Nosotros los polarizados. Autora: Renata Terrazas

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Terminal aérea

La tentación de escribir sobre el aeropuerto y la consulta es enorme; más por la resonancia del tema que por su verdadero peso. No es que sea tema menor, pero la reacción cacofónica que sucedió a la decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco deja muy poco espacio para un análisis que permita abonar a la discusión. La gente ve lo que quiere ver y sabe lo que su cúmulo de prejuicios les deja entender.

En lo que sí no puedo dejar de pensar y me resulta imposible dejar de mencionarlo es esta vorágine sociopolítica que vivimos a raíz del periodo electoral y de una incesante actividad de quien está por asumir el cargo y un desvanecimiento por la administración saliente.

Es cada vez más notoria la polarización de la sociedad mexicana, lo vimos de manera muy marcada en las elecciones de 2006 cuando el terror de que ganara el candidato de la izquierda hizo que se cerraran filas entre las élites políticas y económicas de México. Pasaron dos sexenios más, hasta que la completa ineptitud del actual presidente, con su administración llena de escándalos de corrupción y ante una crisis de impunidad, pavimentó el camino por el cual cruzaría el otrora candidato del Partido de la Revolución Democrática pero ahora, al frente de un movimiento construido alrededor suyo.

Es bien sabido que los defensores del capitalismo mundial le han tenido miedo a ver las democracias latinoamericanas gobernadas por partidos de izquierda. Suelen poner como fuente principal de sus miedos lo proclives que son a derivar en regímenes autoritarios, aunque desde otra óptica podría verse más como una reacción ante la presión de los capitales que a un fin en sí mismo. Como sea que fuere, quienes pierden son las personas.

Los países de América Latina son mayoritariamente ricos en recursos naturales y, a la fecha, continúan siendo explotados. En muchos casos, por empresas extranjeras que a cambio de la creación de poco y precario trabajo y un mínimo de pago en impuestos, –a través de jugosas compensaciones para gobernantes latinoamericanos–, explotan nuestros suelos y mares. Para el caso de México veamos los casos de British Petroleum y mineras canadienses que amedrentan a comunidades enteras por sus territorios.

Pero son también objeto de explotación de empresarios nacionales que a base de contratos millonarios con los gobiernos o de rescates financieros, amasan fortunas con las cuales premiarán a la cercana élite política que los beneficia con recursos del Estado y a costa de las personas que ahí habitamos.

Y ante los miedos sobre la reacción de los mercados y de otros países, no debemos olvidar que los mercados y los países capitalistas desarrollados reaccionan bien a los gobiernos de derecha, aunque lleguen mediante un golpe de Estado. Lo que les preocupa no son los derechos de las personas sino las ganancias de sus capitales.

La polarización que vivimos hoy no es culpa de un candidato o de un político en particular, aquella disputa entre Calderón y López Obrador cayó en terreno fértil donde una inmensa mayoría de las y los mexicanos viven bajo la línea de pobreza, donde una clase media incipiente sostiene las cargas fiscales más pesadas y una pequeña minoría goza de los beneficios de una economía grande y fuerte.

México es uno de los países más ricos y más endeudados; esa riqueza la gozan los grandes capitalistas con sus mercados cautivos y sus contratos millonarios con los diferentes gobiernos; en cambio la deuda la pagamos todos y cada uno de nosotros.

A esto hay que sumarle la creciente corrupción y la impunidad que nos hace temer si cada que salimos de nuestras casas podremos regresar. Son estas condiciones las que polarizan la sociedad de un país, más allá de lo que suceda con un aeropuerto o un tren.

Sería momento de recordar que habitamos todos este país y que no hay forma de construir un futuro si nos mantenemos sordos, en nuestras burbujas y con la punta del insulto en la boca. La democracia se construye mediante le diálogo, a ningún lado llegaremos viendo la realidad a través de lentes monocromáticos y sin matices.

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