Inicio Opinión ¿Pierde legitimidad Claudia, podrá arrasar a Xóchitl? Autor: José Reyes Doria

¿Pierde legitimidad Claudia, podrá arrasar a Xóchitl? Autor: José Reyes Doria

Foto: Cuartoscuro

José Reyes Doria | @jos_redo

Muchos observadores opinan que la cargada oficialista que desembocó en la candidatura presidencial de Claudia Sheinbaum, le restará legitimidad de cara a las elecciones de junio de 2024. Recordemos que, al otro día de las elecciones de 2021, se hizo evidente la decisión del presidente López Obrador: Claudia será mi sucesora. Pero el proyecto empezó desde el inicio del sexenio, con las expresivas muestras presidenciales de afecto hacia la entonces Jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Sin justificación, Claudia fue incluida en las reuniones diarias del gabinete de seguridad, fue invitada a innumerables eventos y ceremonias encabezadas por el Presidente. Cuando enfrentó serios problemas por la caída de la Línea 12 del Metro, por la inseguridad, o algún otro motivo, el Presidente la defendió a capa y espada, le prodigó apoyos, recursos y acompañamiento para reducir al máximo los daños a la imagen de Claudia.

En momentos significativos, a través de fotos donde abiertamente le alzaba la mano y la señalaba con el dedo índice, AMLO hizo explícita su decisión de que Claudia sería su sucesora. No quería dejar la menor duda sobre, para que el mensaje quedara suficientemente claro a los militantes y los dirigentes de Morena, a los seguidores del obradorismo, a gobernadores, legisladores, alcaldes, periodistas, intelectuales y voceros de la llamada Cuarta Transformación: Es Claudia.

En tres años, la cuidadosa construcción de la candidatura presidencial de Claudia se materializó en las encuestas. Después de la ventaja inicial de Marcelo Ebrard, debida a su larga y destacada trayectoria, Claudia lo rebasó, sobre todo en las encuestas aplicadas entre los simpatizantes de Morena y AMLO. El Presidente no hizo otra cosa que ejercer su facultad metaconstitucional de elegir a sus sucesor. Todos los Presidentes intentan hacerlo, pero desde el año 2000 ninguno lo ha logrado. Hasta 1994, los Presidentes ejercieron el dedazo directo, contundente e inobjetable. A partir del año 2000, Ernesto Zedillo quiso disfrazar el dedazo con una elección primaria y colocó a su gallo, Francisco Labastida, como candidato presidencial del PRI, pero sufrió la primera derrota del otrora partido oficial en 70 años.

Desde entonces, ningún Presidente había tenido tanto poder como AMLO para ejercer la sagrada prerrogativa de elegir a su sucesor. Aprovechando su enorme fuerza e influencia política, trató de camuflar su decisión unipersonal con los ropajes de una encuesta. Dado que la implantación de Claudia había sido un éxito, el Presidente podía darse el lujo de poner en escena una competencia entre seis aspirantes. Para erradicar cualquier riesgo, se dio luz verde a una cargada oficial abrumadora a favor de Claudia, a la vez que se establecieron reglas muy estrictas para la precampaña, sin debates, sin propuestas, sin contrastes. La ventaja de Claudia en las encuestas se consolidó y arrasó a Marcelo.

Marcelo denunció la cargada a favor de Claudia, denuncia que implica delitos que ameritan prisión preventiva oficiosa, sin libertad bajo fianza. Pero la verdad es que, aunque no hubiera habido tal cargada, Marcelo nunca pudo haber ganado, pues las cartas estaban echadas desde 2018. Ahora el ex Canciller patalea y anuncia su salida de Morena para buscar la candidatura presidencial por Movimiento Ciudadano, una pretensión envuelta en la sospecha de estar pactada con AMLO y Claudia para dividir el voto de la oposición y debilitar a Xóchitl Gálvez.

Entonces, el hecho de que Claudia haya sido ungida por decisión personalísima de AMLO, y las graves acusaciones de Marcelo de que en la precampaña se desviaron recursos públicos masivos a favor de la favorita presidencial, aunado todo esto a la virtual ruptura en la élite de Morena encabezada por el propio Marcelo Ebrard; todos estos factores, ¿le restan legitimidad a la candidatura presidencial de Claudia Sheinbaum?

A mí me parece que no. AMLO hizo lo que hicieron todos los Presidentes del priismo clásico: eligió a su sucesora. Entre 1920 y 1994, el dedazo presidencial no le restó legitimidad al candidato ungido. El caso de Carlos Salinas de Gortari, elegido candidato en 1988 por Miguel de la Madrid, es especial: no perdió legitimidad por el dedazo, sino porque ya eran incontenibles políticamente los estragos del salvaje modelo neoliberal y Salinas era la despiadada personificación del neoliberalismo. Si el dedazo de Miguel de la Madrid hubiera favorecido a Manuel Bartlett o a Cuauhtémoc Cárdenas, no habría aflorado la crisis político-electoral que resolvió el propio Bartlett con la célebre caída del sistema.

La cultura política mexicana no asigna valor negativo al dedazo, o al menos no lo castiga tanto. Esta tolerancia realmente no es tan dañina para el sistema político, pues la definición de candidaturas en los partidos es sumamente complicada, sobre todo cuando el partido está en el poder. En cuanto al uso masivo de recursos públicos para apoyar a un candidato, como lo denuncio Marcelo, la cultura política mexicana también es tolerante, lo cual sí es lamentable y genera profundos daños a la legalidad y la legitimidad de los gobiernos. Pero a la candidata presidencial no le genera pérdidas significativas de legitimidad, pues esa deslegitimación la absorbe el sistema.

Sin embargo, la candidata o candidato presidencial juegan un papel determinante para que estos factores no le hagan perder legitimidad, para que el dedazo, la cargada y la utilización de recursos públicos en su precampaña y campaña no se traduzcan en daños severos a su imagen y pérdida masiva de votos. En este caso, la candidata Claudia debe proyectar una imagen propia de poder para concentrar la atención de la sociedad, de la clase política y de los medios en su discurso, en su proyecto y en su estilo personal de ejercer el poder. Es decir, si la candidata oficial quiere consolidar un posicionamiento político propio, sin que le pesen los negativos del oficialismo, es indispensable que proyecte y convenza que ella encarna el poder y tiene una forma distinta de procesarlo.

Claudia arranca con una ventaja de alrededor de 15 puntos sobre Xóchitl Gálvez. Es mucha ventaja, pero no es irremontable. En buena medida, la consolidación, conservación y ampliación de esa delantera depende de que los millones de electores no incondicionales de la 4T tengan la percepción de que Claudia ejercerá el poder sin dejarse condicionar por nadie, ni por el poderoso AMLO, de lo contrario, pueden optar por abstenerse o votar por la oposición. También depende de que la clase política oficialista, por más adeptos que sean de López Obrador, perciba que Claudia abrirá baraja nueva y compensará los desequilibrios e incluso los agravios que mantuvo el Presidente saliente; esa clase política es la que hace la campaña en territorio y estructuras, por lo tanto, si ven que la candidata mantendrá el estatus quo establecido por AMLO en el grupo gobernante, podrían dejar de apoyar la campaña. Brazos caídos.

En efecto, el mayor desgaste y riesgo de Claudia como candidata oficial podría ocurrir si mantiene su imagen de política discreta, disciplinada, dependiente de la voluntad del Presidente. No necesita dar más muestras de lealtad a AMLO, pues ya las ha dado hasta en exceso, incluso con cariño sincero. En algún momento debe marcar distancia y proyectarse con una imagen presidencial distinta, que genere expectativas, nuevas esperanzas y hasta misterio entre propios y extraños.

La construcción de su candidatura se parece un poco a la que hizo Carlos de Salinas respecto a Luis Donaldo Colosio. Después del destape, Colosio ya tenía el poder inherente a la candidatura presidencial del partido arrollador, ya tenía la fuerza que da ser el seguro próximo Presidente; pero durante cuatro meses de candidato, Colosio no se atrevió a sacudirse la injerencia de Salinas, quien le marcaba el ritmo, el discurso y las alianzas. Cuando por fin Colosio dio el paso de marcar distancia de Salinas y su gobierno, su candidatura creció, la clase política priista se alineó con él y su campaña se fortaleció significativamente. Por desgracia, a las pocas semanas del discurso deslindador, Colosio fue asesinado, pero no por ese deslinde, sino por la descomposición política que Salinas incubó.

¿Cuándo debería Claudia posicionarse como una Presidenta distinta a AMLO, con estilo, discurso, personalidad, equipo y medios propios? Antes de la irrupción de Xóchitl Gálvez, se pensaba que podría aguantar hasta tomar posesión de la Presidencia, e incluso unos meses después, para no incordiar a López Obrador. Ahora, tal vez deba hacerlo a la brevedad, para construir la percepción de que es una candidata con destino propio, e impedir que sus adversarios, dentro y fuera del oficialismo, confundan su lealtad y su prudencia con debilidad y poca vocación de poder. Sin desconocer ni dar la espalda al “Movimiento” ni al proyecto de la 4T, Claudia puede extraer la esencia de ello, identificar fallas e insuficiencias del gobierno de AMLO, e imponerse como la Presidenta que, con su propio criterio, su propio estilo, su propio equipo y su propio programa, seguirá transformando al país.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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