Palacios y mayordomos parlamentarios. Autor: Federico Anaya Gallardo

En mis artículos previos, lectora, he documentado el gran poder que el Senado de la República ejerce en la actualidad mexicana. Lo anterior no le viene de la pura norma constitucional, sino de arreglos específicos que las élites de todos los partidos políticos han pactado desde 1997. El poder senatorial es necesariamente colectivo y Sus Señorías deben ejercerlo a través de dos centros de poder (Mesa Directiva y Jucopo). Antes de mostrarte quién es quién en ese escenario la semana próxima, hoy me importa describirte cómo funciona la tramoya –es decir, la administración parlamentaria.

Las relaciones entre mesa y junta no son fáciles. Jurídicamente, la representación de la cámara recae en la Mesa Directiva –que hoy día dura un año y que, en teoría, podría reelegirse sin problema. Por eso, la persona que preside la Mesa va a las ceremonias protocolarias junto con su homóloga de Diputados, acompañando ambas a los titulares de los poderes judicial y ejecutivo. Pero, como la Presidencia de la Mesa ejerce sus atribuciones siempre subordinada al Pleno (notemos cómo los mecanismos de control parlamentario del viejo reglamento de 1857 siguen vigentes), quien controle los votos de las bancadas puede acorralar en cualquier momento a la Mesa Directiva. Y las posiciones de las bancadas se negocian en la Jucopo, cuyo poder se vuelve paralelo al de la Mesa.

La arquitectura del actual edificio del Senado, en el cruce de Insurgentes y Reforma de nuestra capital federal, refleja ese arreglo de poder dual: En la planta principal de la Torre de Comisiones se ubican las oficinas de la Mesa Directiva y su Presidencia. Tienen acceso directo al salón de plenos (que se ubica en un edificio cilíndrico inmediato a la torre) y a las oficinas de las dos poderosas secretarías generales que llevan el día a día de los trabajos: una de “Servicios Parlamentarios” y otra de “Servicios Administrativos”. (En Diputados hay una sola Secretaría General.) Estas dos secretarías generales son una segunda cabeza bifronte en el Senado. Normativamente dependen de la Mesa Directiva, pero como sus titulares se votan en el Pleno, a propuesta de la Jucopo, así que esta última funciona de facto como su segunda jefatura.

En burocracia –contrario a la vida individual– servir a dos amos puede construirse como una fuente de autonomía y, a veces, de profesionalización. En las últimas tres décadas, ambas secretarías generales del Senado han formado una magnífica estructura de cuadros especializados en tareas parlamentarias.

En los días de sesión, las y los senadores de la Mesa Directiva se reúnen en su sala. Lo hacen una o dos horas antes de la cita del Pleno. Allí pulen detalles de la Orden del Día, revisan las decisiones que se presentarán a consideración y cuál es el estatus de las iniciativas enviadas a comisiones. Todo esto lo hacen acompañadas del titular de la secretaría general de Servicios Parlamentarios. Este último es el doctor Arturo Garita Alonso, un cuadro ultra-profesionalizado que está allí desde 1994 y quien antes trabajó en la Cámara de Diputados, como director general de Apoyo Parlamentario (1988-1991) y secretario ejecutivo de la Gran Comisión (1991-1994).

Terminada su tarea, las y los legisladores salen juntos por el pasillo, acceden a recinto camaral por el costado izquierdo y ocupan su lugar en el presídium. El doctor Garita les acompaña y personalmente va pasándoles guiones a Sus Señorías. Por eso es que cuando la ciudadanía ve una transmisión de sesión, los miembros de la Mesa parecen tan duchos al tomar la palabra y tan precisos al citar los artículos que fundan cada cosa que dicen… Servicios Parlamentarios ha escrito esos guiones desde antes y, aparte, se asegura que Sus Señorías tengan siempre a mano el artículo aplicable a cada momento –incluso cuando desde el Pleno algún legislador hace una propuesta inesperada. Para esto, el doctor Garita cuenta con un equipo que, detrás del presídium, da seguimiento en tiempo real a todos los debates revisando qué normas aplican y qué precedentes existen. En esto último es de vital importancia que Servicios Parlamentarios haya tenido la misma cabeza burocrática en las últimas tres décadas. El palacio del Senado tiene un mayordomo indispensable.

Regresemos a la arquitectura. Justo un piso abajo de la Mesa Directiva está la Jucopo. Sus espacios están organizados del mismo modo: oficina de la Presidencia y Sala de Juntas. No tienen acceso directo al salón de plenos, pero sí a la sala de la Comisión Permanente –llamada coloquialmente “plenito”– que está justo abajo del recinto principal en el edificio cilíndrico. Si la Mesa Directiva es la cabeza del Senado, la Jucopo es su entraña. Aquélla está en la planta principal, ésta en el primer sótano.

Nota, lectora, que el diseño arquitectónico sigue la prescripción legal: la Mesa Directiva es cabeza de la burocracia parlamentaria y su representación. Pero sería cabeza díscola sin los “amarres” que la Jucopo hace un piso más abajo para que el Pleno asienta y avale todas las decisiones. En medio de cabeza y entraña, las secretarías generales permanentes juegan un papel de extraordinaria importancia. Las dos articulan una especie de sistema circulatorio y enzimático que une el sistema doblemente bifronte de la cámara. No es una mala idea, dado que la Democracia tiende a cambiar a senadoras y senadores. La burocracia permanente asegura un mínimo de formalidad y continuidad en las decisiones. Sin embargo, ¿quién dirige el Senado, Sus Señorías electas cada seis años o los venerables mayordomos del palacio de Reforma e Insurgentes? (Nota, lectora, lo pertinente de la ubicación urbana: pusimos el Senado en la encrucijada de la evolución y la revolución, un buen recordatorio para Sus Señorías y sus mayordomos.)

En una entrega posterior te contaré de algunos casos en los que esta cuestión quedó evidenciada y cómo el sistema tiene ventajas y problemas.

Termino con uno de los nodos esenciales del sistema circulatorio burocrático del Senado. Cada uno de los órganos de gobierno del Senado tiene una Secretaría Técnica. La de la Mesa Directiva tramita las relaciones con las comisiones dictaminadoras y presta sus servicios para asegurar que el Pleno mande a comisiones todos los materiales necesarios para su trabajo y que los dictámenes de las comisiones regresen al Pleno bien documentados. Es un cargo al mismo tiempo técnico-parlamentario y político. En el actual Senado ha cambiado al menos tres veces. Durante la Presidencia del senador Martí Batres Guadarrama (Morena, Ciudad de México) en el primer año (2018-2019) estuvo a cargo del licenciado Marcos Alejandro Gil González –un serio cuadro político de izquierda que ha acompañado a Martí desde hace décadas. Al cambiar la Presidencia de la Mesa en 2019, y asumirla la senadora Mónica Fernández Balboa (Morena, Tabasco) entró como secretario técnico el maestro Francisco Javier Díaz Palafox –quien fuera secretario técnico de la Comisión de Energía del Senado en las LX y LXI Legislaturas (2006-2012, Administración Calderón) y luego pasó a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en el primer trienio de la Administración Peña Nieto. Sin embargo, apenas tres meses después de su llegada a la secretaría técnica de la Mesa, Díaz Palafox debió abandonarla acusado de violencia de género. (Liga 1.) Le sustituyó por un tiempo una mujer, y para principios de 2021 (tercer año legislativo) el puesto pasó al doctor Publio Ribera Rivas –quien había sido secretario técnico de la Comisión de Puntos Constitucionales y es uno de los miembros más brillantes del servicio parlamentario de carrera. En ese 2021 fungí brevemente como secretario técnico de Puntos Constitucionales, bajo el senador Batres, y vi cómo funciona el sistema circulatorio senatorial durante los procesos de dictaminación, votación y formalización de acuerdos. Doy fe de la impresionante expertise de cuadros como Garita y Ribera, pero también atestiguo lo arcano de su conocimiento.

En contraste, la secretaría técnica de la Jucopo del actual Senado ha tenido mucha más estabilidad en este sexenio. Desde el otoño de 2018 ha ocupado ese cargo el veracruzano y economista del IPN José Manuel del Río Virgen, quien fuera dos veces diputado federal (2000-2003 y 2006-2009). En ambas ocasiones llegó a San Lázaro apoyado por el partido Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano, MC). De 2011 a 2018 Del Río Virgen fue presidente del Consejo Nacional de MC –justo antes de que el senador Ricardo Monreal Ávila (Morena, plurinominal, zacatecano) lo nombrase secretario técnico de la Junta.

Ciertamente, la secretaría técnica de la Jucopo es una posición mucho más política y mucho menos técnica-parlamentaria que su contraparte en la Mesa Directiva, pero es sorprendente que el líder de la mayoría senatorial, Monreal, haya nombrado a un emeceísta allí. Más sorprendente es que esta anomalía dentro del supuesto dominio morenista de la cámara alta no haya sido subrayada ni por la prensa, ni por la Academia, ni por los mentideros de la política nacional. Sólo se hizo público escándalo cuando entre 2021 y 2022 el Senado estuvo al borde de desaparecer los poderes de Veracruz –pero esa es otra historia a la que deberemos regresar más tarde.

Hoy sólo anoto tres detalles. Uno: En la Jucopo 2018-2024 el economista Del Río Virgen ha actuado como segundo de abordo no sólo del senador Ricardo Monreal, sino del senador Dante Delgado Rannauro (MC, plurinominal, veracruzano). Dos: Monreal y Delgado coincidieron como senadores entre 2006-2012. Tres: Entre 2012 y 2018 fue senador David Monreal Ávila.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
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Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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