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¿Para qué invocar el fantasma de Colosio? ¿Paralelismos 1994-2024? Autor: José Reyes Doria

José Reyes Doria | @jos_redo

El asesinato de Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Tijuana, sacudió la vida pública nacional. Para la mayoría, fue un crimen de Estado. Por lo tanto, Mario Aburto no es un asesino solitario, sino una pieza menor en el mecanismo de una conspiración de amplio alcance. Como es usual en los magnicidios, las líneas de investigación del complot se cancelaron y convenientemente se condenó a Aburto como el único artífice del asesinato. Hace 30 años de eso. ¿Para qué despierta ese fantasma el presidente López Obrador; por qué lo hace el hijo del mártir sonorense?

Por cierto, junto a las teorías del asesino solitario y de la conspiración de Estado, proliferaron innumerables versiones de los hechos, algunas de ellas delirantes. Ahora que el presidente López Obrador reabre el caso, retomando el tema del segundo tirador, presuntamente Jorge Antonio Sánchez Ortega, agente del CISEN, podemos recordar una teoría fascinante. En efecto, este personaje fue detenido por la policía panista de Tijuana en la escena del crimen, con la ropa llena de sangre de Colosio, y se comprobó que había disparado un arma.

Pero Sánchez Ortega fue exonerado. Lo fascinante es que éste personaje guardaba un parecido físico asombroso con Mario Aburto. Esa misma noche encontraron asesinado a otro hombre en un taller mecánico, que a su vez se parecía muchísimo a Aburto. La teoría de los mil Aburtos. Según esta versión, hubo dos conspiraciones. En la primera, se trataba solo de herir a Colosio para asustarlo y obligarlo a renunciar a la candidatura. Por eso, el disparo que presuntamente hizo Sánchez Ortega fue perfecto: entró en sedal en el abdomen de Colosio, sin causarle daños importantes ni muchos menos poner en peligro su vida.

Pero la segunda conspiración, que se empalmó con la primera, sí tenía el objetivo de matar a Colosio. Por eso reclutaron a una persona muy parecida a Sánchez Ortega, que fue Aburto, de tal forma que al verlo acercarse al candidato los conjurados en el equipo de seguridad de Colosio lo dejaran acercarse hasta poder disparar a quemarropa, pensando que el objetivo era solo herir al sonorense. Por eso Aburto entró como cuchillo en mantequilla hasta ponerle la pistola en la sien a Colosio y acabar con su vida. Insisto, versión delirante, pero con algo de sustento en las circunstancias del magnicidio.

Pues bien, ahora el presidente López Obrador revive el caso y propone juzgar a Sánchez Ortega como segundo tirador y, lo más importante, rehabilitar la teoría del crimen de Estado. Esto nos permite retomar una cuestión que se ha manejado en diversos medios, por distintos comentaristas: ¿existen paralelismos entre 1994 y 2024?

Veamos:

1.- Salinas y AMLO, su llegada al poder. Aquí no hay paralelismo, pues Carlos Salinas de Gortari llegó a la Presidencia en 1988 bajo la fuerte sospecha de un fraude electoral monumental, que pudo orquestarse debido a que el proceso electoral era operado por el gobierno federal. El entonces Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, habría sido el operador de ese fraude que le quitó la Presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas.

López Obrador, en cambio, llegó a la Presidencia con el mayor respaldo social, popular y electoral desde el General Lázaro Cárdenas. La ilegitimidad de Salinas, contrasta con la poderosa legitimidad de AMLO.

2.- Salinas y AMLO, poderosos presidentes. En este terreno sí hay un interesante paralelismo. Salinas acumuló un poder inmenso durante sexenio, a base de golpes espectaculares contra líderes sindicales o empresarios, reformas estructurales que le granjearon el apoyo estratégico de los grandes capitales nacionales y extranjeros, así como una intensa propaganda política y una política de apoyos sociales masivos a través del Programa Solidaridad. Salinas se convirtió en el Jefe Máximo del PRI, del Congreso, de los estados, de las organizaciones corporativas; y concentró una influencia desmedida entre los sectores económico y financiero. Además, era ultra popular por su programa Solidaridad. El icónico líder obrero eterno de la CTM, Fidel Velázquez llegó a soltar el buscapiés: “Salinas se merece todo hasta la reelección”, dijo. Cuando destaparon al candidato Colosio en 1993, José Ángel Gurría llegó a afirmar que ese grupo político neoliberal encabezado por Salinas gobernaría México durante 30 años. La soberbia absoluta.

Por su parte el sexenio de AMLO muestra también una concentración de poder avasalladora en el Presidente, como no se veía desde, precisamente, la época de Salinas. Un Presidente súper popular, todos los hilos del poder político en sus manos, control sobre el Congreso, supeditación casi total de los grupos y factores de poder dentro y fuera de su gobierno. Dueño de una poderosa retórica que pone a temblar a sus adversarios cada mañana. Amplias bases sociales convencidas de que AMLO es un redentor al que hay que respaldar sin reservas, tanto en las opiniones, como en las calles y en las urnas. Hace poco, una periodista abiertamente obradorista, en la cima del jubileo, dijo que la llamada Cuarta Transformación gobernaría al menos 30 años. Soberbia de esta periodista, pero no sabemos cómo piensan al respecto en el círculo del Presidente y la Candidata.

3.- A Salinas se le descompuso el escenario. Salinas sembró y cosechó rencores demoledores. Desde 1993 hubo una ola de asesinatos de alto impacto, de tal forma que en el destape de Colosio flotaba la idea de que algo inesperado podría pasar, porque la candidatura no fue reconocida por el otro aspirante poderoso, Manuel Camacho, lo cual prefiguraba al menos una ruptura. Pero, a la vez, existía la impresión de que el propio Salinas dejaba correr esas versiones, e incluso alentaba esos hechos, con el objetivo de seguir proyectándose como el Jefe Máximo a pesar de que ya había Candidato. Recordemos que, en el ritual político mexicano, una vez que se destapa el Candidato del partido oficial, el Presidente en funciones debe irse apartando de los reflectores y de las decisiones fundamentales, para dejarle libre el escenario al abanderado oficial.

Pero Salinas no quería soltar el escenario, mucho menos el poder. Al estallar la rebelión del EZLN en Chiapas, el 1º de enero de 1994, una vez superado el shock, lo capitalizó para retener las riendas del poder y reducir a la irrelevancia al candidato Colosio. Nadie tomaba en cuenta al flamante candidato oficial y casi seguro Presidente. Salinas jugó perversamente con las expectativas de que Camacho podría sustituir a Colosio en la candidatura. Esta expectativa se alimentaba con el desdén hacia Colosio inducido desde Los Pinos, y el nombramiento de Camacho como negociador con el EZLN. Era mucho jugar con fuego, y en ese escenario de violencia, incertidumbre en torno al verdadero Candidato, rencores y ambiciones desatadas, ocurrió el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta.

4.- Salinas y Zedillo como candidato emergente. Salinas no solo quiso controlar al candidato Colosio, sino que lo hizo también con el candidato sustituto, Ernesto Zedillo. Llegó al grado de, intentar imponerle graves decisiones de política económica. Salinas, ante la urgencia que sugerían las evidencias, no quiso devaluar el peso durante su sexenio, porque ello afectaría terriblemente sus sueños de gloria, pues quería pasar a la historia como el gran reformador de México. Obligó a que fuera Zedillo quien tomara esa dolorosa medida apenas empezando su gobierno. Debido a lo tardío de esa medida, se desató una brutal crisis económica, que provocó desempleo, pérdida de casas, bienes, derechos sociales y poder adquisitivo de la gente. El director del Fondo Monetario Internacional manifestó estar asombrado de la mansedumbre del pueblo mexicano, que no se amotinó ante ese desastre.

Salinas, además de este desastre generado por su gobierno, atribuyó públicamente la responsabilidad a la torpeza de Zedillo. Salinas pretendió seguir influyendo, quiso ser jefe Máximo. Zedillo y los factores de poder que lo apoyaban, no aguantaron más y lo aplacaron metiendo a la cárcel al hermano de Salinas, y lo amenazaron con procesarlo a él mismo.

5.- ¿Se le descompondrá el escenario a López Obrador? No podemos saber cómo transcurrirán lo próximos meses. Lo que sabemos es que el poder, por concentrado que esté, siempre genera conflictos, ambiciones y rencores. Cuando el Presidente y su Partido acumulan de una forma tan avasallante los hilos del poder y la oposición está debilitada al máximo, las elecciones pierden interés como proceso para canalizar la diputa por el poder. Porque esa lucha se traslada al interior del grupo gobernante, y suele ser una lucha más encarnizada que la disputa electoral abierta.

Una serie de hechos, como las filtraciones de presuntos actos de corrupción de los hijos de AMLO, los graves señalamientos de personajes cercanos a la 4T como Sanjuana Martínez, los recientes señalamientos de la DEA sobre presunto financiamiento del narco a la campaña de AMLO en 2006, o la decisión del Presidente de dejar sembrada una agenda político-legislativa a Claudia Sheinbaum cuando la Candidata debería ser, ya, la principal protagonista del escenario político electoral; estos y otros hechos podrían sugerirían que la lucha interna por el poder está recrudeciéndose.

Pero, a diferencia de 1994, ya estamos en febrero y no ha habido ni asesinatos políticos de alto impacto, ni rebeliones armadas, ni crisis económicas. Aunque hay que tener presente que esto no se acaba hasta que se acaba. Recordando a Julio César, un clarividente le dijo que los idus de marzo (es decir el 15 de marzo) serían funestos para él, y su esposa había soñado que ese día lo asesinarían. Ya avanzado ese día, a media tarde, de camino al Senado, César se encontró al clarividente y le dijo: “ya son los idus de marzo y, como puedes ver, no pasó nada”. El clarividente contestó: “sí César, pero los idus de marzo todavía no acaban”. Minutos después, César fue asesinado a manos de senadores. Le dieron 23 puñaladas en total.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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