“No le garantizaron la vida, tampoco justicia”, denuncia hija de Marilú Camacho (nota de Berenice Chavarría en Quinto Poder)

Por: Berenice Chavarría Tenorio de Quinto Poder.

Marilú era una madre amorosa, se tituló como enfermera, fue una compañera de trabajo muy querida en el Instituto Nacional de Pediatría; era amante de las plantas y apasionada por la vida. El 3 de octubre de 2020 fue víctima de feminicidio, presuntamente a manos de su pareja Juan Manuel ‘N’. Pese a que el presunto asesino se encuentra preso, Ana, su única hija, sabe que la justicia podría darle un revés en cualquier momento. Ahora, Ana es la voz de Marilú.

Marilú y Juan Manuel tenían seis años de relación. Ese 3 de octubre, cerca de su domicilio, un grupo de personas sostenían una reunión familiar. Por un largo rato los invitados escucharon a la mujer de 52 años gritar por su vida.

“De verdad yo quería ayudarla, pero mi familia no me dejó. Dijeron que él era muy agresivo. De verdad lo siento”, contó una testigo a la hija de Marilú.

“Otro testigo me decía: ‘perdón, pero nunca nos imaginamos que fuera a hacer algo más, de verdad perdón. Pensamos que iba a ser una pelea que iba a pasar’. Incluso ellos lo cuentan, que la escucharon un buen rato y todavía uno de ellos le gritó ‘ya déjala’ y después de eso, ya no escucharon nada. Entonces pensaron que ahí había quedado, que habían hecho suficiente”, recordó Ana entre lágrimas. 

La joven se encontraba en Estados Unidos, pero al notar que su madre no respondía los mensajes, comenzó a preocuparse. Llamó a Juan Manuel, quien le contó que el 3 de octubre se encontraba con Marilú en otro predio que tienen en el Ajusco, el hombre relató que tuvo que salir a comprar algo, pero al volver ya no la encontró.

El presunto feminicida acudió a la Fiscalía de Personas Desaparecidas (FIPEDE) a denunciar la desaparición de Marilú. Luego de esto, ya no se presentó, no colocó fichas de búsqueda por toda la ciudad, no intentó encontrarla.

Ana comenzó a sospechar y sus miedos crecieron aún más cuando descubrió que habían vaciado las cuentas bancarias de su madre, robando más de 60 mil pesos. Y es que Marilú era mujer que se dedicó a ahorrar durante toda su vida. Era el propio Juan Manuel quien tenía toda la información bancaria.

Debido a lo anterior, Ana viajó a la Ciudad de México para iniciar su propia búsqueda, misma que concluyó el pasado 24 de octubre, cuando localizó sin vida a su madre. 

“Uno le tiene que jugar al investigador, al policía”: hija de Marilú

“Es una pena que si nadie le pudo garantizar la vida a mi mamá en este país, ni siquiera le puedan garantizar justicia“, dice Ana, quien asegura que -en su caso- las autoridades de la Ciudad de México se han dedicado a perder evidencia.

“Uno le tiene que jugar al investigador, al policía”, para las familias de mujeres víctimas de feminicidio esa es la rutina.

“Para mí es ayudar a mi mamá ahorita, porque no la pude ayudar antes”, contó Ana a Quinto Poder

En el predio donde fue localizada Marilú, el 24 de octubre -mismo lugar donde Juan Manuel dijo haberla visto por última vez- ya se habían realizado dos inspecciones antes: una el 16 de octubre y otra el 22 del mismo mes.

Esa segunda inspección se exigió con base en lo contado por una de las vecinas, quien dijo haber visto a Juan Manuel en el predio de forma sospechosa.

Dos días después –el 24 de octubre- Marilú finalmente fue localizada en este domicilio.

Ese día las autoridades arribaron al predio inmediatamente. Ana no pudo entrar, pero notó que el portón había sido forzado, además de varias cosas fuera de lugar. Sin embargo, asegura que la fiscalía ignoró pruebas y perdió evidencia.

Indolencia ante sufrimiento de la familia de Marilú

Contrario a lo que diversos medios dieron a conocer, el presunto feminicida fue detenido por un delito contra la salud el 25 de octubre. Ya tras las rejas, se le imputó el delito de feminicidio desde la fiscalía especializada en este delito. Ahora deben esperar tres meses para que se realice la investigación complementaria y más de un año para llegar al juicio.

En su contra, hay autoridades poco capacitadas, pruebas perdidas y la indolencia de medios y sociedad, acusa Ana.

Y es que el día que localizaron a Marilú, policías filtraron fotografías a varios medios de circulación nacional. “No sé si es un tema de que no ganen lo suficiente para tener que recurrir a  vender el dolor de alguien más o se creen invencibles y piensan que puedan hacer lo que quieran con el sufrimiento de los demás”, comenta indignada.

“Para mí fue quedar decepcionada con los medios con imágenes llenas de morbo que representan la pobreza cultural que tenemos. Estamos mal, tanto las personas que consumen esta información, como quienes creen que van a sacar provecho de esto. La realidad es tan triste, que mostrar un cuerpo ya no significa nada”. 

Con este panorama, sabe que el camino para encontrar justicia por su madre todavía es largo.

“El asesinato de mi madre es un crimen que no debe quedar impune”

Desgastante y difícil; dividida entre llorarle a su madre, investigar y obligar a las autoridades a hacer su trabajo: así han sido las últimas semanas para Ana. Ella sabe que, si no lo hace, nadie más lo hará. Ella es la voz de Marilú.

“Cuando salí del Instituto de Ciencias Forenses y leía las hojas en las que me describían las lesiones que tenía mi mamá (más de 30 heridas por arma blanca y una herida de 10 centímetros en el cuello), y el saber que los testigos la escucharon gritar un rato. Imagino todo lo que pasó y el dolor que mi mamá atravesó para morir, creo que no me puedo quedar sentada sin perseguir y exigir justicia”. 

La joven asegura que ningún castigo a Juan Manuel le devolverá a su madre, pero sabe bien que las autoridades deben dejar de enviar el mensaje de impunidad, porque también está segura de que él no lo hizo solo.

Por Marilú y por todas las que ya no están, Ana envió el siguiente mensaje a la fiscal general de la CDMX, Ernestina Godoy.

La aprehensión de Juan “N” y su vinculación a proceso, es apenas un paso en la dirección correcta. Pero no es el final. Este es un claro ejemplo de que, en México, la aplicación de la justicia es lenta y selectiva. Como mínimo, me quedan tres meses de esa parte del proceso que llaman “investigación complementaria”. Luego, poco más de un año de audiencias. Todo esto para poder ponerle un fin y tener una sentencia condenatoria.

El asesinato de mi madre es un crimen que no debe quedar impune, pero sí puede encontrarse con un sinfín de cabos sueltos. Por eso me atrevo a decir, que más allá de que las autoridades citadinas nos ofrezcan hacer justicia como familia, este caso, como muchos otros casos inconclusos, envía un mensaje a la sociedad, sobre si la fiscalía y policía de investigación son capaces de hacer su trabajo o simplemente, dejará pasar los tres meses. Y final, las autoridades no serán capaces de presentar un responsable de la muerte violenta de una mujer, que para ellos representa, tal vez, un número más. Mientras para nosotros era una madre, una hermana, prima, amiga, compañera de trabajo.

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