionaban hacia lo que son hoy las naciones europeas. ¿No podría aplicarse hoy el mismo principio a la federación y los estados para evolucionar a efectivas autonomías federales?

Quizá no sea descabellado también reconsiderar algunos preceptos de la primera democracia-federación de la historia: la griega, en donde por muchas razones que atentaban contra el estado democrático, (Teoría del federalismo y del derecho constitucional estatal mexicano, p. 3) “estaba estrictamente prohibido organizar y mantener ejércitos permanentes de soldados profesionales. Su alternativa al ejército… consistía en organizar a sus propios ciudadanos para defender su patria”.

Habría que analizarlo, habría que considerar nuestra situación histórica y real, hacer una lectura justa para también reorganizar el asunto en su justa proporción. Por lo pronto, la Guardia Nacional da ya sus primeros pasos, con más de la mitad de sus elementos haciendo de muro en el sur.

Ojalá, contra la mayoría de los pronósticos de muchos expertos, cumpla con la obligación y la promesa de proveer seguridad, pilar fundamental del estado de derecho.

@bonsiul

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