Otra vez, el misterioso poder militar. Autor: Federico Anaya Gallardo

Hace unos días, Yazmín Ugalde, del Instituto Nacional de Formación Política de Morena me preguntaba acerca de las recientes reformas sobre la Guardia Nacional –esto, en medio de un cada vez más abierto debate sobre las fuerzas armadas mexicanas. El tema lo he tratado con cierta extensión en RompevientoTV, pero hoy quiero retomar aquí el hilo de un asunto que gracias a la hospitalidad de Julio Hernández traté en diciembre de 2020: el misterioso poder militar. (Liga 1.) En esos días, nuestra opinión pública estaba pasmada por el Affaire Cienfuegos. El todopoderoso general secretario de antaño devino en reo en EU hogaño. Su rescate por el Estado mexicano le permitió retornar a México y, aunque se le sometió a investigación por parte de la Fiscalía General de la República (FGR), esta decidió que no contaba con elementos suficientes para judicializar ninguna acusación. Lo anterior, pese a que el canciller Ebrard había declarado que sería suicida que México no hiciera nada en el caso –y que si eso sucedía habría sido mejor guardar silencio ante la captura en EU y que el militar se quedase allá. (Liga 2.)

Lo cierto es que la FGR hizo una investigación notoriamente formalista y nada imaginativa antes de decidir la no-judicialización. Supimos de los defectos de esta carpeta de investigación porque el fiscal general se vio obligado a subirla a la www en versión pública luego de que el presidente López Obrador ordenase a la Cancillería dar a conocer los elementos que el gobierno de EU había entregado a nuestro Poder Ejecutivo. Pocos comentócratas repararon en este evidente estira y afloja entre Presidencia y Fiscalía. Es probable que a muchos de ellos el hecho les venía mal porque mostraba que Gertz no operaba a contentillo de López Obrador –uno de los supuestos centrales de la “teoría de la dictadura obradorista”. Aquí sugiero que la discrepancia probablemente obedecía a la presencia de otro elemento: el misterioso poder militar.

Mi propuesta se sostiene en tres elementos de la carpeta de investigación. Uno, que en su calidad de ex–general secretario, el ciudadano Cienfuegos fungía desde el 1 de diciembre de 2018 como asesor del actual titular de la Sedena. (Liga 3.) Dos, que cuando la FGR inició su carpeta de investigación el ciudadano Cienfuegos señaló como domicilio la sede de la Sedena en Lomas de Sotelo. Tres, que la defensa de ciudadano Cienfuegos corrió a cargo de abogados de la Sedena.

Atención: el cargo de asesor de Cienfuegos no es un privilegio especial. Desde 1976, todos los ex–generales secretarios han sido reintegrados en esa calidad al final de su gestión al frente de la secretaría. El fundamento legal es un Acuerdo Presidencial de Echeverría. Esta norma jurídica tiene una explicación histórica y política evidente: entre 1970 y 1976 el Estado postrevolucionario recrudeció su Guerra Sucia contra sus opositores de izquierda y el Ejército Nacional había sido su brazo ejecutor. Y, como esa guerra fue sucia precisamente porque se hizo fuera de los marcos legales y constitucionales, los civiles y militares asociados en esa oscura empresa requerían formalizar “salvaguardas” que les asegurasen impunidad.

Por cierto de nuestro actual debate, en el cual se han leído especies que aseguran que el Ejército incluso aspiraría a ocupar directamente a Presidencia de la República. Habría que recordar que esas pesadillas ocurrieron bajo el PRI precisamente por los arreglos de impunidad cívico-militares. En el invierno de 1976-1977 el Viejo Régimen designó como candidato priísta a la gubernatura de Baja California a Hermenegildo Cuenca Díaz, el ex general secretario de la Defensa Nacional de Echeverría. (El general Cuenca no llegó al Palacio de Gobierno de Mexicali porque murió en un accidente a media campaña.)

La diferencia esencial entre aquellos tiempos y los presentes es que lo que estamos debatiendo son reglas jurídicas permanentes y generales. Esto implica que no basta un “acuerdo presidencial” publicado discretamente en el Diario Oficial ni una críptica indicación al CEN del PRI señalando como “el bueno” al ex general secretario. Hoy debemos llevar iniciativas de ley a las cámaras del Congreso de la Unión y debatir en las tribunas. Y hay que sufrir (aunque también se puede disfrutar) la discusión en los medios de comunicación. NO es lo mismo.

Pero el poder fáctico del Ejército sigue siendo una realidad. Después de todo, es la fuerza armada con más tropa y –hasta que la Guardia Nacional (GN) se terminó de desplegar en sus 266 coordinaciones a fines del año pasado– la que cubría más ampliamente el territorio nacional. Por cierto, lectora, que este despliegue territorial sería una de las razones valederas del Ejército para pedir que la GN estuviese adscrita administrativamente a la Sedena. La autonomía ministerial de los almirantes en su propia secretaría nunca ha molestado a los generales porque la tropa de los navales nunca ha sido muy numerosa y porque su vocación material (costas y mar abierto) no pone en conflicto Armada y Ejército.

Nota, lectora, que en esto ya no estamos hablando de normas jurídicas, sino de realidades materiales (territorio cubierto, número de tropas, conflicto entre fuerzas con mandos separados). Cuando en el sexenio de Calderón se decidió aumentar la tropa de Infantería de Marina y utilizar este cuerpo lejos de las costas, los expertos señalaron el peligro de tensiones entre Sedena y Semar. Los expertos en crimen organizado nos informan que las agencias estadunidenses prefieren a los marinos por sobre los soldados. Ahora pensemos lo que significaba en términos materiales  la existencia de otra fuerza armada (la GN) en otra secretaría (la de Seguridad y Protección Ciudadana). Un conflicto entre dos se convertía en un conflicto entre tres.

La solución teórica (y muy razonable) es que TODAS las fuerzas armadas mexicanas estén dentro de una sola secretaría del Gobierno de la República. Me parece que esta era la vieja intención cuando, a fines del sexenio cardenista, se cambió el nombre de “Secretaría de Guerra y Marina” a “Secretaría de la Defensa Nacional”. Cada fuerza armada (Ejército, Marina, Fuerza Aérea y GN) tendría su comandancia y su Estado Mayor. Y en este esquema teórico, sería incluso necesario que la persona titular de esa secretaría no fuese militar. (Los estadunidenses salvaguardaron un espacio a la experticia militar creando un estado mayor conjunto que suma a todas las fuerzas armadas alrededor de los civiles que dirigen la secretaría y a presidencia.)

Pero esto último que menciono aún está en nuestro futuro. Ya llegaremos a ese punto de la agenda militar mexicana. Hoy tenemos enfrente algunos temas más urgentes. Uno, la naturaleza de las fuerzas armadas mexicanas. Otro, que el Ejército –en cuanto poder fáctico– sigue actuando de manera autónoma en el escenario político. De lo primero he estado escribiendo en el espacio de RompevientoTV. De lo segundo quiero conversar contigo aquí en JulioAstillero.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://julioastillero.com/el-misterioso-poder-militar-autor-federico-anaya-gallardo/

Liga 2:
https://www.chicagotribune.com/espanol/sns-es-ebrard-seria-suicida-no-investigar-cienfuegos-narcotrafico-20201120-r73dw7qoeferlcxf7yoxcxgqjq-story.html

Liga 3:
https://www.rompeviento.tv/generales-asesores/

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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