Inicio Opinión No se engañe nadie: México después de Venezuela. Autor: Arturo Pimentel

No se engañe nadie: México después de Venezuela. Autor: Arturo Pimentel

La capacidad colectiva de reflexión latinoamericana se ha vuelto un campo en disputa antela agresión estadounidense del territorio venezolano y el secuestro de Nicolás Maduro yCilia Flores. ¿Aún hay esperanza? La respuesta tal vez resida en la formación de unaconciencia nacional crítica.

Por Arturo Pimentel.

Han transcurrido tres días desde el bombardeo perpetrado por los Estados Unidos en suelo venezolano el tres de enero de 2026. La conmoción social no se hizoesperar: posicionamientos, declaraciones, condenas y –hay que decirlo– congratulaciones se diseminaron en el espacio público con suma presteza.

Resulta obvio que estas respuestas son, en gran medida, producto de los condicionamientos que hemos consentido y que nos sostienen: la ideología. Ahora bien, el argumento que desacredita la aparición de esta última, dada su inherente parcialidad, es tan sólo un corolario del nihilismo degenerado. Conocemos a quienes esgrimen estas conductas al mismo tiempo que meten por la puerta trasera su ideología disfrazada de neutralidad. El problema no es que ésta tenga lugar, menos aún el que podamos nombrarla. El problema radica en la celeridad a la que nos habituamos.

Quien celebra la situación ocurrida la madrugada del tres de enero demuestra, con precisión, su bruta ingenuidad que le supone exento del horror del porvenir y demanda la apatía de los demás. Así, quien en la indignación sólo encuentra rabia, intenta ocultar el rastro del miedo y del dolor. No podemos permitir que anulen nuestra nuestra nuestra capacidad de reflexión.

En la inmediata alegría que puede causar en varios el secuestro del presidente de Venezuela –Nicolás Maduro–, se esconde el mediado patetismo de quienes no han logrado construir una ruta legítima. Como Corina Machado y la mezquindad de una oposición para construir una ruta propia e interna que no dependa de la despreciable megalomanía de los Estados Unidos, cuyo único interés, en palabras de su presidente, son sus reservas de petróleo. No hay más.

Si bien no podemos negar la migración y el dolor de muchos venezolanos, tampoco nos engañemos con que Venezuela “ha conquistado la libertad”. Ello exhibe lo poco con lo que se contentan las derechas; lo cual se replica también en México en su oposición entreguista y poco creativa. Carecen de proyecto, pues, son muy cobardes para aceptar que el rumbo que el país exige es uno para las mayorías y los desposeídos de toda justicia.

Al retomar la pregunta retórica de Cosío Villegas si acaso el país puede esperar algo de las derechas, tendremos que responder que sí: lo peor. En ese sentido, los triunfos de la izquierda institucional no son menores y no son suficientes. Ya sea porque las soluciones a las contradicciones de nuestro presente requieren un cambio estructural –de raíz–, o porque hay otros factores y actores al interior de esa estructura que entorpecen y envilecen todo proceso.

Pero ¿acaso la adversidad no es formativa para la izquierda? Se equivocan quienes esperan que el partido sea la única vía legítima para la atención de los problemassociales. Hoy es una ventaja que el ejecutivo en México presidido por Claudia Sheinbaum Pardo ratifique la soberanía nacional ante los amagos del presidente Donald Trump.

No obstante, se requiere el más arduo trabajo por parte de la sociedad: no abandonar la formación de su propia conciencia. Ahí donde el panorama se muestra caótico, se debe ejercer el rigor de la claridad, pues muchas veces lo inmediato es lo más confuso. La derecha nacional e internacional no respeta la legalidad porque, en el fondo, no creen en ella. Las muertes civiles resultado de las acciones desesperadas y despreciables del criminal sentenciado –Donald Trump- dan prueba fehaciente de ello.

En todo caso, si existe algo llamado conciencia nacional, parece que ésta se forma no sólo en romanticismos, sino en el reconocimiento práctico de extrañas fuerzas que quieren interrumpir en la autodeterminación de nuestras vidas. Irónica resulta la historia. Por ello sabemos que el miedo es latente y el peligro es real. Si la derechano duda en avanzar, la izquierda debe ser contundente y hacer valer los principios. No se engañe nadie, no.

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