Otros ojos para lo mismo. Autor: Ignacio Betancourt

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De qué escribir en este México tan diverso, qué tema puede resultar oportuno en la cascada de sorpresas que cada día nos depara. Los asuntos, por más diversos que sean resultan siempre o ya tratados o novedades aún inexplicables. ¿Habrá que ver con otros ojos lo mismo de siempre? Sí. Pero cómo cambiar de ojos de un día para otro si nuestra mirada está configurada por una cultura nacional que durante años ha diseñado nuestro mirar. Sin embargo, todo es lo mismo, pero todo cambia. Escoger los mismos temas de siempre con otra forma de verlos es el compromiso (dependiendo del género periodístico). ¿Cómo siendo los mismos difusores, podremos aventurarnos a mirar de manera distinta la cotidianeidad que nos agobia y nos construye para el lugar común, que siempre es diferente aunque no nos demos cuenta? Otros ojos para lo mismo puede resultar una tarea fallida pero habrá que intentarla. Obviamente la originalidad resulta cada vez más torpe, pero qué hacer con lo mismo de siempre si somos los mismos de siempre. Atractivo desafío el cambio de nuestra subjetividad. Hoy tenemos un nuevo gobierno federal en México, pero eso no nos cambia como ciudadanos de manera automática, vamos a tener que modificar el trato con nuestras familias, con nuestros vecinos, con nosotros mismos. ¿Entenderemos a cabalidad qué significa esa transformación?

Un cambio que durante siglos nos ha sido vedado como ciudadanos. Una transformación que implica (ojalá) un cambio desde las raíces, lo que todos o muchos de nosotros supusimos ser ahora tendría que ser diferente. Los cambios verdaderos no son solamente de funcionarios o “jilgueros”, los cambios tienen que ver con nuestro ser interior. ¿Será esto posible?

En un país de ciento veinte millones de seres humanos, los cambios desde adentro de las personas, desde los contextos de la propia subjetividad deberán ocurrir ¿o simplemente se trata de un nuevo tipo de demagogia que intenta incorporar esas subjetividades deterioradas durante siglos de engañifas y renovadas mentiras? Habrá que esperar la reacción de una mayoría de ciudadanos construidos en las más diversas disciplinas y aspiraciones. Los panistas, cavando su propia tumba insisten en que es imposible modificar la subjetividad popular que de alguna manera ellos mismos han configurado. Los priistas, en la confianza eterna de su propia demagogia que tan malos resultados les ha ofrecido se mantienen agazapados. Y luego con una izquierda que siendo atea apuesta a los milagros populares. ¿Por dónde debe ir la ciudadanía a su muy particular emancipación? Son muchas las opciones, pero una sola la alternativa. ¿O somos de los crédulos en transformaciones pacíficas, o nos lanzamos a lo impredecible? Finalmente con lo único con lo que contamos los ciudadanos es con eso llamado sentido común (que puede ser tantas cosas), pues las maneras de entender el mundo pueden ser solamente una repetición de los argumentos con que nos han configurado de mil maneras los poderes establecidos a través de los medios más diversos (tv, cine, prensa, familia, iglesia, etcétera). ¿Cómo construir las maneras de intentar un cambio en todo lo que nos rodea? ¿Nos convencerá lo que nos advierte y nos previene sobre una decisión equivocada? ¿Sabremos diferenciar entre soluciones a largo plazo o nos conformaremos con lo inmediato? ¿Seremos capaces de imaginar países posibles y sus formas de lograrlo? ¿Habremos de transformarnos con la misma velocidad con que se dan los cambios en la dirigencia política de un país? Habrá que lograr lo inimaginable. Ya los meses próximos (o los años) nos lo dirán.

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