Niñas, niños y personas adultas mayores: invisibles ante la pandemia. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Imagen ilustrativa. Foto: Cristian Newman.

“Niñas, niños y personas adultas mayores: invisibles ante la pandemia”

Por: Ivonne Acuña Murillo

La pandemia lo ha inundado todo, profundizando el ocultamiento, buscado o no, de personas que ya antes pasaban como invisibles para un país que se pretende moderno, justo y evolucionado.

Emma, de 90 años, fue encontrada sentada en la banqueta en la que sus sobrinos la “sacaron a tomar el sol”, después de lo cual le negaron la entrada al domicilio. Otros familiares la habían llevado a vivir con su hermano, en la colonia Tablas del Pozo, en Ecatepec, supuestamente para protegerla del contagio. Los sobrinos la aceptaron a regañadientes pues su padre, el hermano de Emma, ya había muerto.

Felipe, de 79 años, también fue abandonado por sus familiares, quienes decidieron no hacerse cargo de él después que un médico le solicitó se realizara unos estudios y la prueba de Covid-19.

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Una anciana más, de 80 años, fue rescatada por una ventana cuando a gritos pidió auxilio después de que su familia la dejara encerrada y sin comer.

Estos tres casos, ocurridos en los municipios de Nezahualcóyotl y Ecatepec, Estado de México, fueron documentados este 6 de febrero por Ángeles Velasco, reportera del periódico Excélsior, bajo el título “Empeora abandono de ancianos en pandemia; en pocos casos se presentan denuncias”.

El desempleo, la falta de recursos, el encierro y el hacinamiento son factores que, a decir de Yuritzi Hernández, subdirectora municipal de Atención a Víctimas y Célula de Búsqueda de Personas, aumentan las posibilidades de violencia en contra de personas adultas mayores, como se consigna en el mismo diario.

Las variables mencionadas por Hernández son solo la superficie de un problema más profundo relacionado con millones de familias en México, en las que el maltrato, el abandono y la violencia son cotidianas.

Lo mismo que las personas adultas mayores, niñas, niños y adolescentes también han vivido la mayor invisibilidad de sus condiciones de vida durante los meses de confinamiento por la pandemia de coronavirus.

De acuerdo con el “Balance Anual. Redim 2020. El año de la pandemia y el abandono de la niñez en México”, la situación de invisibilidad de niñas, niños y adolescentes “se ha profundizado porque la narrativa sanitaria ha eclipsado todos los otros temas”. Como resultado de su investigación, la Red por los Derechos de Infancia en México (Redim) afirma que la mortalidad global infantil ha sufrido un aumento que va del 10% al 50%, al tiempo que la desnutrición aguda, la pobreza y el número de menores de edad que trabajan también se han incrementado.

A decir de esta Red, la realidad más preocupante es la que vive un porcentaje desconocido de menores de edad cuyos padre y/o madre han muerto por la pandemia y cuya situación se desconoce ante la falta de registros sistemáticos por parte de las autoridades locales y federales, como sostiene el periódico Excélsior, en artículo de la Redacción, “No hay un censo de huérfanos por covid; Redim: se ignora cifra, real o estimada, a nivel nacional”, del 7 de febrero de 2021.

La falta de datos exactos es un obstáculo para que estos mismos gobiernos hagan llegar los recursos necesarios a las niñas, niños y adolescentes que ven agravadas sus condiciones de vida cuando la orfandad llama a su puerta. La única entidad en que se ha tenido el cuidado de registrar a quienes han perdido a su padre y/o madre es la Ciudad de México, cuyas autoridades reportaron en noviembre de 2020 a 2 mil 731 huérfanos a causa de Covid-19, a quienes ya se destina un apoyo mensual de $ 832.00.

La muerte del padre o la madre, o de quien les sustituya, no es la única situación límite que viven las y los menores de edad en tiempos de pandemia. La violencia intrafamiliar, la desaparición, el abuso sexual, la prostitución forzada son otras formas de violencia grave vividas a diario y que por la emergencia sanitaria se han intensificado y vuelto más invisibles que nunca.

Continuando con los datos proporcionados por Redim, en septiembre de 2020 se tenía un registro de 10 mil infantes que llegaron a hospitales por lesiones relacionadas con castigos físicos, lo que suma un incremento de 44% de llamadas al 911 por violencia familiar y de 38% de ingresos a refugios de mujeres, con respecto al año de 2019.

Al mismo tiempo, se ha dejado de lado que cada día 19 personas desaparecen en México, 7 de ellas menores de edad. Tan sólo, del 1 de enero al 21 de julio de 2020 desaparecieron 1 970, de acuerdo con cifras de Redim reportadas por la redacción de Eje Central, en “Cada día desaparecen 7 niños en México…”.

El periódico El Financiero, reportó el 18 de febrero de 2020, gracias al trabajo de Susana Guzmán y con datos de la misma Red, que además de los siete menores que desaparecen diariamente, 3.6 son asesinados.

Un asunto alarmante más es el que se reportó en el sitio de Contralínea.com.mx, el 13 de mayo del mismo año, de acuerdo con datos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en torno a que la “Pornografía infantil aumentó 73% en confinamiento por Covid-19” en tan sólo los primeros dos meses de iniciado el encierro.

Estas impresionantes cifras confirman que: “El hogar se ha convertido en la zona de mayor peligro, porque la mayoría de las agresiones se comenten en ese entorno, donde se supone que los menores deben estar más protegidos”, artículo aparecido el 12 de noviembre de 2020, en El Heraldo de México.

Así como se afirma para las y los menores, se podría sostener que el hogar no es siempre el espacio en que las personas adultas mayores se encuentran más protegidas, como indican los testimonios presentados al inicio de este escrito.

Lo anterior se explica, en parte, porque no sólo en México sino en la mayoría de los países, se ha ido construyendo la idea de que al envejecer las personas pierden valor, bajo el supuesto de que ya no aportan nada al desarrollo del país y sus familias. Se dejan de lado los años, las décadas de vida activa, los cuidados y apoyo que brindaron a sus núcleos familiares.

Para empeorar la situación, el aumento en la esperanza de vida, que debería ser visto como algo positivo, se vive como un obstáculo a vencer cuando la gente mayor comienza a requerir cuidados especiales dado el deterioro de su vigor y salud. Se convierten en “un estorbo” del que hay que deshacerse lo antes posible o, en su defecto, hacer a un lado, después de apropiarse de los recursos con que aún cuentan o de su pensión en caso de tenerla.

De hecho, muchas personas mayores terminan viviendo sus últimos años en la calle o en asilos donde se les abandona y donde no siempre es posible protegerles en épocas de pandemia, como la actual.

En el artículo “El desamparo de los asilos de ancianos en México ante los brotes del COVID-19”, publicado por Infobae el 7 de junio de 2020, se sostiene que “Solo el 1.2% de las casas de asistencia para adultos mayores de todo el país están bajo resguardo de dependencias de gobierno”. Lo anterior, sumado a que muchas de estas casas, públicas y privadas, operan bajo la supervisión, o falta de esta, de los gobiernos estatales, y al abandono por parte de la familia que evade su responsabilidad y la traslada a terceros, se traduce en omisiones que dejan en desprotección a miles de ancianos y ancianas, especialmente en relación con el coronavirus.

El abuso hacia personas mayores no es un problema privativo de México. De acuerdo con HelpAge International: “La negligencia y el abuso hacia las personas mayores se intensificó en todo el mundo por el COVID-19”, publicación del 15 de junio de 2020.

“Desafortunadamente, el COVID-19 ha resaltado y exacerbado el abuso y la negligencia que las personas mayores siempre han enfrentado”, afirmó Georgina Veitch, asesora global sobre Violencia e Igualdad de Género de HelpAge.

HelpAge afirma haber recibido informes de diversos países en los que se registra un número creciente de incidentes cometidos contra personas mayores desde que comenzó la pandemia del coronavirus SARS-Cov2. Entre las personas con mayor riesgo se encuentran mujeres mayores, personas discapacitas o con necesidades de apoyo.

El abuso sufrido por las personas mayores incluye abuso físico, financiero, psicológico, verbal y sexual, negligencia y abandono en caso de contagio. Esto es, se reportan casos en que la persona mayor una vez contagiada es dejada a su suerte tan sólo para morir. En algunos países incluso se les niega atención médica cuando hay que decidir entre ofrecer una cama con respirador a una persona de menor edad con mayores probabilidades de sobrevivir o a alguien de la llamada “tercera o cuarta edad”.

A pesar de la invisibilidad de la que se habla, no se puede hablar de sorpresa. Desde los primeros meses de la pandemia se escucharon diversas voces que alertaban sobre el aumento de la violencia intrafamiliar. Hecho que fue cuestionado por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, quien aún guarda una imagen idealizada de la familia mexicana, a la que calificó de “fraterna”.

Y no porque se afirme que no existen familias de ese tipo en México, “fraternas” como las piensa el primer mandatario, sino por la evidencia que demuestra que en más casos de los que se quisiera las familias no cumplen con el “deber ser” de amor y protección. En el camino de esta utopía se van quedando atrás los más débiles, como se ha mostrado hasta aquí.

La frase “durmiendo con el enemigo” se materializa en una cruda realidad para niñas, niños, adolescentes y personas mayores. Hecho que la pandemia de Covid-19 ha invisibilizado más hondamente.

Lo anterior debería llevar a la reflexión en torno a la familia mexicana y su papel como protectora de los más vulnerables. Debería igualmente acompañarse de la exigencia por informes frecuentes y detallados sobre la situación que en el país viven los grupos más vulnerables, debido a la violencia estructural, y en situaciones límite como la que supone la pandemia de Covid-19, y por la reformulación de las políticas públicas dedicadas a su protección.

Ivonne Acuña Murillo
Ivonne Acuña Murillo

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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